ESPECIAL

Coronavirus ¿cómo cambiará la historia?

Diez miradas sobre las consecuencias que traerá la pandemia en nuestras vidas.

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La irrupción del Covid-19 sacudió la economía, el deporte, la educación, la cultura, la ciencia, el uso de la tecnología, el consumo de energía, el mundo laboral, la geopolítica y hasta la reflexión sobre nuestra existencia. Hay quienes sostienen que los cambios llegaron para quedarse, y quienes creen que apenas habrá modificaciones cuando todo esto quede atrás. La historia dirá, pero en los distintos ámbitos surgen algunas pistas de lo que podríamos esperar.

Alejandro Cappuccio

Deporte

Alejandro Cappuccio

Director técnico, profesor de educación física, abogado y escribano

No sé qué impacto tendrá la pandemia en el deporte. La verdad es que es una incógnita porque hasta ahora lo único que ha cambiado y que va a cambiar es que los partidos serán sin público, pero no sabemos si va a traer aparejado algún cambio permanente.

Están los cambios provisorios, que implican la distancia entre los suplentes y todas las medidas de higiene. Ni siquiera irá el público, pero luego va a volver el público en algún momento. A nivel deportivo y de reglas no creo que cambie demasiado si se define que quede la medida provisoria de hacer cinco cambios en vez de tres.

No creo que haya grandes transformaciones a nivel deportivo a raíz del coronavirus. Simplemente nos vamos a volver un poco más fríos y “europeos” al mantener la distancia. El uruguayo, el sudamericano, generalmente es mucho más expresivo en actitud y todo. Pero vamos a tener que mantener esa distancia que cuando uno va afuera del país se nota clarito.

En relación a qué tanto afectará esto a los clubes y si la economía de cada uno condicionará su respuesta a esta situación, yo pienso que este es un tema de hábitos y de higiene, que no va en la inversión. Creo que todo se irá acomodando. El deporte va a adaptarse a la pandemia y va a ir volviendo de a poco; lo que no sabemos es cuánto va demorar en volver todo a la normalidad. Eso llevará tiempo, pero confío en que va a suceder.

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Bruno Gili

Economía

Bruno Gili

Contador y socio CPA Ferrere

En la economía van a ocurrir dos tipos de cosas. Primero, va a haber un sector en el que la distancia se va a mantener: restaurantes, viajes en avión, turismo. Sin embargo, hay otro sector en el que la distancia no es relevante para vender ese bien o servicio y que, por lo tanto, va a seguir funcionando. El riesgo está en cuánto del primer sector va a ser sustituido por este último que no necesitará adaptarse a lo que la pandemia exige. Es decir, hay que esperar por si las nuevas realidades económicas de bienes y servicios que se van a producir y que no exigen contacto físico para ser vendidas, son capaces de absorber el fuerte impacto que está teniendo la crisis en todos aquellos sectores que sí se sustentan en el contacto de las personas. Eso es una cosa difícil de ver hacia adelante.

Creo que podría haber dificultades políticas a futuro sobre cómo reaccionará la sociedad a la forma en la que el mundo resuelva este problema. Creo que el mundo no será capaz de construir una gobernanza que lleve a más control, y soy optimista: espero que esto no se resuelva poniéndole trabas a la globalización. Cuando terminó la Primera Guerra Mundial cada país se encerró en sí mismo y se aisló para intentar resolver sus propios problemas. Terminamos en una Segunda Guerra Mundial y en el medio hubo dictaduras, fascismos y medidas totalitarias de un mundo occidental más débil. En la Segunda Guerra Mundial el mundo occidental aprendió del problema y dijo no.

Tenemos que construir organismos internacionales que le den gobierno al mundo y que permitan que funcione bien. Desde 2008 para acá, “globalización” es una mala palabra. Los países han tendido a volverse más nacionalistas y han adoptado medidas más propias de cada país. El coronavirus podría amplificar esa idea de globalización como un problema y no como una solución, y hacer que los países se volvieran más proteccionistas: que fueran menos partícipes de los organismos internacionales que fijan normas, que pusieran trabas al comercio internacional, que hubiera una caída de normas. No digo que vaya a ocurrir, pero es un riesgo.

