Tres a la cárcel por el asalto en Maldonado

Delincuentes. Consumidores de pasta base

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La jueza penal Adriana Graziuso dispuso ayer el envío a prisión de los tres autores del asalto a una propiedad de la parada 20 de la rambla Claudio Williman de Maldonado, donde vive una mujer de 90 años.

La empleada doméstica de la casa, J.P.D., de 20 años, su concubino H.A.F., de 30, y el padrastro de este último, F.G.V.C., de 36, marcharon a la cárcel de Las Rosas imputados de un delito de "rapiña especialmente agravada".

El asaltante F.G.V.C también fue procesado por un delito de "falsificación o alteración de certificado", por tener en su poder una cédula de identidad con su foto y con otro nombre.

La pareja de la empleada doméstica, H.A.F., no tiene antecedentes en el territorio nacional, aunque se supo que cometió varios delitos en la República Argentina, donde se dedicaba al robo de cajas fuertes.

La jueza también dispuso la libertad de otras dos personas que se encontraban detenidas por entender que, en un principio, no tendrían vinculación con el caso.

La investigación corrió por cuenta de efectivos de la Seccional Primera de Maldonado con la colaboración de la Policía de Soriano, donde se practicaron varios allanamientos, se detuvo a uno de los autores de la rapiña y se recuperó un collar robado a la propietaria de la finca. La víctima relató a El País que la empujaron sobre una cama para quitarle un collar que llevaba puesto.

F.G.V.C, detenido en Mercedes, confesó su participación en el asalto y aseguró que solo se quedó con el collar, encontrado en su poder por las autoridades policiales.

Según dijo a la Policía, su compinche se quedó con el resto de las joyas y con el revólver empleado para entrar a los tiros a la casa de la Playa Mansa.

El otro delincuente y pareja de la entregadora del asalto, residía en una carpa montada en un predio del barrio El Tesoro de La Barra.

La Policía revisó el lugar. Sin embargo, no aparecieron ni las joyas, ni el arma. Sí, en cambio, hallaron varias dosis de pasta base compradas por los dos asaltantes para consumo personal. El hallazgo de las drogas habilitó otra línea de investigación y confirmó que el consumo de estupefacientes fue el disparador del accionar delictivo. Se presume que las joyas y el revólver fueron enterrados en algún lugar cercano a la carpa ocupada por los asaltantes. Los dos sujetos trabajaban como peones en la industria de la construcción.

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