NATALIA ROBA
-La doctora Jacinta Balbela afirmó recientemente que muchas más mujeres debieron llegar a la Suprema Corte en estos veinte años y que el problema está en que sigue imperando la mentalidad machista ¿Usted qué opina?
-Es un hecho evidente que la sociedad uruguaya tiene un criterio machista. Yo llegué por antigüedad, que es un sistema subsidiario a aquel establecido en la Constitución al que hay que llegar teniendo mayoría especial. Y los cuatro restantes ministros también, de modo que aunque sea por los hechos las mujeres vamos entrando a los cargos de más importancia del Poder Judicial. Tal vez la doctora Balbela, que tiene tantos años de experiencia y ha sido como un norte para todas nosotras, tenga razón en ese aspecto. Pero es la representación de lo que es la sociedad uruguaya. De a poco se ha ido ampliando, cuando yo llegué en 1965 todos mis colegas, inclusive los ministros de la Corte, me decían que lo máximo a lo que podía aspirar era a juez de paz de Montevideo. Y fíjese que llegué, lo que implica que se fue abriendo el campo aunque no creo que del todo, falta mucho.
-Se está trabajando en la reforma del procedimiento penal y del Código Penal. ¿Cree que son viables y que saldrán?
-La reforma del Código Penal va a salir indudablemente, la que es más problemática es la reforma del Código del Procedimiento Penal (CPP) porque la posición que tiene la cátedra y en general casi todos los países de América del Sur, es ir a un sistema acusatorio, en el cual el que tiene la promoción del caso es el fiscal, no el juez. Es un cambio sustancial que determinaría un gasto muy grande para el Estado porque tendría que cambiar toda la organización de la magistratura a la Fiscalía, cosa que no depende del Poder Judicial, depende del Poder Ejecutivo.
-Hay jueces que no están de acuerdo con la reforma del CPP porque perderían las riendas de los asuntos.
-Sí. No sería tanto las riendas de los asuntos sino las garantías que se le da a las víctimas y a los imputados. Tal como está organizada la discusión está en ver si el Ministerio Público y Fiscal tiene posibilidades de abordar un cometido tan importante y difícil.
-Tendría que haber más fiscalías.
-Muchísimas más, además de tener otro tipo de construcción edilicia. Es un poco como en Estados Unidos.
-Este año ha habido una sobreexposición de los jueces en los medios y no solamente de los jueces penales, sino también laborales, civiles, ¿a qué cree que se debe el fenómeno?
-Se está dando eso porque todo el mundo se está dando cuenta que al final es el Poder Judicial el que soluciona o trata de solucionar los problemas. Es muy común que cuando los políticos no pueden resolver un problema lo mandan a la Justicia penal o a la Justicia civil, y la Justicia de acuerdo a sus procedimientos muy lentamente va organizando, descartando, buscando pruebas.
-También han tenido mucha repercusión los temas de derechos humanos con los procesamientos de militares y de Bordaberry. Se habla de un cambio en el proceder de los magistrados al respecto.
-No, lo que pasa es que la Ley de Caducidad pone en manos del Poder Ejecutivo la prosecución o no del juicio. Si usted tiene un Poder Ejecutivo como los anteriores en que todo lo que tuviera que ver con ese asunto estaba incluido dentro de la ley de Caducidad los jueces no podían hacer nada. La prueba está que cuando se reorganizó el Estado democrático muchos jueces quisieron citar a militares y otras personas y las citaciones quedaron encerradas en un cajón. Eso es notorio y lo sabe todo el mundo. Recién ahora que hay un gobierno que está interesado en los derechos humanos se abrió la llave y entonces los jueces se pueden meter. Los jueces estaban ahí esperando su oportunidad de actuar. Estoy en desacuerdo con lo que dijo el profesor (Oscar) Sarlo, los jueces seguimos siendo los mismos.
-Lo que dijo el profesor Sarlo es que es irreal decir que la Justicia es algo totalmente ajeno a la política.
-La Justicia no está inmersa en lo político partidario, está en la sociedad, somos jueces de una determinada sociedad en un determinado país. Los jueces no tenemos en cuenta lo que diga tal político o tal otro, hacemos lo que tenemos que hacer, juzgar y hacer ejecutar lo juzgado de acuerdo a la Constitución y las leyes. Eso es lo que hacen los jueces, lo político partidario no tiene nada que ver. Eso si, como lo político partidario determinó la apertura de esos casos, ahí los jueces empezaron a estudiarlos.
-Un juez en un tema como es el de derechos humanos, ¿puede separar lo que piensa de lo que decide?
-Un buen juez tiene que hacerlo. Claro que el juez es una persona, es un ser humano, todos los uruguayos tenemos criterios personales, opiniones, pero en el momento de juzgar tenemos que tratar de abstraernos de nuestra propia posición y ver qué es lo que está aprobado, qué es lo que surge del expediente, es un poco difícil de entender para los que no están en la materia.
-¿Usted se define como abortista?
-No. Creo que hay que despenalizar el aborto en algunos casos.
-¿En cuáles?
-Yo lo dije, por ejemplo para despenalizar a la propia mujer. Hay algunos proyectos muy interesantes sobre las primeras semanas de gestación, todo sin incurrir en violar el derecho a la vida que está en la Constitución. Yo me manifesté en ese sentido porque es algo que pienso hace mucho tiempo, pero no soy abortista.
-Para usted, ¿jurídicamente no hay vida en las primeras semanas?
-Bueno, es un tema muy difícil. Lo único que digo es que en esas primeras semanas del feto podría considerarse.
Perfil
Nombre: Sara Bossio Reig
Otros datos: Fue jueza de Paz de Soriano y desde 1991 integró tribunales de apelaciones en lo civil.
40 años de experiencia
Sara Bossio Reig será la tercera mujer en presidir la Suprema Corte de Justicia, organismo al que ingresó en mayo de 2006 por el retiro del ministro Pablo Troise.
Al igual que el resto de sus colegas desde 1998, Bossio accedió a la Suprema Corte por ser la ministra más antigua de un tribunal de apelaciones.
La futura presidenta comenzó su carrera en 1965 como jueza de Paz de Soriano. Desde 1991 integró tribunales de apelaciones en lo civil. Juró como ministra de la Suprema Corte de Justicia en mayo de 2006 ante la Asamblea General. En democracia, el único antecedente de una mujer al frente de la Suprema Corte de Justicia es el de la doctora Jacinta Balbela, en el primer gobierno de Julio M. Sanguinetti.