Un sueño tejido entre muchos que se hizo real

| Al cabo de tres años de cierre la fábrica vuelve con nuevo nombre, Dancotex, pero con el mismo espíritu

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CARINA NOVARESE

Stella Ricca se despertó poco después de las cinco de la mañana y a pesar de que todavía era noche oscura de un miércoles muy frío, no tuvo pereza y se levantó. Pronta para salir, no se olvidó de su gastado bolso de jean. Lo había usado desde los 19 años, cuando su tío–padrino logró hacer realidad el sueño de casi cualquier joven coloniense de la época: entrar a Sudamtex.

Stella y poco más de una decena de personas comenzaron a trabajar la semana pasada en la ex Sudamtex, ahora Dancotex. Ella, al igual que sus compañeros, no dudó un segundo luego de recibir un llamado de la empresa, a las 11 de la noche, por el que se la convocaba para trabajar al día siguiente. El miércoles llegó a las seis de la mañana para ocupar su puesto frente a una de las máquinas. Con la sonrisa en la boca y un poco de desconcierto, se acercó hasta un gran armario verde. Lo abrió con la llave que había guardado durante tres años. "Siempre supe que iba a volver y por eso me quedé con la llavecita. Fue como una cábala". Dice que trabajó en Sudamtex 29 años, 11 meses y cuatro días. Ahora empezó a contar de nuevo.

Dentro de su antiguo ropero estaban los viejos almohadones que usaba para acomodarse en la máquina en la que, en días buenos, enhebraba más de 3.700 hilos. Sus dedos ágiles, entrenados durante 30 años para ganarle al tiempo y cometer pocos errores, pronto recordaron la antigua rutina. "Todavía voy lento, estoy lerda porque los dedos se vuelven torpes. Pero es cosa de práctica. Dentro de poco rompo récords de vuelta". Stella estuvo los tres años pasados trabajando en lo que conseguía. En los últimos tiempos cuidó a personas mayores pero apenas llegaba a los 1.200 pesos por seis horas de trabajo. Su única hija tuvo que dejar de estudiar en Montevideo porque le era imposible mantenerla. Ahora madre e hija confían en que la apertura de la fábrica les permitirá mejorar su situación. "Cuando llamaron yo estaba trabajando, pero mi hija me llamó llorando para avisarme. Yo salí disparando".

LO QUE FUE. La ex fábrica de Sudamtex, un enorme complejo edilicio con más de 40.000 metros cuadrados construidos, quedó detenida en el tiempo. Los últimos sonidos ensordecedores de los telares, los últimos carretes de hilo cargados en las máquinas y los últimos rollos de tela quedaron en su lugar en mayo de 2001.

Más de tres años después, los trabajadores que habían abandonado la fábrica pensando en que regresarían pocos días después se encontraron con los mismos telares, los mismos hilados y los mismos rollos de tela. La diferencia es que, esta vez, los ex empleados de Sudamtex son ahora empleados de Dancotex.

El ingreso a los enormes galpones que aún albergan decenas de máquinas no fue igual al de todos los días antes del cierre. Ahora, como ellos mismos dijeron, se vieron desbordados por las emociones encontradas. Alegría por la vuelta al trabajo, nostalgia por los "buenos tiempos" pasados y esperanza por el futuro que la apertura de la tradicional fábrica puede traer para sus familias y para toda Colonia.

A pesar de haber estado inactiva durante tres años, la vieja Sudamtex mantiene su grandiosidad y buena parte de la maquinaria que dejó de funcionar en el 2001 volvió a arrancar sin problemas la semana pasada. La humedad, las grietas y el agua hicieron sus estragos en algunas, pero la mayoría de los telares y el resto de las máquinas comenzaron a tejer apenas se movió el interruptor. Por eso en sólo dos días la nueva empresa pudo producir nuevas telas de "ensayo" con hilados que habían sido cargados en las bovinas en el momento del cierre.

