Innovación uruguaya repara el daño UV en la piel que incide en el envejecimiento y conquista industria global

Con microorganismos de la Antártida, la startup Antarka desarrolló un activo que apunta a la raíz del deterioro cutáneo y fue premiado en la mayor feria cosmética del mundo.

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Foto: Peak Px.

En la Antártida, donde el sol puede golpear durante 23 horas seguidas en verano y la radiación UV alcanza niveles extremos, hay organismos que aprendieron a sobrevivir reparando su propio ADN. De ese mecanismo natural parte la innovación de la startup uruguaya Antarka, que logró traducirlo en un activo cosmético y llevarlo desde el hielo hasta el escenario global: fue distinguida como “Rising Star” en la mayor feria del sector.

Ese activo —ANKros-CPD— se basa en una enzima capaz de identificar y reparar lesiones específicas en el ADN provocadas por la radiación ultravioleta, uno de los principales motores del envejecimiento cutáneo. A diferencia de la mayoría de los ingredientes cosméticos, que actúan sobre los efectos visibles, la propuesta apunta a la raíz del problema: preservar la integridad genética de las células de la piel. Se estima que hasta el 80% del envejecimiento visible de la piel está asociado a la radiación UV, que penetra en las células, altera su ADN y afecta funciones clave, acelerando el deterioro estructural.

El camino hasta ahí no fue inmediato. La investigación empezó hace más de una década en la Facultad de Ciencias de la Udelar, cuando parte del equipo de Antarka comenzó a estudiar microorganismos antárticos expuestos a condiciones extremas.

Como explicó el biotecnólogo Juan José Marizcurrena, la Antártida "no es solo hielo y nieve", sino también un entorno con niveles muy altos de radiación UV, donde los organismos desarrollan mecanismos especialmente eficientes de protección. En ese contexto, planteó una hipótesis: “Esos microorganismos debían ser los primeros en adaptarse” a esas concentraciones hostiles de radiación UV.

Así se aislaron bacterias particularmente resistentes y, dentro de ellas, se identificó una familia de enzimas —las fotoliasas— capaces de reconocer y revertir el daño genético causado por el sol. “La podemos pensar como una maquinita que busca el daño en el ADN y usa la energía de la luz para revertirlo”, describió.

El desafío siguiente fue trasladar ese mecanismo fuera del laboratorio. Primero comprobaron que la enzima podía ingresar a células humanas y reparar el ADN en cultivos. Después, ya en el marco de la startup fundada en 2023, avanzaron hacia modelos más complejos: demostrar que el activo podía penetrar la piel en una formulación cosmética y mantener su funcionalidad.

“Desde los ensayos preliminares vimos que, en 24 horas, la enzima podía ingresar a la célula y reparar el daño generado por UV”, agregó.

Los ensayos no solo confirmaron esa capacidad, sino que abrieron una puerta inesperada. Pensado inicialmente como un activo preventivo —capaz de reducir el daño acumulativo—, el ingrediente mostró también efectos correctivos. En pruebas clínicas, su uso sostenido se asoció con mejoras visibles en la calidad de la piel: un aumento de 28,7% en la elasticidad, 25,4% en la firmeza, una reducción del 18% en arrugas y del 19,3% en la hiperpigmentación.

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Antarka

Detrás de esos resultados hay un mismo mecanismo. La radiación UV no solo genera daño directo en el ADN, sino que acelera la degradación del “andamiaje” que sostiene la piel: el colágeno, la elastina y otras proteínas de la matriz extracelular. A medida que esa estructura se deteriora, aparecen los signos clásicos del envejecimiento, como la pérdida de firmeza, elasticidad y la formación de arrugas. La exposición prolongada a la radiación UV también tiene consecuencias más profundas: además del envejecimiento prematuro y las manchas, está asociada a un mayor riesgo de desarrollar lesiones y cáncer de piel. Al intervenir sobre el daño molecular que dispara ese proceso, la tecnología no solo apunta a prevenirlo, sino también a revertir parte de sus efectos.

Ese hallazgo llevó al equipo a ampliar el enfoque inicial. “Estamos viendo que esto no es solo una tecnología cosmética, sino que entra de lleno en lo que es longevidad”, planteó Marizcurrena. La posibilidad de reparar el ADN y, al mismo tiempo, mejorar marcadores asociados a la estructura y función de la piel abre nuevas líneas de investigación: desde estudiar su impacto a largo plazo hasta identificar otros mecanismos biológicos que puedan trasladarse desde organismos extremos a aplicaciones concretas.

En esa línea, el desarrollo de ANKros-CPD aparece como un primer paso. La empresa ya trabaja en ampliar su portafolio, explorando nuevas enzimas y proteínas provenientes de ecosistemas antárticos, con la idea de profundizar en un enfoque que va más allá de lo estético: preservar la salud de la piel en el tiempo.

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Equipo de Antarka en el laboratorio.
Foto: Antarka.

Revelación ante grandes de la industria

Con esa base científica, Antarka llegó a in-cosmetics Global, la principal feria de ingredientes cosméticos del mundo, con un objetivo claro: validarse frente a la industria. No era un escenario menor. En el evento —que reúne a más de 15.000 profesionales y a los principales actores globales del sector— la startup uruguaya se presentó por primera vez con una tecnología propia, compitiendo con compañías multinacionales.

La apuesta era ambiciosa. Además de postularse al premio “Rising Star”, que distingue a las empresas emergentes más innovadoras, también quedó nominada en la categoría de mejor ingrediente activo, junto a desarrollos de grandes jugadores de la industria.

El reconocimiento llegó en la primera jornada. Antarka fue elegida como “Rising Star”, un premio que destaca el potencial de irrupción y la capacidad innovadora de nuevos actores en el sector.

“Para nosotros es un salto de escala”, explicó Stefano Valdesolo, cofundador y CEO. “Estar en esa vidriera implica que las marcas del mundo te vean, te pregunten y validen lo que estás haciendo. Esa validación acelera todo el proceso de comercialización”.

Hoy, Antarka es un equipo de siete personas que combina perfiles científicos y de negocio, en articulación con la Universidad de la República. El lanzamiento de ANKros-CPD es, por ahora, su primer desarrollo. Pero el proyecto apunta más lejos: seguir explorando los mecanismos de adaptación de organismos antárticos para transformarlos en nuevas aplicaciones biotecnológicas, con un foco creciente en longevidad.

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