REPORTAJE MULTIMEDIA

Las historias de los inmigrantes indios que eligieron quedarse a vivir en Uruguay

La comunidad del país asiático echó raíces y mezcló su cultura con la de los locales. Estiman que son 400 establecidos en todo el territorio. 

indios en uruguay. foto: F.Macchi
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Navdeep saca su celular y recorre con los ojos entre los contactos de WhatsApp hasta encontrar el que busca: el grupo “Indios en Uruguay”. Siempre está lleno, dice. Tanto, que a veces tienen que hablar entre las 256 personas que están ahí —el número máximo de integrantes que permite la aplicación— para decidir quién va a salir para hacer espacio a otros. Para que distintos compatriotas ingresen a ese pedazo de comunidad india en este país al que ya muchos llaman hogar. Calculan ellos que hay alrededor de 400 indios viviendo en Uruguay.

Es que en la última década la cantidad de inmigrantes del país asiático que aterrizó en el aeropuerto de Carrasco se duplicó. Mientras que en 2008 llegaron 637, para 2017 la cifra trepó a 1.238, según datos que brindó la Dirección Nacional de Migración a El País.

navdeep
Navdeep Solanki abrió un local de comida india en Montevideo. Foto: F. Macchi.

Para entender por qué estos ciudadanos del segundo país más poblado del globo atravesaron medio planeta para llegar a un punto perdido de América del Sur, del que apenas habían oído hablar, hay que mencionar a una empresa: Tata Consultancy Services. Esta multinacional india se instaló en Uruguay en 2002. Y con su llegada empezó a necesitar que algunos de los empleados que tenía en la casa matriz se trasladaran a Uruguay para quedarse por un plazo limitado, enseñar determinadas habilidades a los trabajadores locales y volver a armar las valijas.

A los indios venir les conviene. Según un estudio del Centro Latinoamericano de Economía Humano (Claeh) publicado en 2016, quienes trabajan en Uruguay ganan un sueldo hasta tres veces superior al que podrían generar en India. Eso les permite vivir cómodos y también mandar remesas a sus familias, muchas de ellas pobres.

Así fue que Navdeep llegó a Uruguay.

En octubre de 2011 vio por primera vez Montevideo. Su impresión fue la misma que tienen todos sus compatriotas que llegan al país. Tranquilo, natural, silencioso, lento, vacío. Las etiquetas indias le calzan perfecto a una ciudad de 1,5 millones de habitantes, que apenas se puede comparar en población con un barrio de Nueva Delhi: 18,9 millones de personas.

En paralelo con su trabajo en informática en Tata, y para aprovechar el tiempo libre, a Navdeep se le ocurrió que podía probar suerte en la gastronomía. “El negocio está en mi sangre”, dice hoy desde el mostrador de The Taste of India, un local sobre la calle Martí, en Pocitos, que abrió tres meses atrás. Es que después de unos años de cocinar con un socio por pedidos para amigos y coterráneos quiso llevar sus platos a un local con puerta a la calle. “Para llegar a más gente”, explica.

comida india
Butter bread, un plato tradicional de la India preparado por Navdeep. Foto: F. Macchi.

No es un caso aislado. Algunos de los inmigrantes indios que en un principio desembarcaron en Uruguay de paso, para trabajar frente a un monitor en un proyecto determinado y volver a su país, al poco tiempo decidieron quedarse. Con ello fueron incorporando aspectos de su cultura y tradiciones a la rutina uruguaya.

Con la fusión de sabores, aromas, colores y sonidos, la comunidad india fue empapando y permeando en el día a día de los montevideanos. Esto se puede ver a través de los alimentos que preparan, las danzas que bailan o el deporte que practican en las calles de la capital.

Religión deportiva

Una pelota golpea con fuerza contra la chapa azul que rodea la obra que se está haciendo donde era un restaurante sobre la rambla de Punta Carretas. El grupo de trabajadores se da vuelta para ver qué causó ese estruendo. Ven una pelota de cuero un poco más grande que una bola de tenis tirada en el pasto, la ignoran. No hay daños. Siguen con sus tareas.

Son las 10 de la mañana de un lunes y parte de la colectividad india en Uruguay está practicando, en el descampado frente al mar, un deporte que los británicos inventaron hace siglos.

Hoy son 15 los que están en el entrenamiento. En general se juntan sábados y domingos, pero un feriado en Estados Unidos les regaló un día extra de práctica.

cricket en uruguay
El equipo de cricket entrena en la rambla de Punta Carretas. Foto: F. Macchi.

Hidu tiene 32 años y desde hace seis vive en Montevideo. Cuando su jefe en la India le dijo que precisaba mandar a alguien a las oficinas de Tata en Uruguay, este ingeniero de software no sabía nada sobre su futuro destino. “¿Está en África?”, preguntó.

