Una fiesta distendida a toda música

La X. Comenzó con amenaza de lluvias y poco público. Los más chicos disfrutaron de espacios para jugar y música. Jaime Roos y la Fernández Fierro realizaron notables presentaciones

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Leonardo Carreño

FABIÁN MURO

Bajo la amenaza de espesas y grises nubes, cargadas de agua, la Fiesta de la X arrancó con un estado de ánimo distendido entre los pocos que estuvieron desde el principio.

La lluvia estaba, parecía, todo el tiempo muy cerca. Pero hasta el cierre de esta nota, el mal tiempo sólo se hacía presente a través de unas efímeras caídas de pesadas gotas, que refrescaban y luego se iban. Pero mientras caían, generaban nervios: los técnicos de sonido corrían con toldos para tapar los equipos de mezcla y amplificación, y los artistas apuraban el repertorio, como Cantacuentos. La agrupación de música para niños se presentó en el espacio Tango Vivo y Martín Buscaglia prefirió prevenir: apuró a sus compañeros y abandonaron el escenario.

OPCIONES. Para los que estuvieron desde que habilitaron la entrada, a las 13 horas, recorrer el enorme espacio destinado a barras, escenarios, carpas y puestos de venta fue casi la única opción en materia de entretenimiento. Los más pequeños tenían bastante más en ese sentido. En el Espacio Niños, cercado por redes, vallas y árboles, habían castillos inflables, música en vivo a cargo del guitarrista de Buenos Muchachos Gustavo Antuña, transmisión radial con conducción de Analía Fontán, juegos de todo tipo, entre ellos tirarse atado a una cuerda. Y helados y jugos.

Al lado, y sólo para mayores de 18 años, había un "Mambo", como el del Parque Rodó, gratis y todo, pero no se habilitaría hasta bastante más tarde.

A partir de las cuatro empezaron los primeros espectáculos musicales. En el escenario principal, un centenar de personas esperaban por el concierto de Jaime Roos, que abriría la grilla ahí. En diagonal, en el escenario "De Acá", el grupo folklórico Takuaré convocaba a apenas seis personas como público, entre ellos dos amigos.

De sombrero, Roos no empezó su presentación con el pie derecho. Al músico le molestó el sonido en el comienzo de su show y se retiró sin disimular demasiado la bronca. Volvió al cabo de un rato y empezó a tocar, pero también le molestó que alguien lo estuviera filmando desde abajo del escenario e hizo que retiraran al que portaba la cámara de vídeo.

Luego sí. Con Contraseña en el habitual nivel de excelencia, el autor de Brindis por Pierrot, Adiós juventud, Los olímpicos y Las luces del estadio -que sonaría después a cargo de la notable Orquesta Fernández Fierro- volvió a demostrar su arrollador repertorio de grandes éxitos. Los únicos que no parecían entender mucho era un grupo de ricoteros que querían ver a Skay Beilison, ex-Redondos de Ricota. Cuando les explicaron que además de Roos faltaba la Fernández Fierro antes que fuera el turno de Skay, agarraron sus banderas y se fueron.

Mientras Roos desgranaba un éxito tras otro, en el extremo opuesto del predio, en el escenario Tendencias, la novel banda Sinatras hacía lo que podía por generar un espacio propio para que su rock de influencias británicas, pero no era fácil. Incluso ahí, a una distancia importante del escenario en que estaba Roos, se escuchaban los "vamo...vamo arriba la celeste..." de Cuando juega Uruguay (a propósito del partido de hoy, Roos opinó que quien debería dirigir a la selección uruguaya es Jorge Da Silva).

Aún así, Sinatras hizo un pequeño show que fue creciendo a medida que los músicos empezaron a tocar mejor y con mayor intensidad, dejando el escenario caliente para las canciones del argentino Antonio Birabent, uno de los artistas que casi siempre figuran en la grilla de esta fiesta y que este año retornó a Uruguay con las canciones de su más reciente álbum, Demoliciones, editado este año.

Las dimensiones de la fiesta estuvieron cubiertas por todo tipo de servicios. Hasta había una relativa abundancia de tachos para depositar la basura. No eran de gran tamaño, y estaban principalmente al lado de la avenida principal, donde la intendencia canaria había colocado balasto e iluminación.