Yo creo que al final el mundo va a volver a ciertas tendencias de crecimiento, lo que no sabemos muy bien es con qué formato y a qué velocidad lo va a hacer. Todo esto no quita que vayan a quedar percepciones en las seguridades y en las personas de cada país sobre quién es el culpable de esto. Y bueno, ahí las respuestas ideológicas, de valores, van a ser muy relevantes. Es muy difícil saber hoy a priori cuál es el resumen que la población y las democracias harán sobre por qué pasó esto y qué es lo que hay que hacer para seguir, y ahí es donde puedo percibir tendencias hacia discursos nacionalistas y populistas, que simplifican la realidad y buscan culpables en cosas que a veces tienen un componente de azar.

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Estela Magnone

Cultura

Estela Magnone

Compositora y cantante

Para los músicos fue un golpe tremendo porque la mayoría vive de sus shows o de dar clases y todo esto al principio desapareció. Ahora, poco a poco, encontramos la manera de seguir en la actividad a través de clases virtuales o espectáculos en línea que, como artistas, tenemos la opción de colaborar de forma voluntaria. Pero, en general, todo el mundo está esperando para tocar en vivo. Es lo que sostiene a los músicos económicamente y además es necesario para mantener el vínculo con el público.

En esta pandemia todo el mundo buscó formas diferentes de reinventarse. Un ejemplo son los shows por streaming. Eso es una cosa que antes no se daba y ahora algunos cantantes empezaron a hacerlo semanalmente. Eso significa que los ingresos no existen, pero la música y el contacto con la gente sí. Esperemos que cuando vuelva todo a la normalidad, se acuerden de nosotros y vayan a los conciertos. Yo no he hecho streaming, pero mi comentario siempre es: “Qué raro esto de hacer un show sin nadie, sin aplausos. El contacto es bastante poco”, pero bueno, por lo menos seguimos haciendo lo que nos gusta. Yo creo que todo es como una prueba, en definitiva, ¿no?

Pero, yendo a algo más general que no tiene que ver con el arte, que es la incertidumbre en cuanto a todo esto que está pasando: ¿cuánto es real y cuánto no? Porque hay una cantidad de información totalmente contradictoria, entonces unos dicen que al virus lo inventaron los chinos, otros dicen que los americanos, otros dicen que en realidad no existe y que todo esto es una movida para encerrarnos y que perdamos la libertad. Medio que te volvés loco. Al principio, cuando recién empezó, todos entramos en pánico. Con toda esa información, y como todo era espantoso, entonces fue un pánico general horrible. Ahora un poco se está diluyendo pero, de todas maneras, sigue esa incertidumbre en cuanto a qué es lo real, qué es lo verdadero, lo que realmente va a pasar, el desconocimiento del tema.

¿Cómo saber qué pasará? ¡No tengo la menor idea! Supongo que al principio va a ser todo un poco restringido con las medidas de higiene y distancia, pero en sí algunas cosas ya se han incorporado, como el uso del tapaboca. Yo salgo poco, pero cuando salí la primera vez, ¡me acuerdo que me sentía tan ridícula con ese barbijo horrible! Ahora ya me imagino, todos de tapabocas en los recitales. Lo más difícil va a ser la vuelta a los shows grandes en Antel Arena o el Montevideo Rock, pero bueno, en salas de teatro supongo que se van a poder hacer. Dependerá de cómo evolucione la emergencia sanitaria. Todo va cambiando muy rápido. La situación de hace dos meses no tiene nada que ver con la de ahora. Yo creo que es una cosa que se está probando. Nos ha ido bastante bien, y creo que en algún momento vamos a volver a lo que éramos.

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Facundo Ponce De León

Humanidades

Facundo Ponce de León

Doctor en Filosofía y periodista

Yo no voy a desacreditar lo increíble de lo que nos está pasando, pero los que nos dedicamos a las humanidades todo el tiempo tenemos una advertencia de que lo que sucede no es tan único, lo cual no significa que no sea grave y no sea importante. Las humanidades te entrenan para salirte de este contexto inmediato y mirar un poco más amplio.

