DANIEL ISGLEAS
Como a veces suceden las cosas, el experto en tiro José Alejandro Mautone se encontró por azar y sin proponérselo con la posibilidad de plantar la semilla de una industria militar nacional e inventó una eficaz escopeta.
Una tarde de 1994 Mautone aplicaba sus conocimientos en el taller de su casa a la reparación de una vieja escopeta Remington, cuando, al volver a ensamblarla, se le ocurrió preguntarse qué pasaría si se le colocaba un tubo cargador triple en vez del sencillo, que traía de fábrica. Concluyó, obviamente, que el arma iba a tener más municiones. Y esto fue la chispa de la idea de fabricar un prototipo, registrarlo, y soñar con instalar un centro de desarrollo de armamento en el Ejército.
Los sueños, muchas veces, se topan con la dura aunque no infranqueable barrera de la realidad. La barrera es el limitado presupuesto del Ejército. El invento está y se puede producir a escala. Falta el dinero, pero Mautone no se amilana y piensa que puede conseguir algún medio de financiación.
Hasta ahora, fabricó dos: cada arma le lleva dos meses trabajando a full, y piensa que si tuviera una línea de producción industrial montada se podrían fabricar cien por día.
Esa es la idea que tiene el inventor. Mautone conoce la interna del Ejército porque estuvo vinculado en los últimos treinta años, y sabe a dónde apelar.
Uno de sus principales argumentos es que el arma fabricada por un establecimiento local puede costar un tercio de lo que vale una en el mercado.
La historia de la vieja Remington calibre 12 lo fascina. Y cuenta que un día hizo "un prototipo que nunca disparó".
"Era un prototipo mecánico, de aluminio y acero, pero me demostró que el sistema de carga podía andar. Mi hermano me apoyó y ahí empezó toda la historia", cuenta.
PATENTADA. La idea le siguió dando vueltas en la cabeza. Llevó ese modelo al Servicio de Material y Armamento (SMA) del Ejército y habló con los técnicos. "El proyecto gustó mucho y se comenzó a pensar otro prototipo, aproximadamente en el año 2002", recuerda.
El Ejército se mostró muy interesado, pero quedó por el camino por razones económicas.
Mautone se fue a Europa y presentó su idea en la fábrica Browning de Polonia, que demostró interés. Ya que andaba por Europa central fue hasta la República Checa a visitar la fábrica Brno, y el modelo también gustó, pero siempre guardó la esperanza de que el Ejército pudiera comprar la patente. El armero patentó su invento en Argentina, Brasil y Estados Unidos, y se encuentra tramitando una patente en Europa que le vale para 154 países.
LA INDUSTRIA. "Esta escopeta es para asalto o custodia", explica. "Es un armamento que tienen todos los Ejércitos del mundo. El Ejército uruguayo no usa muchas escopetas por las características de la misión que tiene: no hay enfrentamientos callejeros, donde un calibre 12 es lo más versátil, y sí, en cambio, tiene mayoritariamente fusiles", señala.
Los soldados de las misiones de paz en el exterior sí tienen escopetas porque las usan en patrullas callejeras, como en Haití o Congo. "Cuando uno tiene el know-how y la planta de producción instalada, puede fabricar una escopeta, un fusil o lo que se necesite", apunta el inventor.
Y Mautone no deja dudas sobre lo que quiere: comenzar una industria armamentista en el país. "Las grandes multinacionales algún día se hicieron con el sacrificio de cinco, diez o cincuenta personas. Podemos hacer lo mismo nosotros con la industria armamentista", asegura. El tiempo dirá.
Un arma de asalto que se viene
El Ejército está a punto de definir la compra del fusil de asalto militar israelí Galil y esta compra es uno de los ejes del escándalo que se desató por presunto tráfico de influencias y que involucra a militares y al hermano del vicepresidente de la República, Rodolfo Nin Novoa. Este fusil israelí fue desarrollado a fines de los años 60 como versión moderna de 5,56 milímetros del fusil de asalto soviético AK47 de 7,62 milímetros. Los equipos militares israelíes se destacan por su adaptabilidad y por la mejora de sus diseños. El fusil Galil no representa ninguna innovación, pero combina características de muchas armas existentes con un resultado muy efectivo.
Existen dos versiones del fusil Galil semiautomáticos que se consiguen legalmente en el mercado: el ARM, prácticamente igual a la versión automática militar, y el AR que es un arma más liviana, con guardamanos en plástico y sin el bípode del ARM. Ambos están disponibles en calibres 7.62x51 mm y 5.56x45 mm. El Ejército uruguayo aún no tiene definido qué versión comprará.
El Galil es un fusil de retroceso mediano, menor que el de un FAL, pero mayor que el de un M-16. Tiene poca elevación en el cañón al disparar, y posee un buen apagallamas derivado del FAL. Las vainas vacías son expulsadas en un ángulo alto hacia adelante del arma.
El proyecto del Ejército es comprar ahora una partida de 3.500 armas y con opción a otras 3.500 en el correr del 2008, dijeron a El País fuentes militares.
La idea inicial era adquirir 18.000 unidades y renovar todo el parque existente, incluso proveyéndole fusiles a la Armada. Pero las condiciones económicas no permiten hacer eso. Además, el proceso de compra se ha visto enrarecido por el escándalo político en curso.