Muy joven comenzó a brillar. Fue profesor de literatura y a los 22 años se recibió de abogado. También actuó como Constituyente, diputado, senador y Canciller de la República. Su vocación periodística, le llevó a fundar, junto con Washington Beltrán y Leonel Aguirre, el diario El País, al cual encaminaron con el sabio concurso de Carlos Scheck. Conferencista y político con innegables dotes de orador, puede ser calificado con justicia como militante activo y permanente del Partido Nacional. Y no deben olvidarse sus actuaciones en foros y conferencias internacionales. Ese fue Eduardo Rodríguez Larreta, de cuyo nacimiento en 1888, se cumple el 11 de diciembre un nuevo aniversario.
Resulta imposible señalar un terreno en el que se destacara más que en otros, ya que su inteligencia y su fuerte personalidad le llevaron a marcar rumbos en todo lo que emprendió. Pueden sí recordarse como ilustrativos, algunos períodos y facetas de su actuación. Por ejemplo, cuando en 1945, bajo el gobierno del Dr. Amézaga asumió como Ministro de Relaciones Exteriores y planteó lo que quedó para la historia, como "la Doctrina Larreta". Es decir, el argumento de que existe un paralelismo entre la democracia y la paz y la protección internacional de los derechos del hombre. O bien el prolongado lapso en que batalló como legislador, habiendo sido elegido diputado por más de catorce años y como senador por más de treinta. Es decir, más de medio siglo en el ámbito de resonancia de los requerimientos populares. E imposible sería omitir la mención del accionar de su pluma, que supo ser desde filosa hasta humorística.
Probablemente nada más acertado, para cerrar este recuerdo, que citar las palabras del Dr. Washington Beltrán, pronunciadas cuando Eduardo Rodríguez Larreta falleció, en 1973: "Antes de someternos a fórmulas trilladas prometemos cumplir nuestro juramento: que cada vez que recemos el verbo civilista, cada vez que sintamos que nuestro espíritu se debilita, cada vez que nuestra combatividad decaiga, volveremos los ojos hacia esa tumba para recoger la fe que a él nunca lo abandonó, para sentir los ideales que nunca arrió, para seguir transitando por la vida con la dignidad que él jamás empañó… Volveremos sí los ojos a esta tumba para que su ejemplo nos dignifique y nos levante".