Un excepcional recorrido por Iberia

| Critica | EDUARDO ROLANDCONCIERTO DE PIANOPrograma. Suite Iberia de Isaac AlbénizIntérprete. Rosa Torres-PardoLugar. Sala Balzo, domingo 24 de agosto

Para satisfacción del público que literalmente desbordó la capacidad locativa de la Sala Balzo del Sodre, se dio lo que habíamos pronosticado en la nota previa al concierto de Rosa Torres-Pardo. Esto es, que sería un acontecimiento mayor en virtud de una conjunción de elementos que en nuestro medio pocas veces se dan: excelente intérprete, obra extraordinaria, instrumento de primer nivel y sala con acústica perfecta.

Que Torres-Pardo era una artista de primera línea había quedado claro en su primera presentación montevideana, hace dos años en la Sala Zitarrosa. La Suite Iberia, conformada por cuatro "cuadernos" que incluyen tres piezas cada uno, es lo mejor que escribió Isaac Albéniz (1860-1909), una obra que metió a la música española de tradición escrita en la sonoridad del siglo XX. El Steinway en el que tocó la concertista es el mejor piano de gran cola que existe en Uruguay para uso público. Y la sala, aún cuando está metida en una enorme edificio sin terminar, es la única en nuestro país que goza de una aislación acústica absoluta respecto a los sonidos exteriores, además de poseer en su interior una acústica impecable.

Tampoco fue menor, como elemento para dotar de alta jerarquía al espectáculo, el hecho poco frecuente de que un pianista decida emprender ese verdadero "tour de force" que significa tocar la versión integral de Iberia: doce piezas que ofrecen grandes dificultades de ejecución por lo recargadas de adornos, por lo complejo del entramando armónico con frases que no se terminan de resolver, y los pocos remansos rítmicos que presenta. De hecho, pese a los cerrados aplausos del público y a los reiterados saludos, la pianista optó por no hacer ningún bis.

Entre todas las cualidades que mostró Torres-Pardo como intérprete, impresionó esta vez, quizás por el carácter de la obra, su absoluto control rítmico y el poder expresivo en la gama de los fuertes, muchas veces transitando en el límite máximo de intensidad, pero sin cruzar jamás la línea que conduce al terreno del "aporreo", para usar una expresión gráfica.

Rosa Torres-Pardo es una de esas concertistas que transmiten una seguridad total, un dominio pleno de sus recursos técnicos, siempre administrados al estricto servicio de lo que pide la partitura. Su capacidad hizo que la compleja sintaxis de Iberia resultara transparente, fácil de descodificar para el oyente.

En piezas como Almería (segundo cuaderno) o Jerez (último cuaderno), que contienen los climas más calmos y líricos de las "doce impresiones", la pianista madrileña dejó en claro que cuando se trata de recrear pasajes sutiles su expresión, más que adecuada, se vuelve sencillamente poética.

El público disfrutó como pocas veces, ya que se escuchaban hasta las últimas resonancias de los armónicos que emitía el piano. Por otra parte, y más allá de que hay quienes prefieren programas de varios compositores a los monográficos, fue ésta una oportunidad excepcional para escuchar en su totalidad una obra que a casi cien años de escrita sigue siendo la máxima contribución al repertorio pianístico internacional que ha dado España.

Y por supuesto, de disfrutar la pieza más valiosa escrita por quien fuera un pianista brillante que a los 30 años abandonó su carrera de concertista para estudiar composición con Vicent D’Indi en París. En Iberia resulta ostensible el ropaje francés con que Albéniz viste de manera magistral diferentes expresiones del folclore español, o más precisamente andaluz, para hacer honor a la verdad.

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