Pero estaban. Aun así, muchos elegían tirar las latas de cerveza, por ejemplo, en la arena de la playa y en el pasto, generando trabajo extra para el equipo de Gestión Ambiental. Seis personas que recorrían todo el espacio destinado a la fiesta recogiendo desechos. "A nosotros nos toca la parte más liviana", decían Carlos y Fernández, dos de los trabajadores. "A los diez que están para la noche y los otros diez que van a arrancar a las seis de la mañana del domingo (por hoy), les va a tocar mucho más laburo".

Mientras Los Terapeutas se preparaban para suceder a Birabent en el Espacio Tendencias, Queso Magro subía en De Acá, para tomar la posta dejada por Demimurga y confirmar su buen momento. A esa hora, pasadas las 19, ya era bastante más difícil desplazarse por el camino central y los que trabajaban en las barras ya empezaban a demostrar los primeros síntomas del apuro y estrés.

La oferta gastronómica fue variada. Había desde los clásicos choripanes a los más exóticos falafel y shawarma, servidos por dos vendedores con los típicos sombreros turcos fez. Y ravioles. Y miniaturas de pescado. Y masticables.

La variedad alcohólica no era menor. Desde cerveza y whisky a vodka, ron, gin y licores, como para armar todo tipo de tragos y darle algo que hacer a los trabajadores de la Cruz Roja, que hasta las 21.30 ya habían atendido a 15 personas por demasiado beberaje, principalmente.

Mientras la Fernández Fierro cerraba su actuación con una potente versión que fusiona a Las luces del estadio y el Buenos Aires Hora Cero de Piazzolla, los ricoteros empezaban a acercarse al escenario para desplegar banderas y prepararse para agitar al ritmo de las canciones de Skay Beilinson. De la dupla "Redonda", el guitarrista ha sido el que más ha hecho por mantener vivo el sonido de su antiguo grupo, con más presentaciones y discos que su antiguo colega, el Indio Solari. No muy lejos de ahí, pero a una enorme distancia en gustos y estilos, el VIP comenzaba a vibrar con la música electrónica.

Las cifras

40.000 Son las entradas vendidas hasta el cierre de esta edición, según los datos proporcionados a El País por la organización.

$ 300 Era el valor de las entradas para esta edición de la Fiesta de la X. Los niños pagaban $ 60 y tenían con el ticket un menú infantil.

Un evento que quiere crecer más

El lema de la Fiesta de la X es "La celebración de la diversidad cultural" y en ese sentido, el propósito se cumple. Hay de todo para apreciar durante las numerosas horas que se extiende esta celebración: en los catorce distintos espacios hay desde murga y folklore hasta house, tango, reggae y dub (como siempre, falta por supuesto la cumbia), sin contar conferencias, exhibición de cortometrajes y el traslado de varios espacios radiales a instancias con el público presente.

Este año, La Fiesta apostó a crecer. Mayor espacio físico y más y más variados servicios. Es probable que se alcancen esas metas, aunque la Fiesta de la X sigue conservando un aire como de entrecasa: la tolerancia que se exhibe hacia el público -es raro ver abusos de los fornidos patovicas, por ejemplo- es retribuida por éste. Nadie parece molestarse por compartir el espacio con proveedores que llegan a último momento y muy apurados. O motos que van demasiado rápido entre la gente. O por el hecho de que el español Loquillo, uno de los platos fuertes, toque recién a las tres de la mañana.

Claves de la edición de 2007

ESCENARIO. Este año la Fiesta de la X se mudó de escenario y se fue al Parque Roosevelt, que reúne bosque, pradera y playa.

HORAS. Son 18 horas de diversos espectáculos.

FAMILIA. Una de las consignas de esta edición es que el evento es más que rock. Hubo actividades para niños y para hacer en familia y también charlas y conferencias. Además, se realizó una muestra de cortometrajes.

ARTISTAS. Estuvieron más de 90 artistas en escena, entre ellos Jaime Roos, León Gieco, Skay Beilinson, Buitres, Antonio Birabent, Sinatras, Dani Umpi, Buenos Muchachos, Cuareim 1080, La Triple Nelson y Loquillo, una de las bandas emblemáticas del rock de España.

PRECIO. Había que pagar una entrada de $ 300. Los niños tenían un ticket de $ 60 que incluía un menú infantil.

TRANSPORTE. Se reforzaron los servicios urbanos y suburbanos, ya que los organizadores pusieron a la venta 80.000 entradas.

SEGURIDAD. Los que estaban dispuestos para la tarea fueron especialmente preparados para el evento.

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