La semana pasada ya estaban funcionando cuatro telares y el objetivo era que 15 estuvieran activos para la semana que viene. La meta es comenzar a producir tejidos de lana, el 90% de los cuales serán exportados. Todos confían en que si "las cosas salen bien" —una frase repetida entre los trabajadores, quienes a pesar de los problemas creen en el renacer de Sudamtex— se pueda extender la producción a otro tipo de telas. Será difícil, en cualquier caso, que otra vez se pongan en funcionamiento los 150 telares que alguna vez trabajaron simultáneamente en los galpones.

Tampoco es probable que vuelva a arrancar la enorme caldera que está ubicada en el edificio insignia de Sudamtex, aquel que varias generaciones vieron directamente o a través de fotos publicitarias, adornado por la alta chimenea roja y blanca. En la fábrica todos dicen que la caldera fue una de las cuatro que impulsó al portaaviones Eisenhower y que llegó hasta Colonia de la mano de los norteamericanos que pusieron en funcionamiento el complejo, en 1949. Para que el ingenio funcione se necesitan miles de litros de combustible que, en las buenas épocas, era desembarcado directamente en el puerto de Colonia. Ahora la nueva empresa evalúa la posibilidad de trabajar con una caldera más chica y por lo tanto más económica.

LO QUE SERA. Los trabajadores están contentos. "Porque tenemos trabajo nomás, no es que nos creamos que esto va a ser como antes", dijo Stella. "Antes" significaba miles de metros de tela de algodón, rayón, lana y otros materiales que salían de la textil cada día. Antes también significó sueldos buenos, tanto que "en una quincena se ganaba mucho más que en un mes de un trabajo común y corriente", recordó la operaria.

Walter Carro también es uno de los veteranos de Sudamtex que ahora se reinagura en la textil. Antes del cierre había trabajado 20 años como operario. El inicio, como en el caso de todos, fue barriendo, alcanzando bobinas o haciendo lo que le dijeran. Con el tiempo algún veterano le enseño el oficio y terminó, como Stella, enhebrando hilo tras hilo de una futura tela. Para Carro, al igual que para buena parte de sus compañeros, el cierre fue una sorpresa. "Yo me fui pensando que a los pocos días iban a abrir de nuevo. El último día el gerente me había dicho que solo sería por un mes", relató. Es que Sudamtex no andaba bien, todos lo sabían, pero había superado muchas crisis incluyendo la de 1982, cuando cerró por un tiempo pero logró reabrir. "En ese momento Colonia se había muerto, pero volvió a vivir. Ahora esperemos que sea lo mismo".

En los años ’50 y después Sudamtex era el pulmón de Colonia y trabajar en la fábrica era casi una herencia familiar. Muchos de los trabajadores que hoy volvieron a la actividad tenían padres, hermanos o algún pariente que los introdujo en la textil. Otros con mucha suerte lograron entrar luego de anotarse y esperar ansiosos hasta ser llamados. Ingresar era como entrar a una escuela, recuerda Carro. "Entrabas sin saber nada y terminabas con un oficio".

Ahora muchas cosas "ya fueron", dice Carro, quien confiesa que todavía les cuesta acostumbrarse a decir Dancotex cada vez que se refieren a la textil. Carro vive desde siempre en Colonia y en los tres años que pasaron hizo lo que pudo, aunque nunca consiguió un trabajo fijo. El miércoles fue su primer día en Dancotex y dice que cuando entró no lo podía creer. "Hay que ponerse contento", dijo mientras que intentaba encontrar las piezas y máquinas con las que trabajaba antes del cierre.

En medio de un enorme galpón y rodeado de un sinfín de máquinas, Marcos Perili estaba solo organizando carretes de hilo de 12 colores, de acuerdo a un complicado modelo que la nueva empresa había mandado desde Montevideo. Marcos es uno de los pocos trabajadores de la vieja época que sabe manejar una máquina llamada urdidora, en la cual se arman las bovinas de hilados que luego se transportarán a los telares. En los tres años en que estuvo desempleado el trabajador de 37 años fue "amo de casa", tal como dice entre risas. En ese tiempo cuidó a sus dos hijas, entonces de cinco años una y pocos meses otra. También esperó siempre que la fábrica reabriera.

