Una mano al barrio, como buenos vecinos

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El sábado de mañana comenzaron a hacer los pozos para los palafitos, en un terreno inundable rellenado con basura y escombros. El domingo de tarde se inauguraban 25 nuevas casas de madera en el asentamiento Jardines de las Torres.

"Zully tiene 55 años, y va a ser la primera vez en su vida que tenga una casa así", señaló una de las voluntarias que ayudaba a levantar las paredes de la vivienda de madera que sustituyó a la de chapa y cartón en la que vive la abuela con dos nietas.

En esta ocasión, la construcción de viviendas de "Un techo para mi país" se realizó con la colaboración de empleados del diario El País y de integrantes de la Fundación Viven, que gestionaron la relación entre la empresa y la ONG.

Un Techo construyó este año unas 250 viviendas de emergencia, de las cuales 65 fueron a través de la modalidad "voluntariado corporativo: construye con tu empresa", contó Natalia Sirino, directora de recursos de la ONG. En esta propuesta, la empresa financia las viviendas, (cada una cuesta $25.000) y se busca que su personal se involucre con la construcción.

La experiencia "tiene un trabajo de formación para la empresa impresionante: se potencia el trabajo en equipo, se los saca del contexto de trabajo para llevarlos al asentamiento, trabaja el gerente con el portero y con los voluntarios de Un Techo, todos con un fin en común", dijo Sirino. "Las empresas están apostando al medio ambiente y a la responsabilidad social para mejorar el entorno en su zona de incidencia. Como muchas se instalan en la periferia de la ciudad tienen asentamientos en la zona", añadió.

Así fue en el caso de El País, que está construyendo una nueva planta de impresión en Ruta 1 y Camino Cibils. "Nos parecía que una vez que nos instalábamos en el barrio, era de buen vecino darle apoyo a al gente de la zona", dijo un representante de la empresa. Así fue que acordaron ampliar y reformar la policlínica Maracaná Norte, más adelante hacer lo mismo con la Maracaná Sur, y trabajar con Un Techo. Además, la actividad era una manera de celebrar su 90 aniversario con un trabajo con la comunidad.

A la obra. Hace 22 años, la madre de Tito Alanis fue a vivir al campo cercano al parque Tomkinson, para criar chanchos con lo recogido en la clasificación de basura. De a poco fueron sumándose familiares y conocidos, formando un pequeño barrio de ranchitos y caminos con nombres de flores que hoy se llama Jardines de Las Torres, la parte Norte del asentamiento Las Torres.

Tito, de 24 años, está conforme con el lugar: tiene cerca una escuela, dos policlínicas, una parada de ómnibus y, como todos se conocen, lo considera un lugar seguro. Sin embargo, Tito vive con su pareja y sus dos hijos de 8 y 3 años en una pieza que fabricó con material de desecho recogido en sus salidas con el carro. La cañada cercana humedece el suelo de su hogar, y lo inunda cuando hay lluvias fuertes. Así era hasta la semana pasada, cuando trabajando junto a una cuadrilla de voluntarios se construyó una vivienda de emergencia, por la que pagó un aporte de $ 2.000.

No será la solución a todos sus problemas, pero es un paso adelante, un logro que aporta la confianza necesaria para seguir, un contrapeso a las frustraciones diarias, sostuvieron algunos de los voluntarios.

Un vecino se acerca a preguntar cómo puede conseguir una casa para su hija de 16 años, pero se le explica que la selección se hizo a través de un relevamiento, y luego se priorizaron los casos. "Viven 70 familias en esta parte y unas 80 más en Las Torres Sur, pero en situación de emergencia había alrededor de 30 familias, y las más urgentes eran 25", dijo Sirino. El hacinamiento, las condiciones de salubridad, la presencia de niños, las características de la vivienda y la disposición a colaborar con el trabajo, son algunos criterios de asignación.

Entre las familias seleccionadas están Marina Duarte y sus hijos de 11 y 13 años; Isabel Vila (61) y su esposo que sufrió dos hemiplejías, es diabético, hipertenso y tiene dificultades para caminar; Ester Alanis, su pareja y sus 6 hijos; Zully Machado y sus dos nietas.

