Dr. Eduardo Casanova.
Médico internista de UCM
Hace poco tiempo el suicidio era considerado como tema "tabú" para la opinión pública por temor al llamado "fenómeno de contagio". Sin embargo, recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS) cambió dicha filosofía recomendando una política de activa prevención a través de la difusión. Se estimó que de esa forma la población tomaría conciencia del problema para enfrentarlo mejor.
La Organización Panamericana de la Salud (OPS) exhortó especialmente a Uruguay para aplicar el programa de prevención que se apoya en la información.
Con una tasa de 21,7 suicidios por cada 100 mil habitantes, Uruguay figura entre los países considerados por la OMS con tasa alta de suicidio establecida sobre un valor límite de 20 por 100 mil habitantes.
Las cifras de nuestro país superan la tasa de los Estados Unidos (17,6), y sólo es superado en América por Cuba que alcanza una cifra de 24,5 cada 100 mil hombres y de 12 por cada 100 mil mujeres.
EN URUGUAY. En el país preocupa particularmente el acelerado aumento de suicidios registrado en los últimos 20 años que afecta sobre todo a la población más joven. En efecto, desde 1975 a 1998 la tasa de suicidios de jóvenes de entre 10 y 19 años casi se triplicó, pasando de 12 a 32 cada 100 mil habitantes. Ese aumento consiguió desplazar a los accidentes como tercera causa de muerte en la población joven. En otros países del mundo la epidemiología del suicidio como causa de muerte, trepó también al tercer lugar sustituyendo los accidentes.
En un trabajo realizado en nuestro país por el Dr. Federico Dajas, se llevó a cabo una especie de "autopsia psicológica" del suicidio para obtener conclusiones acerca de las posibles causas que lo determinan. Se concluyó que los problemas familiares eran la causa que con más frecuencia se hallaba involucrada en la depresión suicida. Es un dato que debe jerarquizarse especialmente durante el transcurso del año 2002 cuando se alcanzó el registro más alto de suicidios: a pesar del aumento de los problemas económicos y el desempleo, a los que se vincula dicho aumento, entre ambos no llegan a superar al 24 por ciento.
Según esos estudios estadísticos, pese al aumento de la incidencia de la crisis económica y el desempleo, ambas causas se mantuvieron muy por debajo de la determinante familiar.
Independientemente de la influencia de factores diversos, dos tercios de los suicidas presentaban definidos trastornos psiquiátricos previos.
En el interior del país se registró un predominio de muertes por suicidio respecto a Montevideo. Por ejemplo, en el año 2002 cuando se constataron 683 suicidios, 408 de ellos fueron personas que vivían en el interior del país. Los departamentos con mayor incidencia fueron Canelones y Colonia que tuvieron respectivamente 107 y 31 fallecidos.
FENOMENO CULTURAL. Más allá de las alteraciones psicológicas previas que se comprueban en un alto porcentaje de suicidas, el hecho de que el fenómeno predomine en ciertos países más que en otros así como en ciertos sectores de la población con crecimiento actual en la juventud y con una tasa 5 veces mayor en hombres que en mujeres, parecería indicar una fuerte determinante cultural.
En el mismo sentido apuntan algunos trabajos sociológicos que analizan el fenómeno suicida en el Uruguay, llegando a la conclusión que a partir de la década de 1980 aumentó su incidencia en relación a un proceso que consideran de desintegración social que coincide con un aumento de los homicidios y de registros de armas de fuego.
El hecho de no contar con un registro fiable del número de muertes suicidas, hace pensar que es un problema más complejo que el de una enfermedad psicosomática que lleva a la autodestrucción. Su aumento, que lo ha llevado a superar a los accidentes como causa de muerte, induce también a pensar que son cambios culturales los que determinaron que se conciba el suicidio como una verdadera enfermedad social, una sociopatía.
Esa característica "social" del suicidio es la que permite mejorar su prevención, y al mismo tiempo estimula a investigar en su naturaleza cultural. Nos referimos al hecho de que un gran porcentaje de los suicidas "avisan" de diferentes modos antes de consumar el intento. Ese "aviso" incluye un mensaje que expresa sensación de abandono y un reclamo de atención.
Aunque la sensación de abandono puede ser una percepción patológica, resulta significativo que se haya encontrado la problemática familiar como causa estadísticamente más frecuente para desencadenar el suicidio. Este hecho debe correlacionarse con las abundantes denuncias respecto a un debilitamiento de la institución familiar en su continencia social.
Libertad. El parlamento tiene a consideración leyes llamadas "suicidio asistido" y "testamento vital", que validan el suicidio como opción libre. Sin embargo, se trata de un falso ejercicio de la libertad, porque consiste en un modo radical de terminar con todo tipo de opción. Pero sería además mal precedente para la civilización humanista porque no permitiría justificar que lo que se haya validado para sí mismo, el homicidio, carezca de validez para terceros.
Fuentes: Dr. Jorge Bosano, Depto. de Psiquiatría de UCM; Dr. Pablo Alterwain, presidente del Congreso Int’l para la Prevención del Suicidio; informe sobre suicidio publicado en el suplemento Qué Pasa de El País.
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Aviso
Entre hoy y el sábado inclusive se realizará el Congreso Internacional para la Prevención del Suicidio, auspiciado por la Fundación Pro-Humanitas y la Fundación UCM. Se invita a participar a profesionales interesados desde la medicina, la sociología, la educación y la difusión periodística.