A pocos pasos de la máquina de Marcos, pero separados por un silencio interminable, otros tres trabajadores terminaban su turno en la sección de hilandería. Allí entran las mechas de lana que se transformarán en hilos. Las máquinas se prendieron por primera vez el miércoles pasado y aunque aún hacen falta condiciones de humedad y calor esenciales para que la lana esté en su mejor estado a la hora de ser hilada, el jefe de sección, Eduardo Gómez, confía en que pronto estarán procesando el material para mandar al resto de las áreas de la fábrica.

VOLVER. Casi todos los trabajadores reintegrados rondan los 50 años y para ellos volver a la textil es casi la última esperanza de trabajar que les quedaba. "Con esta edad es imposible jubilarse pero al mismo tiempo nadie quiere contratarte", dijo Luis Mansilla, un operario de telar de 50 años que durante el período de inactividad tuvo que irse a Tandil, Argentina, a trabajar en una cantera. Su familia quedó en Colonia y él regresó dos meses atrás, cuando terminó su trabajo y comenzaron a llegarle nuevos rumores de que la fábrica abriría. "Esta era la última vez, la definitiva por sí o por no", consideró Luis, mecánico del área de telares. Su esposa, que también trabajó en Sudamtex, retornó a la textil con él.

Mientras que los trabajadores celebran también el pueblo se suma a la esperanza de que la reapertura conlleve trabajo y mejores perspectivas para jóvenes y viejos. Luis recuerda que en los 90 llegaron al millón de telas fabricadas y exportadas. Era la época del algodón, cuando todavía valía la pena importar la fibra para procesarla acá y luego venderla.

Liliana, Alberto y Marita trabajan desde hace poco más de una semana en la sección de hilandería. Todos empezaron en Sudamtex y trabajaron allí durante 25 años o más. Igual que la mayoría ellos se negaron a sí mismos la posibilidad de que una fábrica de la magnitud de Sudamtex alguna vez dejara de funcionar. Los tres se habían iniciado allí a los 18 años y dicen que era difícil pensar en otra realidad. Trabajaban en el sistema de cinco uno (cinco días de trabajo y uno de descanso) pero fueron muchas las oportunidades en que terminaron en la fábrica los siete días de la semana, en alguno de los tres turnos que continuamente hacían funcionar las máquinas.

"No pude creer que empezaba de vuelta, porque fue tanta la lucha y la espera. Pero acá estamos. Tenemos que refrescar las cosas pero estamos contentos", dijo Liliana.

Las historias del pasado no desaparecerán. Los recuerdos de las buenas épocas tampoco. Pero los tiempos cambiaron, dicen todos. Ya no se verán más aquellos 1.000 trabajadores que llenaban la inmensa fábrica. La marca en el orillo del famoso Acrocel, no estará más. Los trabajadores saben que nada será fácil, pero están dispuestos a apostar. Saben que volvieron a empezar.

Una lealtad a prueba de nombres

Milton Romillo se define a sí mismo como un incondicional de la textil de Colonia, cualquiera sea su nombre. Oriundo de Ombúes de Lavalle, un pequeño pueblo en el que nunca abundó el trabajo y si se conseguía alguno era en el campo, Romillo dice que entrar a Sudamtex fue como ganarse la lotería. Integrante de una familia con 11 hermanos, tampoco tenía muchas más opciones que conseguir un trabajo y construirse solo un futuro.

Esta semana volvió a la ex Sudamtex. Empezó en una sección diferente a la que había conocido y ahora hace lo que le piden; "con gusto", aclaró el miércoles, finalizado su horario de trabajo y en medio de una de las horas extras. Tiene 50 años, trabajó 27 años en Sudamtex y la vuelta le produjo sentimientos encontrados: "ganas de reír y de llorar pero de contento, como dice la canción. Empecé a trabajar el 30 de junio y cuando venía subiendo el repechito de la usina, no lo podía creer, porque había muy poca esperanza".

En los tres años de paro Robillo hizo changas y aunque no se quejó nunca porque el seguro de desempleo y el pago del despido les permitió superar la "malaria", siempre tuvo miedo de que se perdiera el hábito de trabajo. "Cuando uno no trabaja todos los días son iguales y es peligroso acostumbrarse a eso".

