LA EVOLUCIÓN DE LA PANDEMIA

¿Qué se sabe del SARS-Cov-2 que causó el último gran brote en Uruguay?

Los virus que causaron el brote en Rivera están muy relacionados a los que ocasionaron el último gran brote en Treinta y Tres. Pero son distintos.

hisopado
Hisopado para el diagnóstico del coronavirus.

En la corta historia de la pandemia causada por el nuevo coronavirus, el mercado de animales silvestres en Wuhan, China, es el Big Bang. Puede que la ciencia descubra, a posteriori, otro origen del universo COVID-19. Pero, hasta ahora, esta es la teoría validada. Y desde allí nacen las cepas que alguna vez ingresaron a Uruguay.

Los análisis filogenéticos -como les llaman los científicos a esos estudios de parentesco de las cepas virales- sugieren que los virus que causaron el brote en Rivera están muy relacionados a los que ocasionaron el último gran brote en Treinta y Tres. Pero son distintos.

Resulta que cuando todo comenzó en el Lejano Oriente, el SARS-CoV-2 se diferenció en dos variantes: A y B. De ahí surge toda la descendencia que se conoce hasta ahora. En el caso de las cepas de los dos brotes de los departamentos fronterizos, el ancestro es B. Más en concreto, las cepas que causaron los brotes de Rivera y Treinta y Tres pertenecen a una subfamilia de B, de origen europeo de nombre B.1, que luego se subdividió en B.1.1, y que en Brasil tomó características propias y recibió la denominación B.1.1.BR.

Dicho en criollo: tanto las cepas de Rivera como las de Treinta y Tres (y una que llegó a Montevideo, aunque en la capital no causó un brote conocido) son del tipo B.1.1.BR provenientes de Brasil. Pero…

Los científicos uruguayos de cuatro instituciones académicas (Institut Pasteur, Clemente Estable, Fiocruz y la UdelaR en Ciencias y Salto) y de dos instituciones sanitarias (Sanatorio Americano y el Asistencial Colectivo de Treinta y Tres) descubrieron que las tres versiones del B.1.1.BR en Uruguay fueron introducciones distintas.

Eso significa que, “pese a tener un ancestro común y ser uno de los clados más diseminados en Brasil, habrían ingresado a Uruguay en momentos distintos y por lados distintos”, explica Daiana Mir, una de las autoras.

La buena noticia, dice, es que dado que los brotes en nuestro país son el resultado de distintas introducciones, se puede concluir que el brote de Treinta y Tres no fue causado por una circulación continua del virus en el país. Y, en todo caso, “da para pensar que las medidas adoptadas por Uruguay han sido efectivas y que la dispersión del virus se controló rápido”.

Tras secuenciar el genoma del virus, los científicos uruguayos cruzaron los resultados con la base de datos pública (GISAID) que tiene más de 12.000 genomas secuenciados del tipo B.1.1. Fue entonces que pudieron distinguir a la introducción de Rivera (que habría sido a finales de abril o comienzos de mayo) de la de Treinta y Tres (última semana de mayo o primera de junio).

Ya en tierras olimareñas, el virus tuvo otras tres mutaciones. Y aunque parezca mucho, explica Mir, “el SARS-CoV-2 es un virus que muta poco”. De hecho, el famoso VIH varía diez veces más rápido.

Eso sí, concluye Mir, “por ahora nada hace pensar que las mutaciones del virus tengan una importancia clínica; y la poca variación del SARS-CoV-2 hace potencialmente un poco más fácil el desarrollo de una vacuna efectiva”.

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