Yo no paro de encontrarme con pistas de que pasaron ya cosas así también. La peste del siglo XIV surge en China también. Y las pestes que viajan, que recorren el mundo, no son nuevas. Las pestes hacen eso: recorren el mundo. El confinamiento, el encierro, la ciencia que trabaja, pero no encuentra y duda; las personas que entran en pánico y se confunden. Y la idea de retomar la calma. No es nuevo eso. Sí es nuevo que tenemos internet. Es verdad. Es nuevo que viajó muy rápido, es verdad. También es nuevo que se va a curar bastante rápido. Todo indica que para el año que viene va a estar la vacuna. Y alguien podría decir: ¿cómo que el año que viene? Sí, pero la peste negra duró 38 años y mató 25 millones de personas. Bueno, ni que hablar cuando se llega a América desde Europa y se traen pestes y se llevan pestes. Entonces yo entiendo que se vive un momento epocal, pero tampoco se puede decir que esto es único en la historia. Yo no sé si en 300 años no pasa a ser una de las pestes bastante rápidas y vertiginosas que tuvo bastantes problemas, sí, pero creo que no hay que negar esa chance. La tecnología puede jugar un rol a favor y en contra. Porque quizá decimos “la tecnología se entromete con todo”, aunque también gracias a ella pudimos conectar y frenar el brote de pandemia mundial.

Me parece que esta situación pone a prueba nuestra capacidad para incidir en la política. Eso significa que tú, con tus acciones, generas política, generas espacio público y espacio compartido. Que las pandemias son una oportunidad para cambios totalitarios no cabe la menor duda, pero también porque la gente en el pánico apoyaría cosas totalitarias. No es porque un sistema político perverso de 10 malvados viene a engañarnos.

Probablemente si hubiera un referéndum ahora entre privacidad y posibilidad de contagio, mucha gente diría “instálenme el chip, y si tengo fiebre que salten todas las alarmas; que les den todos los datos de mi cuerpo y no me importa”. Yo votaría posibilidad de contagio, pero entiendo que hay gente que va a votar que no, y lo respeto. Entonces, lo que pone a prueba es a nosotros como seres políticos, no al sistema político contra nosotros. Mi miedo en el sentido más político es que esto sea un caldo de cultivo de cuestiones contrarias a un espacio público con ciudadanos críticos y creativos, y que se vuelva un caldo de cultivo de cosas más totalitarias.

La conexión humana es un hecho ineludible. Estamos esperando que llegue la nueva normalidad porque necesitamos el vínculo más humano. Necesitamos vernos con las personas, tocarlas, abrazarlas. Necesitamos volver a eso porque hace parte de nuestra manera más antropológica de vincularnos. Ahora va a convivir con lo otro de una manera más armónica, pero seguro tiene que volver.

Espero que la sociedad sea menos individualista y más consciente de la trama de las cosas, y tenga mayor gratitud a todo el entramado social. El mundo del extremo consumo se sostiene en una cierta frivolidad que ahora quedó suspendida. Sería bueno que no volviera, al menos no tan exacerbada. Creo que tenemos todo para salir un poco menos individualistas, menos narcisistas y un poco más vinculados.

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Francisco O'Reilly

Filosofía

Francisco O´Reilly

Doctor en Filosofía y docente

La pandemia ha sacado a la luz que no somos personas capacitadas para enfrentar problemas con facilidad, más allá de que haya “héroes” en la vida cotidiana. Nos han dicho que no podemos salir de nuestras casas pero parece que nos hubieran dicho que nos vamos a morir todos en cinco días. En ese sentido, somos una comunidad psíquicamente frágil y eso se traslada a las relaciones laborales por ejemplo, donde se ve el pánico a la pobreza que tiene mucha gente y cómo se sobrereacciona en las decisiones económicas, de mantener personal o de no hacerlo.

Yo creo que esto sí tendría que cambiarnos en cuanto a la necesidad de recuperar el manejo de información. Hay un vicio de hipercomunicación, y la comunicación tiene que ser verídica, concreta y clara. También hay un vicio de hiperconectividad: si no estás presente en el medio estás ausente, y si estás ausente no hay percepción de actividad. Comunicar no quiere decir que hagas cosas; puede ser un artificio para simular estar haciendo cosas.

