Salud, trabajo, dinero y amor. Esos fueron los pedidos más repetidos ayer a la diosa del mar, en otro 2 de febrero, en la playa Ramírez, durante la fiesta de culto a Iemanjá.
El ritual es siempre el mismo. La persona enciende una vela blanca o celeste (los colores más frecuentes). Luego, con su ofrenda en mano camina hacia el mar. Deja pasar siete olas o da siete pasos, según prefiera (el siete es un número místico de la religión) y, por fin, deja flotando su regalo a la diosa.
Los afro-umbandistas invocan a la diosa del mar, Iemanjá, con oraciones, bailes, cantos y tambores. Es una fecha que viene de Brasil, y está considerada como el día en que se le rinde culto a la diosa. Popularmente se asocia el ritual con la brujería, cosa que los fieles desmienten. "Esta religión hace el bien", dicen.
La playa Ramírez es el principal escenario de esta fiesta. Tal vez por la cercanía al monumento a la diosa del mar, sobre la rambla Wilson. Otra es la playa del Buceo, a la que también se acercan muchos fieles.
Los curiosos siempre están. Son los que llegan vestidos con un short de baño -como en cualquier día de playa de febrero-, que se acercan a observar la danza de los fieles que convocan espíritus o hacen limpieza del aura.
Ayer hubo cerca de 500.000 personas en la costa, tanto fieles como curiosos.
mercado. Tal vez la novedad sea la industria que se generó alrededor. A diferencia de otros años, la rambla y el Parque Rodó -sobre todo en la acera de la avenida Sarmiento- se convirtió en una verdadera feria temática. Se vendían flores, canastas para las ofrendas (los tradicionales barquitos de espuma plast), joyas, imanes con la imagen de la may Iemanjá, sobres para guardar cartas con pedidos escritos, velas (incluso algunos en jarras de vidrio con leyendas bastante inusuales como "aguante el manya" y "fuerza tricolor"), caracoles y artesanías.
Además de estos, están los que se suman a la feria con productos que nada tienen que ver con la religión y el culto a la virgen del mar: venden gorros, camisetas, mochilas y alpargatas. No faltaron los carros de chorizos, los vendedores de helados y garrapiñada, ni los oportunistas que quisieron hacer "el mes" vendiendo bebidas espirituosas. La mae Susana Andrade, una referente de la religión umbanda, le pidió a un comerciante que se retire; "estaba vendiendo vino a $ 18", dijo.