Más allá de todo lo que desconocía, no tuvo dudas con su respuesta. “Quise cambiar mi vida, cambiar el lugar, el trabajo, todo. Me dieron una oportunidad y dije sí sin pensar”, dice.

Tiempo después se estaba tomando un avión por primera vez en su vida. Cuando aterrizó en Carrasco detectó un problema: pidió “water” (agua en inglés) y le señalaron el camino hasta el baño. “Me di cuenta rápidamente que para disfrutar la vida” tenía que aprender español, cuenta. La comunicación siempre es una barrera para los recién llegados de la India. Al principio, a muchos les es difícil establecer amistades o vínculos profundos con los uruguayos, señala el estudio del Claeh.

Es por eso que, ya instalado en su nuevo trabajo en las oficinas que Tata tiene en Zonamerica, Hidu se puso la meta de incorporar cinco palabras en español por día.

indios en uruguay. foto: F.Macchi
El equipo de cricket entrena en la rambla de Punta Carretas. Foto: F. Macchi.

A él le gustaba Uruguay, pero había algo que extrañaba demasiado de su país: el cricket. Lo vive como una “religión”. Los indios tienen “mucha pasión” por este deporte, dice. Y compara para que quede claro: “Como para los uruguayos es el fútbol”.

Por eso, al poco tiempo de llegar, organizó, con otros tres o cuatro amigos que también querían jugar, los primeros entrenamientos en el parque de Villa Biarritz. Hoy ya son 120 los inmigrantes indios en Uruguay que forman parte de lo que bautizaron como la Uruguay Premier League.
El entusiasmo fue tanto que se armó una selección de cricket para representar a Uruguay, su país. En agosto viajó a Bogotá (Colombia) para jugar un Sudamericano y quedaron en el segundo lugar vistiendo con orgullo la Celeste, según informó El Observador en ese momento.

cricket en uruguay
Indios entrenan en la rambla de Punta Carretas. Foto: F. Macchi.

Ahora Hidu tiene dos metas. La primera es conseguir algún patrocinador para el equipo de cricket. Cuando la selección fue a Colombia todos los gastos (alrededor de US$ 16.000) salieron de los bolsillos de sus jugadores. Lo mismo pasa con todos los accesorios —la mayoría traídos de la India— que usan para practicar. La segunda es levantar un estadio de cricket en Uruguay. “Como el de Peñarol frente a Zonamerica”, dice el indio con ojos vidriosos. “Antes de volver a mi país quiero ver un estadio de cricket, estoy trabajando para lograrlo”.

Los que no están solos

Uruguay también le dio a Hidu un hijo. Proveniente de una familia conservadora, de esas en las que conviven hasta tres generaciones bajo el mismo techo, cuenta que fue su madre quien eligió a su esposa.

Él ya vivía en Montevideo y ella del otro lado del mundo. Antes de conocerse hablaron una vez, por teléfono. Una charla breve sobre gustos, intereses y sueños. También intercambiaron una foto. Estando alejado de su familia y teniendo la libertad de tomar un camino distinto, Hidu eligió seguir sus tradiciones. Lo explica así: “Los indios no quieren romper el corazón de sus padres”. Se casó en 2015 en la India con una fiesta multitudinaria para 3.000 personas en la que gastó todos sus ahorros. Luego volvió a Montevideo con su flamante esposa.

En el modesto apartamento que alquilan en Pocitos, la esposa de Hidu, Ameena, cuenta que hay gente en la calle que la “trata especial” por la vestimenta que usa. No queda claro si para bien o para mal, pero lo dice con una sonrisa. Son musulmanes y ella viste un hiyab, una prenda que cubre su pelo, pero no siente “ninguna incomodidad”. Es una suerte, en un país donde 45% cree que la inmigración es una mala noticia, según un estudio de la Facultad de Ciencias Sociales.

indios en uruguay. foto: F.Macchi
Hidu, Ameena y su hijo. Foto: F. Macchi.

Ameena tiene 23 años y un título en biotecnología que espera poder usar en Uruguay cuando su hijo cumpla dos años. Por ahora él es muy chico y quiere quedarse a cuidarlo, sostiene. No habla sobre las decisiones que tomó o dejó de tomar. Solo acepta la circunstancias. Lo que sí afirma es que extraña vivir en India, a sus amigos, su familia. “Disfrutaba mucho mi vida allá”, dice mientras prepara curry de pollo con arroz basmati, su especialidad en la cocina. La rutina de Ameena se divide entre cuidar a su hijo y mantener la casa en orden.

