Los indígenas que habitaron los suelos donde se constituyó el Uruguay, no sólo vivieron de la caza y de la pesca. Soportando condiciones climáticas y geofísicas muy adversas, se hicieron tiempo para trabajar en telares y cerámica.
En la arqueología moderna se sostiene que para obtener conocimiento no es suficiente el hallazgo de objetos. Hay que determinar las condiciones en que se produjeron, para qué se usaron, y las razones por las cuales los pobladores dejaron los sitios que ocupaban y en donde se descubrieron las piezas. Asimismo hay que definir con precisión las condiciones en que se recuperaron los artefactos enteros o sus desechos por parte de los especialistas en rescates o bien por aficionados y coleccionistas. A todo eso, que es una suma de contextos, se le denomina matriz arqueológica.
Con esa aclaración, desarrollada en forma más extensa, comienza el último libro del investigador uruguayo Mario Consens, titulado en ciencias antropológicas en la Universidad de la República, autor de numerosas publicaciones y director de varios proyectos de campo realizados en más de un continente, desde el Mercosur hasta Sudáfrica y China.
NUEVA INTERPRETACIÓN. En estos tiempos en que la "espectacularidad" ha ganado mucho terreno y alcanzó también a la promoción de cierta parte de la identidad cultural, por ejemplo a través de los días del patrimonio y la noche de los museos, el acercamiento a las propuestas que desde hace tiempo realiza Consens permite saber qué ha sido pura fantasía y qué es lo que realmente se puede probar acerca de la prehistoria del Uruguay. En su trabajo de casi 200 páginas (que ahora vuelve a ser distribuido por Gussi Libros), el autor enfrenta desde el inicio a los que bautiza como "suponedores".
Niega, por ejemplo, las teorías que calificaron a nuestra prehistoria como el "fondo de bolsa" de Sudamérica, desprestigiando así a los indígenas que poblaron estas tierras en aquellos lejanos tiempos.
En primer lugar, Consens desarrolla un análisis de las perturbaciones climáticas los cambios geográficos, a nivel topo e hidrográfico.
Detalla los movimientos oceánicos que anegaron o desertizaron amplias áreas, que alteraron el medioambiente, la ecología y por ende, cancelaron áreas habitables.
Hasta que surjan otras evidencias, Consens afirma que la prehistoria con seres humanos data de los últimos 15.000 años, y que en ese período, las temperaturas eran más bajas que las actuales: "Ello permitía que en los altos de la Cuchilla de Haedo y de nuestras principales elevaciones, se acumulara nieve casi permanente durante muchos meses".
Por otra parte, agrega que entre 4.500 y 2.200 años antes del presente fueron las nuevas estructuras sociales las causantes de los mayores impactos sobre las comunidades, y no los cambios ambientales. Múltiples formas de asentamiento proyectaron entonces nuevos procesos de transformación de las materias primas. Desde el final de este período hasta la actualidad fue que comenzó a desarrollarse el traslado náutico y a incrementarse el comercio.
CLIMA HOSTIL. De modo directo, Consens llega así a combatir la idea del nomadismo de los indígenas de nuestra prehistoria como una característica única de sobrevivencia, o como un "deambular" azaroso de sujetos oportunistas. Según sostiene: "El hecho de que los humanos ingresaran a este territorio en uno de los períodos más inhóspitos y agresivos, nos indica todo el poder de los medios no técnicos que emplearon, así como la enorme adaptación estratégica de sus modos de subsistencia (…), el manejo de los recursos, la planificación de las actividades y un establecido control social".
Otra teoría que se refuta en el libro Prehistoria del Uruguay, es la que sostuvo que los indígenas de esta parte de América sólo fabricaron artefactos en piedra y desconocieron los recipientes de cestería o el trabajo textil.
Según Consens, es cierto que la acidez de ciertas zonas ha destruido referencias, pero "sin embargo en zonas puntuales de nuestro territorio donde la acidez no es tan agresiva, (o) es reducida o neutra, los residuos de esas materias afloran sin inconvenientes".
Entre más respuestas cuestionantes, en el libro se recuerda que, pese la existencia de trabajos específicos que documentan la importancia de la cerámica, por aquí no se reconoce su trascendencia social y cultural.
"En Uruguay se han recuperado diversos modos de producción cerámica. Entre ellos, las técnicas de rodete, pastillaje y agregados que implican procesos de tratamiento distintos".
Consens agrega al respecto que también existe una estupenda variedad en las formas cerámicas, "lo que nos introduce en el análisis de cambios en los aspectos técnico-culinarios". Para el experto, esto supuso "una revolución tecnológica de la cocina, con impacto en lo socioeconómico, posiblemente igual o mayor al de la introducción del arco y la flecha".
Antes de la llegada europea
Consens sostiene que en las tierras del actual Uruguay, en períodos óptimos hubo "más de 60.000 habitantes", y no 5.000 como se ha manejado. Esta diferencia se explicaría por investigaciones recientes que calculan "la despoblación en América después de los contactos con los europeos en una relación de 20 a 1" y, en lo que es Uruguay, de entre 12 y 8 a 1. O sea que habrían sobrevivido más o menos 5.000 de los 50.000 habitantes existentes en el período previo a la colonización europea.