Hay gente a la que le da miedo tener un vecino médico o un vecino que trabaje en un supermercado, porque tienen una alta exposición al virus. En un primer instante te puede dar miedo, pero al segundo vos sos también el que necesita el médico. Si el otro se está arriesgando, ¿yo no puedo arriesgarme lo poco que me toca arriesgarme? Creo que es necesaria esa segunda reflexión. Hace falta, no importa cuánto dure esto; hace falta ejercitarlo y ser consciente de eso.

A mí me parece que para la filosofía en general, esto puede hacer mucho bien. Todo este aislamiento genera un enlentecimiento de la vida, una recuperación de otros tiempos de la vida que no estaban, y en general va ayudar a la reflexión.

Hay un autor danés que me gusta mucho: Søren Aabye Kierkegaard. Él dice que cada instante que vivo tiene la densidad del concepto que estoy enfrentando. Cuando voy a la cocina a prepararme un café y comerme unas galletitas, es un instante que no tiene mucha densidad, estoy tomando una decisión muy irrelevante. Pero de repente cuando voy a decidir si me caso o si voy a salir con alguien, ese instante tiene mucha densidad. Este enlentecimiento que ha traído el coronavirus nos lleva a darnos cuenta de que la vida tiene más densidad, que tiene más peso; que la vida tiene una profundidad que de repente la teníamos oculta en la vida cotidiana. Nos lleva a pensar qué estoy haciendo con mi vida.

Tengo la esperanza de que aumente la reflexión filosófica, de que aumente la consciencia de que hay que pensar antes de actuar. Me parece que esta pandemia puede ayudar a ir un poco más hacia eso, y creo que puede la filosofía puede mejorar la visión, la perspectiva.

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Jimena Folle

Educación

Jimena Folle

Magíster en Educación

Pareciera ser que las condiciones están dadas para que se dé un cambio porque estamos todos incómodos: los docentes salieron de su zona de confort, los padres de repente se vieron enfrentados a que la escuela estaba dentro de su casa y que ellos tenían responsabilidades para que entonces la educación formal siguiera funcionando, y los niños de repente se encontraron con una cantidad de reglas de juego muy distintas. Ahora, la escuela del día después del coronavirus no va a llegar como un efecto natural de la crisis. Llegará si nos detenemos a pensarla, construirla con compromiso y sobre todo capitalizando estos aprendizajes que nos dejó la situación de emergencia.

Yo creo que pueden pasar dos cosas. Una, que nos confundamos, como sucede mucho en la educación, y que creamos que la educación a través de herramientas tecnológicas, a distancia, sin presencia humana puede reemplazar la educación presencial. Eso sería un error grave porque la educación tiene que ver con conexión humana y con que eso que nació ser humano devenga en persona. Y solo deviene en persona cuando hay otro que colabora en esto. Entonces, puede haber un error y puede haber muchos intereses económicos, porque podemos ver grandes organizaciones que traen la solución mágica de que te pueden dar todo el currículo en estrategias online. Pero ese riesgo lo corremos sobre todo los sistemas educativos que tenemos el mal hábito, de hace muchos años, de enfocarnos en lo curricular, de reducir la educación a la entrega de contenidos.

O sea, si seguimos entendiendo que la educación es un delivery de contenidos, donde un maestro enseña pero no le preocupa demasiado si el niño aprende o cómo aprende, probablemente las estrategias tecnológicas, el online, agarre un buen espacio. Ahora, si con esto reflexionamos y nos damos cuenta de que en realidad “el delivery” y esa ansiedad por cumplir con el currículo, es solo una parte del corazón de la educación, las herramientas tecnológicas van a ser una herramienta más como en su momento lo fue el pizarrón. La dimensión que tome va a tener que ver con los paradigmas pedagógicos con los que continuemos.

Esta pandemia le devolvió al docente la noción de responsabilidad directa que tiene en las posibilidades de que un niño aprenda, que esa es una de las grandes fallas que tenemos en el sistema educativo, que los niños en la escuela aprendan un poco o cosas obsoletas. El docente vuelve a encender esa chispa de encontrarle sentido a su vocación.

