Una experiencia que se cotiza bien

| En las charlas los sobrevivientes muestran videos, narran la tragedia y contestan preguntas del público

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LEONEL GARCIA

Hace más de tres décadas, 16 personas hicieron que Uruguay volviera a sonar en los medios de comunicación de todo el mundo. Habían sobrevivido 72 días en la cordillera de los Andes en las peores condiciones y aparecieron cuando todo el mundo los daba ya por muertos.

Hoy, algunos de ellos vuelcan a empresas, liceos, universidades u otro tipo de audiencias la experiencia que les tocó vivir. Conferencias motivacionales o simple narración de hechos, sostienen que la historia sigue conmoviendo y motivando. El cachet que se cobra, varía según el lugar y el destinatario.

Fernando Parrado dictó una conferencia sobre supervivencia y motivación en Bogotá, Colombia, el 27 de abril. Antonio Vizintín estuvo el pasado mes en la Universidad Católica de Salta y en el Colegio Champagnat de Buenos Aires. Carlos Páez participará en un encuentro el próximo 6 de mayo en Quito, Ecuador, destinada a políticos y empresarios, junto a personalidades tan dispares como Mihail Gorbachov, Patch Adams, José Feliciano y Enzo Francéscoli.

CHARLAS. La estructura de esas conferencias, de entre una y dos horas de duración, es la misma: un video introductorio de mayor o menor duración —según el disertante—, la narración del episodio y una tanda de preguntas a cargo del público. Para Antonio Vizintín, el significado de la historia "se presta para muchas cosas". "Para los encargados en llevar una empresa adelante, apunta sobre la toma de decisiones y el proceso que lleva hacia ellas; para los estudiantes, es algo más ‘light’ que apunta más a lo emocional", señala. Hace dos años que comenzó con estas charlas.

Vizintín, padre de dos hijos, es hoy importador de productos químicos y presidente de la Unión de Rugby del Uruguay (URU). Pero hace más de treinta años, era el tercer miembro de la expedición finalmente exitosa, que dejó la "seguridad" de los restos del avión Fairchild para cruzar la cordillera en busca de ayuda. En el transcurso de la misma, los otros expedicionarios, Fernando Parrado y Roberto Canessa decidieron que regresara para administrar mejor los escasos víveres que quedaban.

Canessa fue uno de los que tuvo el salvador encuentro con el arriero chileno Sergio Catalán. Una reciente foto de ambos gobierna la sala de estar de su domicilio en Carrasco. Hoy es cardiólogo, presidente del club Old Christians y tiene tres hijos. "Hace cinco años me llamaron de Johnson & Johnson del Uruguay para que diera una charla. Me reuní con un psicólogo y un sociólogo de la empresa para preparar la presentación. En un momento, el presidente de la compañía, José María Campioty, me dijo que tirara todos los papeles al diablo y sólo narrara. Me di cuenta que la historia sigue fascinando", comentó.

Desde entonces, Canessa perdió la cuenta de las charlas que ha realizado y asegura que fueron entre 200 y 300.

Las conferencias se basan en narrar la historia, lo que lleva a preguntarse si eso es útil para el mundo empresarial regido por valores bursátiles y de mercado. "Eso mismo pensaba yo", reconoce Canessa, "hasta que me llama un conocido de una empresa de pastas italianas en Buenos Aires y me dice que habían tenido que despedir el 30% del personal y el resto había quedado inmovilizado". La metáfora que utilizó entonces fue por demás sugestiva: "cayó un alud". "Hay grandes dudas en los ámbitos empresariales; los ‘iluminados’ son una mentira, lo que hace funcionar a las sociedades de todo tipo son los valores perdurables y el trabajo en equipo. Y eso es lo que tuvimos e hicimos nosotros", sostiene.

"Yo no hice ninguna capacitación para dar estas charlas, y lo único que hago es contar mi historia", señala por su parte Carlos Páez, hoy relacionista público, conferencista, padre de dos hijos.

"Para lo único que tengo habilidad es para contar cosas. Aparte, yo no estoy asesorando. El que da mensajes y consejos es un arrogante, yo simplemente cuento lo que pasó y quien me escucha saca sus conclusiones", agrega.

Sus charlas las comenzó hace treinta años y el público era los egresados del Colegio Cardenal Newman en Buenos Aires, de la misma congregación del Stella Maris montevideano, de donde surgió el club Old Christians. Muchos años después, una empresa telefónica mexicana le sugirió dar las denominadas "Conferencias Motivacionales". Hoy tiene una página web (www.carlitospaez.com) en la que promociona sus servicios y su reciente libro "Después del día diez".

