Con muchas flores, homenajes distendidos y recuerdos dolorosos, ayer se repitió la misma escena en todos los cementerios del país: la visita en el Día de los Difuntos. Sólo en Montevideo fueron unas 250.000 personas.
El día soleado y caluroso hizo que la tradicional visita a los cementerios del 2 de noviembre se volviera un día ideal para "reacondicionar" las tumbas. Algunos con el simple gesto de poner flores, otros preparados con palas, rastrillos, baldes y hasta escobas.
El clima en los cementerios el Día de los Difuntos no fue de sufrimiento desconsolado. Es más un homenaje, un recuerdo o una visita.
Incluso se podía ver a muchas personas que tras dejar un ramo en la tumba de sus seres queridos, paseaba por el lugar. "Papá, vamos para abajo", pedía un niño refiriéndose al Panteón Nacional del Cementerio Central, donde se encuentran los restos de destacadas figuras uruguayas de la historia, política y cultura.
"¡Ese es Artigas!", dijo una pequeña a sus padres al entrar al Cementerio del Buceo, aunque sólo se trataba de un panteón con un busto en bronce.
Entre los asistentes, se podían oír muchas conversaciones distendidas sobre los difuntos u otros temas. Una señora mayor le comentaba a una cuidadora del lugar que el árbol de al lado de la tumba de su marido le "rompió todo", pero que ya lo habían arreglado. Otra señora le decía a su marido: "Esta blusa me queda mejor que la otra que me hace medio gorda". Él asintió.
Según fuentes de Necrópolis de la comuna capitalina, entre 200.000 y 250.000 personas concurrieron a los cementerios, aunque nadie lo contabilizó.
Sin embargo, el dueño de la Florería Yaguarón, ubicada frente al Central, Edgardo Solari, dijo que este año había vendido poco y que veía menos movimiento. "Por el precio de los claveles no es", aseguró sobre el tipo de flor más vendido en la fecha. La docena costaba $ 80.
En la puerta de los cementerios había gente pidiendo, cuidacoches transitorios, algunos policías y duplas de inspectores de la Intendencia para ordenar el tránsito. Algunos aprovechaban la presencia de periodistas para hacer sus reclamos sobre robos en los cementerios. Una señora le contó a su marido que una joven del edificio donde viven robaba plantitas y macetas de allí. La mujer le insistía que pertenecían "a las almas" y que le estaban trayendo mala suerte. Al final, la joven devolvió lo hurtado "y le empezó a ir mejor: consiguió novio y trabajo".