Me imagino el aula con un rito sanitario nuevo antes del ingreso a la institución: con un lavado de manos, una desinfección de los materiales que se ingresan, una distancia entre los padres que esperan, que llevan y que traen a los niños afuera, con una comunidad que quizás no puede acumularse como en otros momentos. Pero quiero imaginarme salones con niños que juegan entre ellos, que se dan la mano para mostrar aquello que están haciendo, que se dan un abrazo, que pueden jugar con todo el contacto físico que precisan, con una maestra sin tapabocas, con una maestra que devuelve el gesto humanizante que es básico para la educación. Me lo imagino en las primeras etapas con espacios de recreo un poco más vacíos, un poco menos alborotados y con menos griterío, porque van a ser usados por menos cantidad de niños por vez. Yo me imagino una escuela que abrace al niño de manera figurada y de manera literal. Que abrace nuevos paradigmas pedagógicos que hayan surgido de la reflexión de esto que nos golpeó tan fuertemente, y que devuelvan la responsabilidad al docente, la responsabilidad a los padres y el entusiasmo a los niños en los procesos de enseñar y aprender dentro de la escuela física.

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Juan Mercant

Energía

Juan Mercant y Alejandro Perroni

Abogado y Contador. Integrantes del Observatorio de energía y desarrollo sustentable de la Universidad Católica.

En materia de energía hay cosas interesantes que ya estaban pasando y que van a pasar con independencia del Covid. En todo caso alguna se acelerará más, o irá más lento.

Los fundamentos no se vieron alterados, no es que pasó algo por lo que la gente no consumió más energía, todo lo contrario. El PBI y los consumos energéticos van muy de la mano.

Hay preocupación y peligro de volver a escenarios proteccionistas y de una fuerte impronta del sentido nacionalista. Es un riesgo importante para un país pequeño como Uruguay, que tiene que seguir aportando a economías abiertas y competitivas a nivel regional y global y tratar de escapar a esas tentaciones de cerrarse ante los problemas.

Pero, al mismo tiempo, nos obliga a tener una estrategia que sea lo suficientemente fuerte en términos de independencia, o toda la independencia a la que pueda apuntar un país como el nuestro. Cuando se menciona la importancia de incrementar las energías solares y el uso de gas, hablamos no solo de una diversificación sino de una diversificación que genere más posibilidades externas. Con un escenario de volatilidad con respecto al petróleo, si no tuviéramos energías renovables nuestro escenario fiscal sería, probablemente, dramático.

En esa misma línea, creo probable que haya -y en algún punto ya hay- autogeneración. La generación individual está asociada con que cada familia esté en condiciones de generarse su propia energía. Entonces, deberá haber reglas claras con cómo se usa esa energía. Eso tiene que ver con el almacenamiento, con la distribución, con el transporte.

Las opiniones están muy divididas sobre si esto va a significar una disrupción significativa o va a tener poco impacto en el largo plazo en materia de energía. Independientemente de esto, creo que las macro tendencias van a seguir de alguna forma, un poco más rápido o un poco más lento. Si hay algo que va a cambiar seguro son los planes de riesgo, los planes de contingencia de las compañías y la digitalización para tratar de apresurarlos en todas las empresas.

Hay un cambio cultural que viene a nivel global: mayor preocupación en las personas y en la familia por cambio climático, energía limpia, y el impacto de la gestión energética sobre el medio ambiente en general. Esa es una tendencia que va a continuar y va a mayores exigencias sociales por tener sectores muchísimo más sustentables de lo que tenemos hoy. Asociado a temas de digitalización, cada vez vamos a tener más algoritmos y devices en nuestros hogares y empresas que tomen decisiones energéticas por nosotros.

