PANDEMIA

Coronavirus: ¿cómo será la vida después de la vacuna?

Los especialistas admiten que será difícil volver a la “vieja normalidad”. ¿Cómo y cuán rápido se logrará la inmunidad?

En todo el mundo están en desarrollo más de 180 vacunas y hay cuatro que se encuentran más firmes y ya iniciaron la llamada “fase tres”, que implica ensayos clínicos a gran escala. Foto: AFP.
En todo el mundo están en desarrollo más de 180 vacunas y hay cuatro que se encuentran más firmes y ya iniciaron la llamada “fase tres”. Foto: AFP.

La carrera por la vacuna contra el coronavirus entró en una fase decisiva a nivel global y lo político se mezcla con lo científico. Pero lo cierto es que nunca antes en el mundo se dedicó tanto dinero y energía para intentar conseguir una vacuna eficaz como sucede con el SARS-CoV-2.

Están en desarrollo más de 180 candidatas y hay al menos cuatro que se encuentran más firmes e ingresaron a la fase tres, que implica ensayos clínicos con humanos a gran escala (ver aparte). No obstante, nada indica que pueda existir una vacuna desarrollada en forma masiva y con una eficacia alta antes del próximo año. Una vez que eso suceda se abren muchas interrogantes. ¿Cómo serán nuestras vidas? ¿Se podrá volver a la vieja normalidad y el virus será historia? ¿Se logrará rápido la llamada inmunidad de rebaño? ¿De qué depende eso? Con matices, hay respuestas a esas preguntas. Pero, si algo está claro, es que los milagros no existen, sino que más bien habrá que tener una alta dosis de paciencia.

Para empezar, una vez que una o más vacunas estén disponibles y validadas, Uruguay apelará al fondo Covax Facility, gestionado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Alianza Mundial de Vacunas. Por esa vía buscará tener las dosis necesarias.

Pero, si pensamos en el futuro y en la posibilidad de volver en algún momento a algo así como la “vieja normalidad”, hay un concepto que es relevante: la eficacia de la vacuna, así como la cantidad de dosis necesarias para lograr la inmunidad.

Cada virus es un mundo. Veamos algunos ejemplos para entender un poco más. La vacuna contra la gripe tiene una eficacia que varía entre el 40 y el 60% y por eso se necesita una gran cobertura de vacunación, además de dosis anuales. En el otro extremo, la del sarampión tiene entre 95 y 99% de eficacia luego de dos dosis, y la del polio son cuatro dosis para llegar al 95%.

En el caso del COVID-19 lo sensato sería un mínimo de efectividad de un 60% y una cobertura de más del 75% de la población, dice a El País el doctor en Ciencias Biológicas Santiago Mirazo, especializado en virología. La OMS, por lo pronto, pide que al menos sea 50% eficaz, mientras que los desarrolladores estarían conformes con “hasta menos del 50%”, admite la infectóloga Victoria Frantchez, profesora adjunta de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas.

La “vacuna ideal” -según afirmó hace unos días, en una jornada científica organizada por la cátedra, el investigador español Adolfo García-Sastre, quien es jefe de patógenos emergentes del Hospital Monte Sinaí de Nueva York- es aquella que en una sola administración logra protección por largo tiempo en todos los grupos. Pero incluso una vacuna que proporcione “protección parcial” por un año y después de varias dosis “ayudaría mucho en este momento”, indicó.

Dosis de la vacuna contra el COVID-19. Foto: Reuters
Son varios laboratorios tras la vacuna contra el COVID-19. Foto: Reuters

El otro factor relevante es el de los plazos: si todo sale bien, esta sería una vacuna lograda en tiempo récord. Frantchez advierte que, en general, pasar las diversas fases, incluyendo la producción y comercialización, lleva “como muy rápido” cuatro años, pero lo habitual son unos 10 años. “Para la varicela se demoró 20 años y contra el HPV 15 años”, dice el virólogo Mirazo y después aclara: “En este caso la inversión monetaria es otra y eso acorta los tiempos”. Pero además admite que este parece ser un virus “bastante simple y que se modifica menos”.

Entre las vacunas en carrera en la fase tres está la de Universidad de Oxford y AstraZeneca, una realizada por la empresa estadounidense Moderna, otra de la compañía alemana BioNTec junto a Pfizer y la china Sinovac Biotech.

Mirazo está convencido que para mediados de 2021 podría haber una producción en volumen que permita alcanzar a gran parte de la población mundial. El infectólogo Henry Albornoz, profesor adjunto de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas, habla de un período de “seis a ocho meses” y dice que es muy probable que haya “varias vacunas disponibles”, en forma casi simultánea.

Futuro.

