TRES EMPRESAS CONVIVEN EN MONTEVIDEO

Parque de monopatines supera las 700 unidades

Movo sumó otros 200 scooters a la oferta de Grin y Lime.

Monopatines eléctricos. Foto: Archivo El País
Nuevo actor. La española Movo, que pertenece a Cabify, convive ahora en Montevideo con la mexicana Grin y la estadounidense Lime. Foto: Archivo El País

Desde hace algunos días conviven en Montevideo tres empresas de arrendamiento de monopatines eléctricos. Al desembarco de la mexicana Grin, que ofrece más de 200 unidades desde febrero, a fines de abril se sumó la estadounidense Lime con otros 300. En tanto, la española Movo (de Cabify) llegó este mes con una avanzada de 200 scooters, número que pretende ampliar en el correr del año.

“Tenemos unidades desde Pocitos hasta la Ciudad Vieja. El número varía en función de los horarios, la demanda y el día. En esta primera fase estamos probando 200 scooters; la intención es que eventualmente podamos ampliar el polígono de operación hasta abarcar otros barrios como Carrasco, Malvín o Punta Gorda”, declaró desde México a El País el director global de Asuntos Públicos de Movo, Miguel Abad.

“Llegamos para quedarnos, esa es nuestra intención. Lo haremos de forma progresiva, no quisimos lanzar la totalidad de las unidades en una única vez, lo queremos hacer por fases. Ya habíamos anunciado nuestro arribo a Uruguay a principios de año. Hemos venido dialogando con la Intendencia de una forma muy sólida, porque queremos tener siempre de una forma muy clara los pasos a seguir en cada ciudad en la que abrimos”, agregó.
Movo es una startup que está presente en diez ciudades de siete países (en España y Latinoamérica), entre las que se cuentan Madrid, Santiago de Chile, Bogotá, Ciudad de México y Lima. Sus monopatines cumplen con los estándares internacionales para este nuevo segmento de la movilidad.

“Tenemos la velocidad regulada a 25 kilómetros por hora, el dispositivo se desbloquea automáticamente con la aplicación y tiene su batería capaz de recorrer aproximadamente 30 kilómetros”, explicó Abad.

“Tienen freno delantero y trasero, mecánico y eléctrico, luces frontales de led. También luces traseras para el freno, campana (timbre) y display de velocidad”, agregó.

A su vez, los scooters de esta compañía española tienen información de seguridad en el bastidor, en la que se promueve el uso del casco, el estacionamiento en lugares correctos y viajar de un modo “responsable”, sin utilizar las veredas y en el sentido de la circulación de los automóviles.

Regulación de la IMM

Como diera cuenta El País, la Intendencia de Montevideo envió a la Junta Departamental un proyecto de decreto para regular la circulación de los monopatines y de otros nuevos medios de transporte que se están popularizando en la capital. La iniciativa introduce también restricciones al uso de las bicicletas, que serían radicales en sitios como la rambla.

Este último punto generó un debate en la Comisión de Movilidad de la Junta, ya que la IMM pretende prohibir que monopatines y bicicletas circulen por las veredas de Montevideo a menos que existan bicisendas. Mayores y menores de edad a bordo de estos vehículos, deberían transitar junto a los autos. También se ha manejado la idea de obligar a los conductores de monopatines a que usen cascos y chalecos refractarios.

Abad opinó que “es normal que una tecnología nueva presente retos” y consideró que “parte de los retos son la educación con los usuarios”.

“Vamos a seguir impulsando, como lo hacemos en otros lados del mundo en los que operamos, diversas acciones para fomentar el uso correcto del scooter, para que vaya por la calle evitando el uso de las veredas. El tema del chaleco refractario o el mismo casco, creo que al final es una decisión de los usuarios. Para nosotros, como proveedores de vehículos de alquiler, es muy difícil poder controlar eso. Es una decisión personalísima; pero sí la fomentamos”, destacó el portavoz de Movo.

MÁS

¿Una ciclovía que recorra toda la rambla?

Uno de los aspectos más controvertidos de la regulación que impulsa la Intendencia de Montevideo es la obligación de que los monopatines circulen por la calle, entre los automóviles, incluso en las zonas de la rambla donde no hay bicisendas.

En la rambla, en dirección al Este, la bicisenda va desde el final de playa Ramírez hasta Trouville y mide en total 2, 83 kilómetros. Pero hay casi 20 kilómetros más sobre la costa en los cuales, según la reglamentación que impulsa la administración del intendente Christian Di Candia, las bicicletas y los monopatines deberían ir por la calle.

Desde la escollera Sarandí al final de playa Ramírez hay 5 kilómetros sin bicisenda, a los que se suman otros 14 kilómetros en los que los ciclistas y usuarios de monopatines deberían circular por la calzada, desde la punta de Trouville hasta el puente Carrasco.

Abad dijo que “la naturaleza de la rambla incentiva a que se utilicen los scooters”. Y sugirió una posible solución: la construcción de una nueva bicisenda.

“La rambla es un caso atípico, no es la misma lógica que cualquier vereda en otra parte de la ciudad. Creo que a lo mejor podemos diseñar una estrategia en conjunto todas las empresas y las mismas autoridades, para delimitar un área o señalizar un camino del tipo ciclovía. En algunas zonas probablemente no será posible, pero al final se podrá dar una salida con la que todos estemos satisfechos. Las regulaciones son buenas siempre que no se inhiba la innovación”, destacó.

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