Un extraño de pelo largo en Palermo

| Presencia del militar retirado no pasó inadvertida en el barrio, aunque hizo lo posible por no dejarse ver mucho

RENZO ROSSELLO

Siempre hay alguien que ve. Y el miércoles de noche alguien vio. Era tarde ya cuando el hombre entró en el saloncito de la esquina de Isla de Flores y Yaro. "¿Tabaco?", preguntó al dueño del negocio. Don Osmar (53) negó, "no vendemos tabaco, tenemos cigarrillos". El hombre paseó la mirada por los exhibidores del mostrador y finalmente pidió: "Deme un paquete de Fiesta y dos pedazos de pascualina".

La esposa del comerciante comenzó a mirarlo con más atención. El cliente no era un vecino del barrio, pero su rostro le resultaba curiosamente familiar. Vestía una campera, pantalones vaqueros y dos largos mechones de cabello oscuro le caían desde el gorro de lana que llevaba encasquetado hasta los ojos.

"Este es ladrón", pensó la dueña de la rotisería, y disimuladamente llamó a su hijo para que se fijara adónde se dirigía el extraño. A esa altura sus sospechas se vieron confirmadas cuando el hombre se volvió para salir y pudo ver que bajo el gorro de lana asomaba una nuca de cabellos canosos y cortos, muy distintos a la vistosa melena que enmarcaba el rostro de barba y bigotes crecidos.

Pero el extraño caminó apenas unos metros. Entró en el 1789 de Isla de Flores, un viejo edificio de apartamentos de tres pisos. No tocó timbre en el portero eléctrico, tenía llaves.

"Así que ladrón no era, pero igual a mí me sonaba cara conocida, yo a ese hombre ya lo había visto antes", relataría la dueña del negocio, luego que la Policía consiguiera capturar en un rápido y quirúrgico operativo al coronel retirado Gilberto Vázquez.

TERCER PISO. Salvo esa breve aparición en el comercio de la esquina, nadie vio a Gilberto Vázquez en el barrio. El edificio de Isla de Flores tiene balcones a la calle que durante las Llamadas se cotizan como privilegiados atalayas para ver a las comparsas de negros y lubolos.

El apartamento 304, empero, no tiene ventanas hacia la calle. Allí vive una maestra jubilada, S.R., y su hija de 35 años, que trabaja en el Hospital Militar.

La ex docente, que en sus años de actividad había trabajado en la guardería infantil del Comando del Ejército, es prima del militar hasta entonces prófugo y también oriunda de Rivera.

"A la señora sí la vimos, como todos los días, pero la verdad que no sabía que tenía gente en la casa", contó un veterano vecino del edificio.

Para todos los efectos, doña S. era una vecina más, descripta por su vecinos como una mujer agradable, de buen aspecto y vida reposada.

Lo único que llamó la atención de los vecinos fue que en la noche del jueves vieron el coche de la maestra "muy embarrado". Se trata de un Chevrolet Corsa de color gris. "El auto siempre estaba impecable, me llamó la atención lo embarrado que estaba", contó uno de los vecinos consultados por El País.

Vázquez cuidaba muy bien sus movimientos, aunque al menos desde el miércoles ya era discretamente vigilado, según confiaron a El País fuentes policiales.

La cabina de teléfono desde donde Vázquez llamó por primera vez a periodistas de Canal 12 estaba a menos de tres cuadras de su refugio. Aunque en el comercio de la esquina también hay un cibercafé, el prófugo nunca lo utilizó. En el apartamento también había teléfono y computadora.

LA CAPTURA. A las 10 de la mañana el barrio estaba en calma. El ajetreo normal de un viernes. Pero para los vecinos no pasó inadvertida la camioneta blanca que a esa hora se estacionó frente al edificio. Se trataba de los hombres de Interpol que rápidamente ingresaron en el edificio. Al mismo tiempo, otros policías de particular, en este caso hombres del Departamento de Delitos Complejos de la Jefatura, llegaban por las azoteas para cerrar toda posible salida.

El apartamento 304 tiene salida hacia la azotea del edificio. Cuando Vázquez oyó a los policías que venían a buscarlo tomó una pistola calibre 22 y salió en esa dirección con la intención de huir. En el apartamento los policías encontraron otras cuatro armas, pistolas nueve milímetros debidamente aprovisionadas.

Al verse rodeado Vázquez ensayó alguna defensa, según in- dicaron fuentes policiales.

Unos minutos después, sin que se oyera un solo disparo, los vecinos vieron salir a los policías con el detenido. Vestía un buzo deportivo y pantalones vaqueros. Todavía llevaba las extensiones de cabello castaño que habían llamado la atención de la vecina un par de días antes.

"Vi cómo lo subieron a la camioneta sin problemas, no lo traían agarrado del brazo ni siquiera, el hombre parecía tranquilo", recordó don Osmar luego.

Aunque ninguno de los vecinos consultados pudo asegurarlo, la prima que generosamente le había cedido el apartamento, también fue detenida.

Los investigadores de Interpol y de Delitos Complejos registraron minuciosamente el apartamento. Se llevaron una computadora, la torre se veía parcialmente desarmada.

Los policías que participaron del operativo de captura estaban satisfechos. La paciente recolección de datos, la vigilancia discreta durante horas y horas, el rastreo de llamadas, las preguntas aquí y allá, habían dado resultados. "Sabíamos dónde estaba, pero queríamos estar seguros", dijo uno de los policías que participó en la búsqueda de Vázquez.

Una de las mayores preocupaciones del equipo de policías que tenía la misión de capturar al coronel Vázquez era que estaría armado.

Si bien muchos detalles de la operación policial aún se mantienen bajo estricta reserva, las fuentes consultadas indicaron que se habían tomado todas las precauciones para evitar un momento de violencia.

Por esta razón se resolvió llevar adelante un despliegue discreto de fuerzas, sin la presencia de uniformados.

Un ladrón "igualito"

La inseguridad, como en otros barrios montevideanos, domina en barrio Palermo. Por la mañana del jueves un solitario delincuente asaltó un salón de la calle Yaro, casi Isla de Flores. En ese momento estaba sólo la empleada del comercio cuando un hombre veterano entró y sin exhibir arma, le exigió el dinero de la caja a la empleada, unos 800 pesos. La apariencia física del ladrón era bastante similar a la del extraño que la noche anterior había entrado a la rotisería de la esquina. Este robo aún no fue aclarado. Los vecinos se quejan de los robos frecuentes y de las "barritas" de jóvenes que hacen esquina y piden plata.

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