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María Inés Fariello

Ciencia

María Inés Fariello

Doctora y máster en matemáticas aplicadas

Con el virus, la ciencia subió a primer plano súper rápido y la gente empezó a escuchar mucho más a los científicos. Ante una noticia, surge la pregunta: ¿qué dicen los científicos sobre esto? Entonces, al haber un delay tan cortito, no se instala la idea en la sociedad y los científicos tenemos tiempo de decir “no, esperen, miren que esto no es verdad”. En la ciencia ya estamos entrenados para, cada vez que aparece un nuevo artículo, buscar dónde está, qué conflictos de interés tiene. Pero con otras cosas ha pasado que sale en el periodismo, llega a un montón de gente y después sale un científico pero, ¿quién es este para decirte algo? Ya está; la gente ya se convenció de lo otro.

Podemos pensar lo que ha pasado en Uruguay. Aquí por suerte el sistema de salud respondió bastante rápido en relación al sistema de seguimiento de contactos y en el testeo también. Todo eso dio muy buenas capacidades: se te prende un foquito y ya vienen los bomberos y están arriba apagándolo. Tener la cuarentena ayudó un montón porque la gente no se estaba moviendo y podías aislar más fácilmente los casos. Entonces, en Uruguay se formó una buena capacidad de respuesta y se puede seguir aumentando.

No sabemos cómo va a ser el final de la pandemia porque es como predecir el tiempo. El tiempo lo podés predecir unos días, pero después no. Mi opinión, en función de lo que veo y de lo que ha pasado en otros países, es que el virus se va a mantener en un nivel bastante bajito, que cada tanto puede que caiga alguna población sensible. Hay que hacer el mayor esfuerzo para que eso no pase. Mantenerlo muy controlado porque sabemos que con las personas mayores y con las que tienen ciertas debilidades puede ser súper peligroso. El virus va a seguir bastante tiempo ahí. El tema es cómo responde la sociedad y cómo sigue respondiendo. Si tiramos la chancleta puede ser un desastre nuevamente. No estamos liberados. Es difícil predecir porque depende de muchos factores y de la responsabilidad individual.

En cuanto a las medidas de higiene, capaz que sostener el uso del tapabocas, de repente cuando estás enfermo, te enseña el respeto por el otro, más allá de contagiarte vos. Si nos dejara un poquito más solidarios sería fantástico. Espero que realmente haya cambios y que todo esto que vivimos haya servido realmente para algo.

El científico puede ayudar en muchos más problemas. Hay un montón de gente que hace ciencia en todas las áreas y la investigación en ética es muy importante también. Entonces, es clave tener esa consciencia de qué es ciencia y saber que está en todos lados. Ojalá se mantenga este espacio que se ha generado y que no olvide, porque hay un montón de capacidades en el país. Nosotros tenemos que buscar una mejor manera de divulgar el conocimiento.

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Miguel González

Internet de las cosas

Miguel González

Ingeniero eléctrico, especialista en internet de las cosas.

El coronavirus trajo consecuencias negativas para el internet de las cosas porque la contracción de la economía lleva a una ausencia de inversiones en este tipo de tecnología, que disminuyen por no tratarse de una necesidad básica en este momento.

Pero, por otro lado, yo creo que esta crisis desnuda las falencias de las empresas en términos de automatización y digitalización de los procesos. Porque el coronavirus generó de un día para el otro la ausencia de personal y recién ahí se dieron cuenta de todas las tareas que podrían ser reemplazadas fácilmente por una máquina. No todo, obviamente, pero muchas cosas sí.

Si más empresas, o incluso el gobierno, decidieran invertir en este tipo de tecnologías, sería una gran solución. Yo trabajo en una empresa que da soluciones de Internet of things (IOT). La gran mayoría de nuestros clientes que decidieron invertir en su momento en esta tecnología, ahora con esta crisis no tienen problemas porque están monitoreando los procesos de sus empresas con IOT desde su smartphone. Pueden accionar válvulas, prender y apagar cosas, controlar las temperaturas de heladeras (en un supermercado, por ejemplo), el consumo que tienen por diferentes procesos. Hay infinidad de posibilidades en ese sentido. Además de la optimización, no necesitás tener gente para chequear los objetos constantemente porque ellos mismos te avisan cuando algo está mal.