La primera jornada de trabajo fue la más ardua: tras unas 8 horas de trabajo cavando y claveteando, recién estaba preparado el piso de la vivienda. El segundo día fue más estimulante: levantar paredes, colocar techos, puertas, ventanas y revestimientos.

La partida estaba prevista para el domingo a las 16 horas, pero la finalización del trabajo se fue atrasando. A las 17, la vivienda de Zully estaba terminada, y ella esperaba afuera mientras los voluntarios trabajaban a puertas cerradas. Cuando corta la cinta y entra, encuentra su nueva casa limpia, con globos y serpentinas, y un simbólico título de propiedad a su nombre. "No pensé que iban a venir de verdad", dijo, y se le cortó la voz por la emoción.

Voluntaria: "Vine por dar una mano y por agradecer por todo lo que tenemos"

Llamaron a gente voluntaria y me pareció una experiencia en la que tenía que estar, por el tema de dar una mano a los demás y de agradecer todas las oportunidades que tenemos nosotros. Iba a traer a uno de mis hijos a ayudar, no pude, queda pendiente para otra vez", dijo una voluntaria.

Beneficiaria: "Cuando me dijeron `vienen a construir la casa` casi me muero"

Cuando vinieron, me anoté, pero no pensé que iba a salir así, enseguida. Cuando me dijeron `el sábado y domingo te vienen a hacer la casa`, casi me muero. Los muchachos son bárbaros, es un compañerismo total, entre ellos y con nosotros, eso es lo importante", dijo Isabel Vila, una beneficiaria.

Empresa: "Cuando decidimos instalarnos dijimos `hay que hacer algo en la zona`"

Está dentro de la filosofía de la empresa el colaborar con la sociedad. Cuando se decidió instalar la nueva planta dijimos `hay que hacer algo en la zona`. Decidimos colaborar con las policlínicas de Maracaná y trabajar con Un Techo. Fue una experiencia bárbara", dijo un representante de la empresa.

Aprender a gestar soluciones

n Luego de la construcción de las viviendas de emergencia, Un Techo para Mi País continúa trabajando en los asentamientos en una segunda etapa, que llaman de "habilitación social". "A partir de mesas de trabajo con los vecinos se hace lo que llamamos un diagnóstico participativo, en el que traen las necesidades del barrio, las necesidades comunitarias, no las individuales. Ahí trabajamos enseñándoles a presentar una carta, a quién dirigirse, cómo gestionar lo que necesitan", contó Natalia Sirino, de la ONG. "Hay lugares donde no tienen luz, entonces traen un cable y están todos colgados, es un peligro para la familia y a la UTE no le sirve. Con OSE, lo mismo, van enganchándose a caños colectivos y dicen `necesitamos que tenga presión`, porque hay días que no tienen agua. Entonces vamos a OSE y presentamos una regularización. "El tema es que hay asentamientos en los que la delincuencia y la pasta base son la problemática básica y ahí no podemos ingresar a trabajar", añadió.

El barrio, las ong y la empresa

ZONA En el CCZ 18, 24,1% de la población vive en asentamientos: son 9.701 personas en 2.632 viviendas, según un relevamiento realizado por el INE y el PIAI en 2006.

BARRIO El asentamiento se llama Jardines de Las Torres por dos torres de alta tensión que hay en el lugar. Allí viven unas 70 familias, según un relevamiento realizado previo a la intervención.

UTPMP La organización Un Techo para Mi País ha construido más de 1.000 viviendas de emergencia en Uruguay. Este año construyeron 250 viviendas, de las cuales 65 fueron financiadas por empresas.

EL PAÍS Financió la construcción de 25 viviendas y apoyará dos policlínicas en la zona de influencia de su nueva planta de impresión, en Ruta 1 y Camino Cibils. El domingo 16 de octubre celebrará formalmente su 90 aniversario con un acto oficial en el Salón de los Pasos Perdidos, en el Palacio Legislativo.

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