Páez asegura que "en toda la historia moderna no hubo un evento donde se muestre más un trabajo en grupo", lo cual, señala, funciona como estímulo y que "siempre se puede salir de situaciones complejas".

EMPRESAS. "Si te ponés a analizar, hay un paralelismo en materia de toma de decisiones. Yo no encuentro grandes diferencias entre la sociedad que se formó en los Andes y las empresas que afrontan grandes crisis", indica por su parte Vizintín, quien también señala que se limita a contar su historia y en ningún caso trabaja como consultor o asesor. "Sino sería un curro", sentencia.

En la ladera de la montaña, se formaron grupos de apoyo logístico, de diseño de estrategia y de expedicionarios. "Tres sectores con un mismo objetivo, al igual que una empresa", señala Vizintín. Entre las decisiones extremas que se tomaron se incluyeron el alimentarse de los muertos y cruzar la cordillera a pie.

Fernando Parrado dijo en un artículo publicado en el diario El Tiempo de Bogotá que toma decisiones en 30 segundos. El hoy empresario al ser consultado por El País para este artículo se excusó diciendo que "no le interesa hablar del tema".

Los sobrevivientes no evalúan los resultados de estas conferencias. Ellos cuentan su historia y le dejan el resto al público (cientos, y en ocasiones, miles de personas). "Es una experiencia que impacta en todo el mundo porque habla de la esencia del hombre y su comportamiento", dice Canessa. La utilidad, en todo caso, corresponde a quien la escucha.

"Capaz que no es tan útil como impactante", reconoce Vizintín. "Lo que hago es contarte lo que pasó, los valores que se manejaron, las decisiones que tomamos y vos sacarás tus propias conclusiones", añade el presidente de la URU.

Util o no para una empresa, todos señalan la fuerte carga emotiva de la historia, que se traduce en una siempre presente ovación final. Y en la invitación para nuevas conferencias.

COSTOS. Tan diferente como los públicos es el precio que cobran estos sobrevivientes para dar sus charlas. Así también es su posición respecto al tema.

Vizintín es reacio a hablar de precios y sólo se limita a decir que a veces le pagan los pasajes y la estadía. Acto seguido resalta que no vive de ese dinero.

Canessa, sin embargo, no tiene ningún problema en admitir que ha llegado a cobrar "entre 25 y 30 mil dólares" a empresas en el extranjero. El cachet de Carlos Páez, que ha llegado a dar 62 conferencias en un año, asciende a 15 mil dólares en México y 7.500 a compañías en Argentina.

Todos indican que en Uruguay, donde no realizan la mayoría de sus charlas, no suelen percibir dinero alguno de las instituciones que los llaman.

"Depende de la importancia de la empresa y de la pereza que me dé, también juega mucho la intuición", señala Canessa.

Invitado por un sacerdote que también fue miembro de los Old Christians, dio recientemente una charla en Young sin cobrar. "Había un alto índice de suicidios y fui para hablar del valor de la vida", relató e indicó que en estos años realizó conferencias en General Motors, Televisa de México y el MIT de Massachusetts.

"La gente tiene derecho a opinar lo que quiera. Yo no pretendo que me entiendan. Si a mí me pasó la historia tengo derecho a contarla. Además, no le tengo miedo al dinero, da un montón de posibilidades; me ha permitido hacer cosas para mí, para los míos, para el Instituto de Cardiología Infantil y para el club (Old Christians)", expresó Canessa.

Mucho más firme, enfatiza: "A nosotros nos dieron por muertos, luego de diez días de búsqueda, ¿ahora el mundo nos va a decir qué hacer? Yo no me meto en el dolor de nadie. Cuento simplemente lo que pasó; ahora, no permito incidencias en mi vida".

Al respecto Carlos Páez es mucho más lacónico. "Me encanta narrar el hecho de supervivencia más importante de todos, y aparte, de algo tengo que vivir. Si hay algo a lo que no le tengo miedo es al qué dirán".

Carlos Páez se presentó ante auditorios de México, Bélgica, Puerto Rico, Argentina y —las menos— Uruguay.

Algunos sobrevivientes prefieren silencio y perfil bajo

No todos los supervivientes de la Tragedia de los Andes están interesados en este tipo de actividades. "Ya está, ya pasó y está todo dicho" dijo a El País Roberto Francois.

Francois, que atiende los campos de su propiedad, aseguró tener "una muy buena relación" con quienes compartió la tensa situación en la cordillera. "Pero no todos pensamos igual, a mí no me interesa volver atrás. Además, siempre hay alguno que le gusta hablar del tema y tiene ganas; mejor, así no lo hago yo", comentó.

