"El éxito dura un suspiro pero cuando uno está en la cima piensa que será para toda la vida", confiesa Fabian Delgado, ideólogo de los Fatales y el gran responsable de que las clases altas y medias uruguayas no frunzan más el ceño ante la música tropical. Logró que sus letras fueran tarareadas por igual en Carrasco y en La Teja, tanto por un niño de 3 años, como por un adolescente o un veterano. Los doce discos de los Fatales editados en Uruguay y Argentina alcanzaron en muchos de los casos varios oros, así como los premios que podía aspirar un grupo tropical nacional.
Los Fatales lograron lo que antes había sido imposible: de la mano de temas como Pizza Muzzarella, Comadre compadre y Bicho bicho, la salsa ingresó en las casas de los barrios más exclusivos de Montevideo y Punta del Este, en los hoteles cinco estrellas y en las discotecas de moda. "Es increíble porque en una misma noche tocamos en una fiesta en Carrasco y a la hora estamos en un baile en el Cerro", dice el líder del grupo que mañana festeja su octavo aniversario.
—A ciertos artistas no les gusta hablar de salsa sino de pop latino. ¿Cómo te gusta llamar a tu música?
—El género es tropical. En el caso de Los Fatales desde que arrancamos fusionamos candombe, samba y música brasileña. En aquel momento intenté incorporar ritmos divertidos a la música tropical tradicional. Empecé con nuevas versiones de Colegiala y Don’t break my coconuts, mezclándole candombe y plena. Fue una pegada.
— ¿Cuántas fiestas y bailes llegaron a hacer en una noche?
—Entre viernes y sábado hicimos 22.
— ¿Se puede tocar y cantar medianamente bien luego de una maratón?
—Hubo falta de experiencia para darse cuenta que no se puede todo. No fue un tema económico sino porque el éxito llega junto y uno lo quiere agarrar todo.
—¿Hay cosas de las que te arrepentís?
— No. Fue un esfuerzo muy grande. Trabajábamos con doble equipamiento, mientras tocábamos en un lugar había gente preparando el show siguiente. Fue una locura y un stress terrible, pero se aprovechó al máximo. Hoy es la base de lo que tengo y de lo que he invertido para el grupo y para mi familia.
—¿Cómo lograste introducirte en las fiestas de las clases altas y medias altas?
—Cuando vi el éxito de Pizza Muzzarella supe que eso iba a pasar. Lo vi un par de años antes que sucediera. La gente tenía cierto tabú con respecto a llevar a estos grupos a sus fiestas de quince o casamientos hasta que empezaron a ver nuestra estética en los medios. Pero igual no fue fácil. Tuve que empezar tocando gratis en las discotecas.
—¿Es un tema de estética y no música?
—Sí, porque yo veía que la gente bailaba como loca nuestros temas, pero los boliches no nos convocaban a tocar en vivo. Empecé a convencer a los bolicheros y a ir a tocar gratis. No me importaba la plata, quería conquistar mercados. Es algo que mantengo hasta ahora: no me fijo en los resultados, me enamoro de las ideas y a veces gasto más de lo que gano.
—¿El éxito mareó en algún momento?
—No, pero sí me sorprendió. Lo he controlado bastante bien porque no hice esto como un negocio. De casualidad soy empresario. Pegué diez canciones en un año, algo que le pasa a uno en diez millones. Y la plata que no vi en toda mi vida, la hice ese año. Mi virtud fue prever que el éxito se iba a terminar rápido.
—¿Lograste ahorrar dinero?
— Ahora no tanto, más bien me mantengo. Pero en su momento, compré mi casa y mi auto, y compré camioneta y equipos para Los Fatales. Pero algo ha cambiado: ahora no quiero tocar en 50 lugares. No corro más. Antes siempre estaba mirando el reloj, cobraba mucho y tocaba poco. Ahora, estamos haciendo cuatro o cinco fiestas por fin de semana.
—¿Cuál fue la fiesta que más te deslumbró en todos estos años?
—La de la revista Gente en Punta del Este. Cantaban Celia Cruz y Los Fatales después, y no lo podíamos creer.
—¿Tenés amigos en el ambiente?
—Eduardo Rivero fue mi gran amigo en la música. Me dio consejos para bien, sin egoísmo y celo, algo que reina en el ambiente artístico. El me llevó a Sondor, la discográfica que nos abrió las puertas.
—Los Fatales tienen contrato con Sondor hasta el 2006. ¿Terminará todo?
—Cuando firmé ese contrato en 1996 no me fijaba si era por cinco o diez años. Yo quería grabar. Hasta el 2006 estoy con ellos. Luego, los Fatales tendrán la oportunidad de negociar un nuevo contrato.
—¿Pero es cierto que te gustaría incursionar en el tango?
—Me gusta el tango y el folklore. Por ahora estoy muy identificado con lo tropical. Tengo ganas de grabar un disco solista con todo lo que me gusta, y con invitados.
—¿Te gusta la cumbia villera?
—Personalmente, no. Son modas que vienen de Argentina y no tienen nada que ver con Uruguay. Pegó rápido en la juventud porque el ritmo es muy fácil de digerir.