MARTHA AGUIAR
La sal es uno de los condimentos más populares de la cocina. Su consumo está tan generalizado, que sólo la orden de un médico consigue que sea suprimida de las comidas.
Procede de la extracción de agua de mar o de yacimientos subterráneos, y se compone de cloro y sodio, minerales esenciales por la importancia de las funciones que desempeñan en el organismo. El problema reside en que el consumo excesivo de sodio está sobradamente identificado co-mo factor de riesgo de la hipertensión arterial, que deriva en situaciones de riesgo cardiovascular.
La presencia de sal en los alimentos se debe a dos funciones principales: realzar su sabor y conservar el alimento. Pero la industria alimentaria añade otras sustancias que contienen sodio, como los aditivos, ya sea con el propósito de conservar, estabilizar, espesar, gelificar o como potenciadores del sabor.
Es necesario incorporar una cantidad suficiente de sal a nuestra dieta, porque facilita la digestión, ayuda a mantener el nivel de líquidos corporales, permite la transmisión de impulsos nerviosos, la actividad muscular y la adecuada absorción de potasio, y además, compensa las pérdidas producidas por el exceso de sudoración, vómitos y diarreas.
Las necesidades de sal son pequeñas, unos 4 gramos por día, lo que equivale a 1.6 gramos de sodio (1 gramo de sal contiene 390 miligramos de sodio). La OMS recomienda que las personas adultas no superen los 6 gramos de sal al día, o lo que es lo mismo, 2 a 4 gramos de sodio.
Sin embargo, los especialistas dan por sentado que cada persona consume entre 10 y 12 gramos de sal cada día. Quienes más saben de nutrición aseguran que las tres cuartas partes proviene de alimentos elaborados, no frescos.
Se consideran alimentos con una cantidad elevada de sodio aquellos que presentan más de 500 mg por cada 100 mg de alimento, que equivalen a 1.3% de sal. Las personas que deben seguir una dieta baja en sodio deberían evitar consumirlos.
Se trata de los embutidos, cereales de desayuno, papas fritas, anchoas, quesos curados y en fetas, atún, panes en rodajas, productos de aperitivo, sopas de sobre, croquetitas congeladas, etc.
Datos que ayudan
Aire acondicionado ¿a qué temperatura?
La adaptación del cuerpo al clima, y el hecho de llevar menos ropa en el verano, permiten que una temperatura de 25 grados sea más que suficiente para sentirse cómodo en el interior de la vivienda. Una diferencia de temperatura con el exterior de 12 grados, no es saludable.
Autos ecológicos en Alemania.
La BMW anunció que la mayoría de los modelos producidos para este año emitirán menos de 140 gramos de dióxido de carbono por kilómetro, y para 2008 lo hará un tercio de la flota en circulación. Hoy en día esos automóviles emiten 192 gramos de dióxido por kilómetro.
Confianzas y desconfianzas.
El público español confía en las marcas de alimentación en general, aunque desconfía de las más baratas. Ha mejorado su confianza en la carne, pero sigue mirando de reojo las hamburguesas. No se muestra satisfecho con la información que recibe en los productos que consume.