Como la mayoría de los supervivientes, y de los familiares de quienes perecieron en la tragedia, Francois sigue viviendo en Carrasco. "Yo sé que hay gente que le molesta que se hable", señaló.

Francois ha mantenido un bajo perfil. En un viaje que los sobrevivientes realizaron a Chile en octubre de 2002, al cumplirse 30 años de la tragedia, fue uno de los dos que faltaron a la cita. El otro fue Fernando Parrado.

COMERCIALIZACION. "No creo que estemos capacitados para dar charlas motivacionales" aseguró por su parte a El País Roy Harley. El hoy ingeniero y gerente de Inca dijo "no estar de acuerdo" con que se maneje la Tragedia de los Andes a nivel de conferencias. "No creo que se deba comercializar, pero cada cual lo maneja como le parece".

Harley admitió haber realizado charlas a diferentes instituciones en las que relata su experiencia, como el Rotary Club o el Hospital de Mercedes. "Pero jamás cobré un peso", aseguró. "Contar la historia me parece bárbaro, pero de ahí a transformarnos en una especie de gurú... pará un poco", concluyó.

Tres días en el lugar de los hechos

MIGUEL ALVAREZ MONTERO |Periodista

En mayo de 1992 El País tuvo el privilegio de ser el único medio de prensa en todo el mundo en ser invitado a observar la filmación de la película "Viven", que la productora Disney realizó en base al libro de Piers Paul Read, con dirección de Frank Marshall.

El recuerdo de aquella filmación quedó grabado a fuego en la memoria del periodista, cuya estadía en el set montado en el gélido villorrio canadiense de Panorama, en medio de las montañas Rocallosas, se prolongó por estrictos tres días.

El País compartió esa experiencia con tres de los sobrevivientes, Fernando Parrado, José Luis Inciarte y Alvaro Mangino, porque ellos, como el resto de los protagonistas de la tragedia de los Andes, tuvieron también la posibilidad de observar durante algunos días esa filmación. En el último día de permanencia, el periodista también compartió algunas horas con Carlos Miguel Páez y Ramón Sabella, que acababan de llegar.

El hecho, además de haber sido enormemente ilustrativo de la forma como una de las "majors" de Hollywood encaró la filmación de una película de primer nivel en materia técnica, sirvió además como experiencia para observar la reacción de los sobrevivientes enfrentados a un escenario que, si bien ficticio, era exactamente igual al vivido dos décadas antes, incluyendo las bajísimas temperaturas, ya que se filmaba con 25 grados bajo cero.

Fernando Parrado, por ejemplo, enfrentaba la situación con la profesionalidad que le dio haber sido el "technical advisor" contratado por la producción, por lo que en todo momento se esforzó —y realmente lo logró— en poner distancia entre la terrible realidad de aquel trágico episodio vivido antes con la ficción de esos días. Aunque quizás alguna "procesión" le fuera por dentro, la imagen que daba era la de no dejarse turbar por las similitudes del avión destrozado, los desechos acumulados en torno al fuselaje y las montañas circundantes.

Fue, a su vez, difícil adivinar reacciones en Alvaro Mangino, una persona naturalmente reservada a mostrar sus estados de ánimo.

En cambio, fue notorio que el enfrentamiento ante un escenario semejante a aquel que casi le hizo perder la vida, provocó en José Luis Inciarte un fuerte estado emocional. Durante esos días en que recorrió observando todo de la filmación, se le reavivaron los fantasmas, la tragedia pareció que recobraba vida ante sus ojos y volvió, inclusive, a "sentir los olores del avión", aún cuando ellos estaban sólo en su imaginación. Inciarte, además, estuvo acompañado de su hijo, que en esos momentos tenía la misma edad que su padre tenía en la montaña. Y también al joven Inciarte pudo observársele ganado por cierta atmósfera mística que el escenario —aún cuando sólo era eso— atrapó por esos días su espíritu.

Paéz y Sabella —pero sobre todo el primero— llegaron a Panorama con la obsesiva idea de que la producción de "Viven" les dejara pasar una noche, solos, en el fuselaje colocado en medio de la nieve, que cualquier sicólogo diría que es una comprensible forma de catarsis ante una experiencia que marcó sus vidas.

En cuanto al enfrentamiento ante los actores que los interpretaban (sus "clones", se diría hoy) las reacciones de los cinco referidos fueron más o menos similares. Tuvieron sus mano a mano con ellos, en charlas íntimas, y quedaron en general conformes con la personalidad de los intérpretes. Pero eso en cuanto a ellos cinco; puede pensarse que no ocurrió lo mismo con otros de los sobrevivientes.

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