Jerusalén - El primer ministro israelí, Ariel Sharon, quien hoy ha presentado su dimisión y ha pedido al presidente de Israel la convocatoria de elecciones anticipadas, ha roto filas en el partido que él mismo ayudó a crear, el Likud, para librar la que será la última batalla de su vida.
Sharon, artífice de la única retirada israelí absoluta hasta ahora de territorios palestinos -la evacuación de Gaza en septiembre pasado-, ha anunciado su intención de crear un nuevo partido de centro-derecha con el que aspira no sólo a renovar su mandato al frente del Gobierno de Israel, sino también a concretar una iniciativa de paz sin precedentes para la región.
Iniciativa que, como la retirada de Gaza, contrasta con su itinerario político hasta hace sólo dos años, en el que fue abanderado de una férrea política de represión militar y renuente a hacer concesiones territoriales a los palestinos.
Pero a sus 77 años, el primer ministro es consciente de que para vencer en las próximas elecciones deberá buscar el voto del centro del mapa político israelí, y apartarse de un partido -el Likud- que se ha ido tornando cada vez más ultranacionalista, y alejado del pragmatismo político que guió a sus fundadores en la década de los años setenta, cuando firmaron el tratado de paz con Egipto en 1979 a cambio del Sinaí.
Después de seis años al frente de esa formación, la salida de Sharon se origina en tres catalizadores recientes: la rebeldía de una parte de sus diputados más nacionalistas con la retirada de Gaza; la llegada al frente del laborismo de un líder sindicalista como Amir Péretz, que amenaza con arrebatarle el tradicional electorado de derechas; y las últimas encuestas, que le prevén mejores resultados en las elecciones desde una formación moderada.
En ese sentido, los analistas destacaban hoy que detrás de la creación del nuevo partido, que se llamará "Responsabilidad Nacional" y que sólo tendrá vida durante una única legislatura -debido a la avanzada edad del primer ministro-, se esconde la maniobra no de un político sino de un estratega militar, instinto que ha acompañado a Sharon a lo largo de toda su vida.
Y es que el todavía primer ministro israelí ha sido tan polémico en la vida política como lo fue en el campo de batalla, y mientras unos le consideran el mejor estratega militar y político israelí otros no le perdonan su responsabilidad en operaciones militares que dejaron cientos de muertos y expedientes tan espeluznantes como la matanza de palestinos de Sabra y Chatila en 1982.
Nacido en el seno de una familia de agricultores oriundos de Rusia, en una granja cooperativa próxima a Tel Aviv, Sharon comenzó su vida política después de una larga carrera militar que llegó a su máximo apogeo cuando en la Guerra del Yom Kipur consiguió revertir el resultado de la contraofensiva israelí al situarse con sus tropas a las puertas de El Cairo.
Curiosamente, había entrado en el Ejército israelí desde una organización armada clandestina controlada por la izquierda -la Haganá-, lo que décadas después le hizo sentirse cómodo entre personajes como Simón Peres, su tantas veces aliado político en gobiernos de coalición nacional como el que ahora concluye su función.
El aún líder de la derecha israelí ingresó a la política a principios de 1973 con el Partido Liberal, en aquel entonces aliado del que sería más tarde primer ministro de Israel, el derechista Menahem Beguin.
Curiosamente, Sharon fue la fuerza pujante de la primera alianza política contra la devolución de los territorios palestinos ocupados en la Guerra de los Seis Días (1967) -el Likud-, agrupación que abandonó a los pocos meses al ser llamado de nuevo a filas para la Guerra de Yom Kipur.
Tras dejar por segunda vez el uniforme, en 1974, y una breve andanza independiente en la política, Sharon volvió al Likud tres años después, cuando Beguin le nombró ministro de Agricultura (1977-1981), puesto desde el que se encargó de poblar Cisjordania de asentamientos judíos.
En reconocimiento a su labor, Beguin le nombró ministro de Defensa en su segundo Gobierno (1981-1983), cargo que debió dejar cuando una comisión pública le consideró responsable indirecto de las matanzas de Sabra y Chatila.
Sharon dimitió y nunca más volvió a la cartera de Defensa, pero en los siguientes gobiernos (1984-1990) se desempeñó como ministro sin cartera, de Comercio e Industria y también de Vivienda.
Su labor en todas ellas fue reconocida incluso por sus adversarios políticos, aunque desde ellas abogó por afianzar las colonias judías en Cisjordania y Gaza, y por una lucha sin cuartel contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), que años después, durante la segunda Intifada (2000), centraría en la persona de Arafat.
Sus últimos cargos antes de llegar a ser primer ministro fueron los de ministro de Infraestructuras Nacionales y después de Exteriores durante el gobierno de Benjamín Netanyahu (1996-1999).
Fue el cansancio de los israelíes por los numerosos atentados en la Intifada de Al Aksa lo que provocó la caída del laborista Ehud Barak en las elecciones de 2001, en las que Sharon se hizo con las riendas del poder por primera vez, y ordenó al Ejército aplicar mano dura contra el nuevo alzamiento palestino.
Su represión de la Intifada le valió la renovación de su mandato en 2003, pero los analistas aseguran que, dada su avanzada edad, las próximas elecciones serán la última batalla de Sharon.
EFE