“Difícilmente se podrá volver a la antigua normalidad”, al menos en el período posterior a la vacunación, avisa el infectólogo Eduardo Savio, coordinador del Comité de Inmunizaciones de la Asociación Panamericana de Infectología. Y dice que habrá que esperar para los viajes sin mayores controles, fiestas y fin de la distancia social, entre otros factores. “Desconocemos cuánto durará la potencial inmunidad adquirida por la vacunación y hay una larga lista de incertidumbres a resolver”, explica y en esa lista se incluye la eficacia y la disponibilidad de la vacuna.

El profesor Julio Medina, director de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas, coincide: “La normalidad total, como la conocíamos antes, no es previsible que se logre en el horizonte cercano”.

El virólogo Mirazo es un poco más optimista que los demás y dice que, si hay una relativa buena efectividad de la nueva vacuna, complementada con una gran cobertura en la población, “se puede volver a una vida como la que considerábamos normal hace unos seis meses atrás”.

Si la eficacia de la vacuna es del 50% o aún menos, ¿igual sirve? “Si tiene un costo asequible y no causa ningún efecto adverso, siempre es mejor que nada”, responde Frantchez. En ese caso, la gente no se enfermaría “tan gravemente”, pero no parará la difusión del virus. Si la eficacia es de más del 90%, “ahí cortás la infección” y desaparece la enfermedad. Frantchez cree que ese escenario es poco probable, sino que más bien no será una vacuna de muy alta eficacia.

Rusia anuncia que ya produjo la primera partida de su vacuna contra COVID-19 Foto:EFE
Rusia anuncia que ya produjo la primera partida de su vacuna contra COVID-19 Foto:EFE

Cuando esté difundida, es posible que pase a ser un requerimiento para viajar y, en una primera etapa, las fiestas masivas se harán en “espacios más grandes y con menos personas, por lo menos por un tiempo prudente con mínima o nula circulación del virus”, dice Albornoz.

¿Y si no aparece una vacuna lo suficientemente efectiva o segura? Esa es una posibilidad, dicen los especialistas y sería un golpe duro. “Yo tengo fe de que se puede resolver con una pasada de vacunación, pero también hay que ser realistas. Hay ejemplos de sobra en la historia de vacunas que no se lograron”, dice Mirazo. Y repite: “De sobra”. En esa lista aparece, por ejemplo, el virus respiratorio sincicial -el principal virus en niños-, el adenovirus, virus herpes, hepatitis C y VIH.

Claro que hay otros virus que sí tienen vacuna: viruela, fiebre amarilla, polio, sarampión, paperas y rubéola, hepatitis B, varicela, rotavirus y el virus del papiloma humano.

Frantchez piensa en una opción peor que la del fracaso de la vacuna: que haya “una gran presión” de los gobiernos y laboratorios que hagan “meter en el mercado una vacuna que no sea efectiva y que no sea del todo segura”. Y advierte: “Esa carrera por quién llega primero puede comprometer la credibilidad de todo el sistema vacunatorio”.

Los negocios con laboratorios “desde el pozo”

Varios laboratorios asumieron el riesgo de comenzar a fabricar millones de dosis de la vacuna sin que aún esté verificada y aprobada. Si fracasan las pruebas, las tiran. Incluso, dice a El País el profesor Julio Medina, director de la Cátedra de Enfermedades Infecciosas, hay países poderosos como Estados Unidos y algunos de Europa que han negociado “desde el pozo” con los laboratorios. O sea, se aseguran la compra por millones antes que esté comprobada la eficacia.

¿Y cuáles son las diversas etapas hasta que una vacuna es aprobada? Después de una etapa preclínica de exploración, viene la fase uno: ensayos en un grupo de no más de 50 a 80 adultos jóvenes sanos. La segunda fase es con un grupo algo más amplio, desde varios cientos hasta unas 3.000 personas, según el caso. Se prueba la seguridad (efectos adversos) y la efectividad, es decir la capacidad de generar anticuerpos que neutralicen el virus.

La tercera fase son los grandes ensayos. Es lo que inicia ahora un grupo reducido de laboratorios. Ahí está la clave del éxito de la vacuna. “Pueden ser desde decenas a cientos de miles de personas. En este caso probablemente sean más de 40.000 personas”, dice el virólogo Santiago Mirazo. Además, se prueba en diferentes etnias, poblaciones y edades. Esta fase lleva varios meses porque hay que hacer un seguimiento. El último paso es el registro y la producción en masa. A veces hay una fase cuatro, sobre todo en vacunas de virus atenuado, que son más riesgosas. Se trata de un monitoreo más prolongado.

Orden: ¿quiénes se vacunarían primero?

Lo habitual es que las vacunas sean “poco inmunogénicas” en personas de edad avanzada y en este caso ese dato será vital para ver si se las prioriza. Los especialistas coinciden que en el primer grupo se debería incluir a quienes tienen enfermedades crónicas que se asocian a más riesgo de COVID-19, como diabéticos o hipertensos (“el problema es que es una enfermedad muy prevalente”, dice Julio Medina). En esa priorización entrarían trabajadores de la salud, policías y docentes.

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