PLAN IBIRAPITÁ

Un plan de acompañamiento virtual para adultos mayores

Actividades a distancia para evitar la soledad entre población de riesgo.

Ibirapitá: se aprovechó su infraestructura para  llevar adelante la idea de varias personas. Foto: Nicolás Celaya
Ibirapitá: se aprovechó su infraestructura para llevar adelante la idea de varias personas. Foto: Nicolás Celaya

Empieza el día con la tablet y el mate pero dice que este último puede faltar. Explica que la tablet para ella no es un simple aparato eléctrico más. Es un lugar donde aprende, conversa con otras personas y realiza variadas tareas que la mantienen ocupada. Ella es Liliana (66), una jubilada que vive en Paysandú. Su tablet, una herramienta del Plan Ibirapitá (programa de inclusión tecnológica para adultos mayores).

“En este momento es lo mejor que tenemos. Yo no tengo cable, entonces solo puedo ver el canal de Paysandú. Con la tablet puedo entrar a internet, ver películas, leer los diarios, es diferente”, dice a El País una de las 1.000 beneficiaras que tiene el plan.

Con la expansión del COVID-19 en Uruguay también llegaron ideas solidarias. Varias personas trabajaron en conjunto para concretar una asistencia virtual a adultos mayores en medio de la pandemia. “En el marco de la emergencia sanitaria por coronavirus el programa nacional de voluntariado y el instituto de las personas mayores del Mides se pusieron en contacto con nosotros para ver cómo se podían aunar esfuerzos para acompañar a la población de riesgo, sumando a la Cruz Roja”, explica Leandro Folgar, presidente del Plan Ceibal.

De esa manera se generó un plan para que las personas adultas no quedaran aisladas y se aprovechó la infraestructura del Plan Ibirapitá.

Según señala Folgar, la Cruz Roja entrega kits sanitarios en centros para personas mayores, donde una serie de voluntarios, los organiza y luego los distribuye. Dentro del plan también está el acompañamiento virtual: el intercambio entre usuarios y beneficiarios a través de una plataforma que dispone el Plan Ceibal y que viabiliza el Ibirapitá. “Hay mucha demanda por ayudar. Al Mides llegan todos los días pedidos de gente que quería dar una mano y había una demanda de personas mayores. Unimos esa oferta a esa demanda de una manera que no fuera riesgosa. El Plan Ibirapitá era la herramienta ideal”, indica Felipe Paullier, director del INJU.

“Tienen el gran desafío de lograr que la cuarentena en soledad sea una etapa más constructiva y menos perjudicial para tu salud”, explicaba el folleto que buscaba voluntarios cuando se lanzó el plan en medio de la emergencia sanitaria. Hasta ese momento había 150 personas anotadas en el programa. Ahora ya supera las 400. La solicitud por parte de los usuarios para ser parte de ese plan superó las 1.000.

Experiencia

Liliana cuenta que antes de la emergencia sanitaria, ser parte del Plan Ibirapitá “era una experiencia espectacular”, pero que ahora se convirtió en algo “fundamental”.

“Sin pandemia tenemos clases dos veces a la semana. Hay varios grupos y también se hacían paseos”, explica. Pero la cuarentena trastocó la forma de enseñanza. “Ahora lo estamos haciendo a través de internet. La profesora nos pone tareas y nosotros las realizamos y las enviamos. Como por ejemplo pintar”, dice y agrega que una vez que las terminan se envían las fotos entre los que forman el grupo y luego a una profesora.

“Nos mandamos los mensajes, los dibujitos, las tareas con los compañeros y también hablamos de otros temas”, cuenta. Pero las actividades también abarcan lo cognitivo: “Hay sumas, restas, divisiones y tenemos el juego del ahorcado que nos muestra personajes y tenemos que saber cuál es”.

Folgar explica que el acompañamiento virtual busca acercarse a las personas mayores y generar un contacto para saber qué necesitan. “A través del chat se envían mensajes personales para ver cómo están llevando la cuarentena, generar actividades constructivas y que sea lo menos perjudicial para la salud”, explica.

Para Liliana, esta experiencia cumple muchas funciones: aprende, está en contacto con otras personas y se divierte.

“Yo estuve unos días sin la tablet y no sabía qué hacer. Decía: ¿Qué hago? Pero por suerte se solucionó. Y ahora estoy a tablet y mate”, concluye.

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