Si el coronavirus se volviera algo permanente o se extendiera por mucho tiempo, el IOT empezaría a ser una necesidad básica en algún punto: una solución necesaria porque el mundo tiene que seguir funcionando. Pero no solo por el coronavirus. Yo creo que las empresas tienen que tender a ser cada vez más óptimas y rentables.

Se podría aprovechar el internet de las cosas en los hospitales. Podrían utilizar sensores que, al conectarse con el contador de pulsaciones, la presión arterial, los respiradores, etc., detectaran cualquier cambio extraño. En una sala de hospital llena de pacientes infectados por coronavirus, los enfermeros no necesitarían entrar a cada rato para chequear que todo esté en orden, sino solo cuando los sensores detectaran una anormalidad en los signos vitales del paciente. Incluso podrían poner cámaras, por si quisieran tener contacto visual, y vigilar de forma remota. Y recién en el momento en que hubiera un problema, se prepararían para asistir al paciente.

Mi miedo sería que la pandemia no cambiara nada. Me encantaría que las empresas fueran más productivas en términos de eficacia, que empezaran a utilizar más la tecnología y les brindaran a sus trabajadores la información que eso requiere. Pero nadie sabe qué va a pasar. Por ahora, como toda crisis, presenta desafíos y dificultades a resolver, lo que significa una gran oportunidad para encontrar soluciones que nos permitan salir mejor de lo que estábamos.

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Pablo Schiavi

Derecho

Pablo Schiavi

Abogado y experto en derecho de la información

Los principales impactos a nivel de teletrabajo o a nivel laboral en general se van a empezar a ver ni bien la situación se revierta, con todas las cosas que aún no están funcionando en situación de normalidad. Los impactos se van a ver pronto, diría que en el segundo semestre de este año o en el primer semestre de 2021.

Si bien las empresas siguieron funcionando con los empleados trabajando desde sus casas, eso obviamente va generar un replanteo y quizás lamentablemente tenga consecuencias desde el punto de vista de las contrataciones. Y no lo veo solo en una pérdida de empleo, sino que en el sentido de que se van a replantear los contratos de trabajo si la tarea se realiza en otro lado que no sea en la propia empresa. También caen muchos paradigmas: solo el hecho de tener grandes oficinas, grandes infraestructuras edilicias para prensa, para abogados, para escribanos, cuando el mundo siguió funcionando sin hacer uso de todos esos edificios, también es causa de otro cuestionamiento que ha generado esta crisis.

Se tienen que discutir nuevas condiciones de contrato de trabajo: de lo que hace al horario, a todas las herramientas que tu empleador te tiene que proporcionar, aspectos de seguridad, aspectos de confidencialidad. Lo que se empezará a medir es la productividad y capaz no estar ocho horas frente a una máquina haciendo nada.

En nuestro país lo que se impone es una nueva regulación a nivel del derecho del trabajo para contemplar las nuevas condiciones que imponen estos cambios de situación. En el Parlamento se está discutiendo una ley de teletrabajo; eso es importante y se va necesitar cuanto antes.

Por otro lado, en cuanto a la privacidad con el uso de tecnología a nivel laboral, en este momento estamos compartiendo conversaciones a través de plataformas en las que a veces no leemos las condiciones de privacidad y los términos de referencia. En algunos países ha habido denuncias. Sí, estamos un poco expuestos en ese sentido, pero son las herramientas que tenemos hoy. Lo importante ahí es que cuando una empresa toma esa herramienta, sea la que sea, como parte de su herramienta de trabajo, hay que tener muy en cuenta el tema de la seguridad de las conversaciones laborales. Porque obviamente si algo se filtra podés generar un daño a la empresa, a los empleados y a los clientes de esa empresa. Este tipo de crisis se expone mucho en redes sociales.

Nuestro país siempre ha sido, en todas las ramas del derecho, receptivo de soluciones más modernas de otros países. Cuanto antes pueda llegar la regulación, mejor, porque daría luz a muchas situaciones que se plantean en la práctica y que los jueces resuelven con leyes de siglos pasados.

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Créditos:

Por El País: Paula Barquet - Florencia Traibel- Nicolás Pereyra - Diseño TI

Por la UM: Lucas Perini - Federica Bordaberry - Tatiana Oviedo - María Ana González

  

   

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