El mismo se define como "comodín" de la sección en la que se desempeña y enfatiza el cuidado que pone en todos los procedimientos, porque las telas tienen que salir "impecables". Mientras que algunas personas aún plantean dudas, Milton dice que él apuesta todo a la nueva empresa y se atiene al viejo refrán que usaban en sus pagos: "de a uno come la gallina y se llena". "La expectativa es grande y la ansiedad también, pero no podemos pretender que de la noche a la mañana todo funcione a las mil maravillas. Ni acá ni en ninguna parte se pone en funcionamiento una fábrica en un día. Soy optimista moderado. Soy realista. Pero estoy trabajando y eso me alcanza", sentencia el veterano trabajador de la textil.

Sinsabores de la larga espera

Los trabajadores que vivieron el cierre de Sudamtex en 2001 atravesaron tres años duros en Colonia. Los que pudieron se jubilaron, otros buscaron trabajo —y muchas veces sólo consiguieron changas— y otros muchos optaron por emigrar, del pueblo y hasta del país. Sin embargo, la vida fue un poco menos difícil gracias a un seguro de desempleo que ellos mismos definen como inédito y que se extendió durante 30 meses. Al mismo tiempo, los empleados de la ex Sudamtex lograron cobrar el 90% de sus despidos, beneficio que en gran parte atribuyen al trabajo de la Asociación de Personal de Sudamtex (APSU).

Las esperanzas y las decepciones fueron moneda corriente en estos tres años. Varias veces el pueblo se conmocionó con la posibilidad, más o menos cierta, de que un inversor se animara a poner su dinero en la textil para reabrirla. "Se habló de alemanes, de argentinos, pero la plata nunca se vio hasta ahora", dijo Walter Carro, uno de los empleados que ahora volvió a su puesto de trabajo.

La compra de Sudamtex por parte de Dancotex, una empresa textil basada en Montevideo cuyo principal giro es la exportación de tejidos finos de lana, abre las puertas para que empiecen a trabajar 150 operarios, muchos de ellos especializados en el manejo de las máquinas textiles que están en la fábrica. Tanto empresarios como trabajadores esperan que en el futuro se pueda ampliar la producción y con ella los puestos de trabajo.

Historia

El primer metro de tela de Sudamtex fue tejido el 15 de noviembre de 1947 pero la inauguración formal de la fábrica se realizó en 1959, cuando se comenzó con la producción de tejidos de algodón.

Pronto la empresa se transformó en la fuente laboral más importante de Colonia y sus marcas insignias, Lavilisto y Telas Jacar, la hicieron conocer en todo el país.

Los problemas comenzaron en la década de 1980, como consecuencia de la competencia externa. En ese momento Sudamtex invirtió casi 30 millones de dólares para mejorar su maquinaria pero eso no evitó que la fábrica cerrara durante menos de un mes en 1982 y luego, en 1998, enviara al seguro de paro a cientos de trabajadores.

Mientras que permanecía cerrada los obreros de la fábrica trabajaron intensamente para evitar su desguazamiento, además de encargarse del cuidado de la maquinaria y las instalaciones.

En mayo de 2001 Sudamtex de Uruguay S.A. presentó una solicitud de liquidación judicial aduciendo que no podía sobrellevar un pasivo de 28 millones de dólares. En ese momento la textil empleaba 560 trabajadores.

Luego de una trabajosa negociación, a fines de junio se acordó la reapertura de la textil. Los representantes sindicales recibieron cheques como parte del pago de las maquinarias de las cuales eran propietarios, ya que se les adeudaba parte de sus despidos.

Sudamtex fue adquirida por un grupo empresarial liderado por Daniel Soloducho, propietario de la también textil Dancotex y presidente de la Unión de Exportadores. El primer objetivo es producir tejidos de lana que se destinarán mayoritariamente a la exportación. No se descarta ampliar la línea de producción en el futuro, ya que la textil tiene maquinaria para tejer algodón y acetatos.

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