FLORIDA | FEDERICO IGLESIAS
De Reboledo ya no se va la gente. Tampoco de Cerro Colorado. Lejos de seguir el camino del despoblamiento de la campaña como ocurre en muchas zonas rurales, en estos dos pequeños pueblos de Florida se registra un fuerte crecimiento.
En medio de una pujante zona forestal, los habitantes de estos poblados sienten día a día los cambios que sobre ellos impone el desarrollo de la industria de la madera. Ya nadie habla de desocupación y no queda ni una vivienda vacía.
Mientras que Cerro Colorado, con una población que supera las 1.400 personas, comenzó ese proceso de transformación hace algunos años, Reboledo lo está iniciando ahora.
La población de Reboledo alcanza las 500 personas, según un relevamiento realizado recientemente por la propia ciudadanía. Esto supone un crecimiento demográfico de 24% en menos de dos años, ya que en el último censo de población, en 2004, se registraron 377 habitantes.
Miguel Muñoz, funcionario público y suplente de edil, expresó a través de una exposición en la Junta Departamental que es necesario resolver urgentemente el problema de la carencia de viviendas. "El aumento de la población ha derivado de la industria de la madera y su explotación a través de las distintas etapas como es la creación de viveros, preparación de suelos, plantación, cuidados, vigilancia, tala y carga. En virtud de ello, la mano de obra, tanto del hombre como de la mujer se ha incrementado, trayendo aparejado que desde localidades vecinas se estén radicando en esta. Incrementando la mano de obra en servicios, comercios, mantenimiento y cuidados de niños", explicó Muñoz.
El pueblo tiene unas 150 viviendas, de las cuales 38 integran el núcleo habitacional de Mevir. El alquiler de una casa sencilla -como las de ese complejo- no supera los $ 1.000, aunque ese precio llega a duplicarse cuando se arriendan para cuadrillas de trabajadores zafrales, lo cual es muy frecuente.
El pueblo, que el año próximo celebra el primer centenario de su fundación, nació como un pequeño caserío que acogía trabajadores de las estancias de la zona.
Ahora, la mayoría de sus pobladores han tenido que adaptarse a nuevas habilidades en el manejo de la tierra, ya no para el pastoreo y cuidado del ganado, sino para la preparación, plantación y posterior corte de los árboles. Ese camino parece irreversible. Hace algunas semanas se concretó la venta de tres importantes establecimientos de campo en los alrededores del lugar, que totalizan unas 6.000 cuadras, que también comenzarán a ser forestadas.
Pero más allá de todo, Reboledo es un típico pueblo del interior profundo. Se formó alrededor de la vieja estación de tren y lo atraviesa la ruta 7.
MEJORAS. "Aquí, el que quiere trabajar, consigue trabajo", afirmó Raúl, un padre de familia de 26 años que está empleado hace dos meses en la forestación.
Raúl siempre se dedicó a realizar changas vinculadas a la ganadería, actividad en la que recibía unos $ 120 por día. Ahora, en la forestación, los sueldos son mejores y recibe $ 350 diarios.
Los lugareños reclaman más viviendas; 26 familias iniciaron gestiones ante Mevir. También advierten sobre la importancia de contar con un destacamento de bomberos, en medio de la creciente forestación de las tierras de la zona. Piden a la Intendencia mejorar el alumbrado público y el estado de las calles, y a Primaria volver a designar una cocinera para la escuela 26, a la que asisten más de 70 niños y la mayoría come en el lugar.
Además de la estación de tren, la comisaría y la escuela, en Reboledo hay tres almacenes de ramos generales, una tienda, una policlínica y una capilla.
Dos robos en 5 años
"Si hay algo que caracteriza a Reboledo es la tranquilidad", aseguró el cabo Juan Recoba, único funcionario de la subcomisaría de la localidad de 500 habitantes. "De los cinco años que hace que estoy aquí, recuerdo que hubo sólo dos denuncias de hurto", agregó.
La idiosincrasia de la localidad queda patente en la lenta cadencia de sus movimientos, así como en sus polvorientas calles.