Pero no todos eligen ese camino, o provienen de familias tan religiosas. Beerbal es otro de los inmigrantes indios involucrados en el equipo de cricket. También llegó para trabajar en Zonamerica, donde conoció a su esposa, Fernanda, que es uruguaya. Cuando habla con El País cuenta, con una sonrisa que le atraviesa la cara, que su segundo hijo nacerá dentro de unas semanas.

indios en uruguay. foto: F.Macchi
Ameena prepara un curry con pollo, su especialidad. Foto: F.Macchi

Los entrevistados aseguran que al aterrizar en el Río de la Plata muchos se liberan y sufren un choque cultural que los enfrenta a situaciones que los interpelan. Desde probar alcohol y tabaco por primera vez, hasta saborear la independencia occidental y sacudir creencias. Conocen que hay otra manera de vivir.

Cuando Beerbal llegó, hace seis años, era por doce meses. Lo único que conocía de Uruguay era por jugadores de fútbol. “Forlán era uno”, dice. Amigos y conocidos de la India que ya habían visitado el país se lo describían como un lugar tranquilo, donde descubren que vivir a otros ritmos es posible. Lo que a muchos locales los asfixia a los extranjeros les da alivio.

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Beerbal viajó a Montevideo por un año, se terminó quedando y formó una familia. Foto: F.Macchi

Ese primer año se extendió por uno más y cuando la empresa le dijo que debía volver, Beerbal no se quería ir. Ya había conocido a Fernanda. No le quedó opción y viajó a India de todas maneras. De vuelta en casa empezó a hablar con su madre y su padre —los padres juegan un rol protagónico en las vidas de sus hijos en la cultura india, incluso cuando ya son adultos— sobre su novia y que se quería casar con ella. “Dije ‘me voy porque es mi vida’”. En 2015 volvió a Uruguay y se casaron.

Hoy, dice Beerbal, su “sueño” es que haya un equipo de cricket “lleno de uruguayos”. Muchos montevideanos se acercan curiosos cuando los ven practicar sobre la rambla, pero por ahora ninguno se animó a dar el paso y sumarse al grupo. Para lograr la integración, quieren llevar el deporte a escuelas y liceos del país.

Al ritmo de la India

Patada. Aplauso. Giro de cadera. Flexión de rodillas. Y de vuelta aplauso. Ahora con música. Patada. Aplauso. Giro de cadera. Flexión de rodillas. Aplauso, esta vez más fuerte. La coreografía está clara, pero sale un poco desprolija.

“Vamos a probar de vuelta”, dice la voz de mando a un grupo de quince o veinte personas. Mitad hombres y mitad mujeres. Mitad indios y mitad uruguayos.

Son las ocho de la noche y Amit está llegando tarde al ensayo. Es justificado porque sale muy sobre la hora de trabajar en el World Trade Center. El indio de 29 años hace casi cuatro que vive en Montevideo. Llegó como todos, por Tata. Y se quedó como varios, por amor.

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Ensayan sus danzas todas las semanas. Foto: F.Macchi.

Cuando terminó su tiempo en la multinacional tenía que volver, pero se quería quedar. Buceó opciones y se encontró con una oportunidad trabajando en software en otra empresa. Dice que no es común en la India estar en pareja con una extranjera, pero él es joven y desfachatado y poco le importaba. Igual le costó casi dos años terminar de convencer a sus padres de que estaba todo bien, que en Uruguay no había problema y que entonces en India tampoco tendría por qué haberlo. Con su pareja quieren casarse el año que viene.

Es miércoles y el grupo de bailarines indios tiene una presentación fechada para el sábado siguiente en el marco de un festival de colectividades migrantes en el Parque Batlle de Montevideo.

Los indios descubrieron que había alguien que daba clases de este baile en 2012 y por casualidad. Era una uruguaya en su academia de danza en Pocitos, donde suele vivir la comunidad porque creen que es más seguro y más fácil para adaptarse al cambio.

indios en uruguay. foto: F.Macchi
Los ensayos son en una academia de danza en Pocitos. Foto: F. Macchi.

El hallazgo fue un sábado de verano. El grupo tenía ensayo en uno de los salones que da a la calle y como hacía calor tenían todas las ventanas abiertas. Un indio pasó por ahí, sintió la música y se detuvo en seco: fue un viaje directo a casa. La noticia se esparció como un virus entre el resto de los indios y poco tiempo después la academia ya contaba con un grupo numeroso. Entre ellos estaba Amit.

La sinergia se dio de inmediato. Los uruguayos sabían los pasos y los indios sus historias y el contexto en el que fueron creados. Así fue que se potenciaron y hoy el espacio es un claro ejemplo de encuentro cultural, dice Amit entre varios “ta”. Es que se le pegó la muletilla.

Así, con su deporte, su arte y su gastronomía, la comunidad de la India se abrió paso en una Montevideo de a ratos hostil, pero con el potencial de ser una casa. Su casa.

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