Con la cordial bienvenida de Brasil, Buzios y Río de Janeiro esperan con los brazos abiertos a los turistas con una paleta multicolor de propuestas para todos los gustos.
Un grupo de viaje integrado por el diario El País voló en las confortables alas de Tam Airlines para recorrer, descubrir y vivir los encantos de esta tierra bendecida por la naturaleza, de la mano de la agencia mayorista de hoteles Top Tour.
A 190 kilómetros al este de Río de Janeiro, esperaban las magníficas bellezas de Buzios. Nacida como aldea de pescadores, hoy se consagra como destino turístico destacado en la región y el mundo. Esta península de apenas 8 kilómetros (que puso de moda con su visita en 1964 la estrella de cine francés Brigitte Bardot) es el hábitat natural para una cadena de 23 playas soñadas, el turismo aventura, la vida nocturna y la diversidad cultural.
Con una temperatura promedio anual de 26°, el sol brillante, el agua cristalina y el aire puro son el gran atractivo de Buzios. Algunas de las playas más populares son Azeda, Ferradura, Tartaruga, Joao Fernández, Ferradurinha, Rasa, Manguinhos, Brava e Olho-de-Boi, esta última reservada para la práctica del nudismo. Los amantes del surf, en cambio, prefieren las olas del mar abierto que se encuentran en Geribá y Tucuns.
Buceo, snorkel, surf, windsurf, kitesurf, wakeboard, aladeltismo, paracaidismo o mountain bike son algunas de las opciones entre una larga lista de deportes que se pueden practicar, entre tanta vegetación que abunda en Buzios. Hoteles y posadas recorren los morros con vistas panorámicas únicas, de una ciudad que posee un estilo arquitectónico propio, en donde todas las construcciones no pueden sobrepasar los dos pisos, de acuerdo con una resolución amparada por una ley promulgada en 1979.
En la recorrida organizada por la operadora Happy Days por el casco antiguo de Buzios, nos encontramos con Víctor, un uruguayo que todavía añora su querido Barrio Sur y que, como buena parte de los visitantes, fue de vacaciones a Buzios y hechó raíces allí.
Tampoco se puede pasar por alto una visita a Punta Lagoina, que por sus formaciones rocosas, piscinas naturales, rica fauna marina y vegetación nativa cautiva al espectador por su singular belleza, además de Pozo de las Tortugas y Orla Bardot, el principal punto de la ciudad bautizado en homenaje a la actriz, que va desde playa do Canto hasta donde termina la playa Armacao.
Al caer el sol, la movida nocturna enciende sus motores en este paraíso natural. Restaurantes, bares, pubs y discotecas se encuentran en la carta de atracciones. La noche en Rua das Pedras se extiende hasta el amanecer entre aromas y sabores, shows en vivo, las mejores marcas nacionales e internacionales, artesanías, galerías de arte y la música de las discotecas.
Así, ya es tiempo para regresar al hotel y descansar para iniciar los días de recorrida por Río, la ciudad maravillosa coronada por el Cristo que se ubica en lo más alto del Corcovado con una vista panorámica privilegiada sobre la bahía de Guanabara. La música y la hospitalidad del carioca invaden cada rincón de la ciudad, que vive el día a día a su propio ritmo, como un péndulo que oscila entre la intensa actividad y los distendidos paisajes naturales.
Copacabana e Ipanema son los reductos obligados de aquellos que buscan excelentes playas y las actividades al aire libre. Son fuente constante de inspiración creativa para la música, el cine y el arte dentro y fuera de fronteras brasileñas.
La rambla costanera, que es el eje turístico de la ciudad, recorre distintos barrios que fusionan culturas y costumbres diferentes. Los boliches instalados al pie de la arena blanca salpican el escenario natural con sus verdes cocos y nobles bebidas, donde la cerveza y la caipirinha son las reinas del lugar.
Por los barrios, no se puede pasar por alto la visita a los Arcos de Lapa, lugar adonde nace el samba. Durante el Carnaval, Río exhibe sus máximos brillos que recorren las calles cariocas hasta llegar al reducto del sambódromo en un espectáculo multicolor de música, baile y arte. Mientras se aguarda la gran celebración anual con creciente expectativa, en Lapa todos los días se vive una fiesta auténtica.
Mientras tanto, en Santa Teresa aguarda el "tranvía amarrillo" para recorrer este barrio que se caracteriza por sus diversos caserones antiguos, calles de estilo paralelepípedo, iglesias coloniales y ateliers, donde se confeccionan los tradicionales trajes del carnaval carioca.
El Centro, como se conoce la zona adonde Río fue fundada, actualmente se presenta como un auténtico museo a cielo abierto, repleto de iglesias y construcciones históricas. Es interesante visitar la avenida Central, donde se respira un aire de los bulevares de París.
Tanto a la luz del día como bajo las estrellas, el Pan de Azúcar ofrece un espectáculo asombroso a los ojos curiosos. Subir en teleférico es toda una aventura, para después gozar de una ciudad maravillosa que se tutea con la naturaleza en su estado más puro.
Tanto los jóvenes como aquellos que ya peinan canas disfrutan con la visita al estadio Maracaná, que un puñado de "leones uruguayos" supo silenciar a fuerza de coraje, buen juego y, sobre todo, dos golazos allá por el año 50. El grupo de viaje hace un alto a la recorrida y acuña un deseo colectivo: "¡Vamos Uruguay!"
El actual nivel de seguridad que se respira en Río también llamó la atención. A nivel oficial, con la colaboración del sector privado, se han tomado las debidas medidas para que cariocas y turistas sigan disfrutando de este paraíso. Así es posible bajar a la playa hasta con la propia custodia del hotel. Por esas latitudes, la delincuencia y la violencia ya no ocupan las primeras planas de los diarios ni de los informativos de televisión.
Ya es tiempo del regreso a Montevideo a bordo del boeing de TAM con diez nuevos expertos turistas uruguayos sobre los encantos de Río de Janeiro y Buzios.
La cifra
260 Es la temperatura anual promedio en la ciudad de Buzios, ubicada a casi 200 kiómetros al este de Río de Janeiro.