Por Fabián Cambiaso
La sesión de ayer en el Senado fue particular por varios motivos. Los ministros de Ambiente y de Salud Pública fueron interpelados por más de doce horas en torno a la crisis desatadapor los problemas de abastecimiento de agua en el área metropolitana. Dejando aparte la discusión política, la instancia tuvo un detalle que no pasó desapercibido y que estuvo directamente vinculado al motivo de la convocatoria.
Las clásicas botellas plásticas de agua mineral que le suministran a los legisladores fueron sustituidas por jarras de vidrio colocadas en cada banca, de las que los senadores servían en vasos del mismo material. La medida fue tomada ante un pedido expreso de uno de los interpelados. El ministro de Ambiente, Robert Bouvier, había dejado en claro antes del arranque que "de ninguna manera" podía comparecer, dado su cargo, en un ámbito en el que hubiera "tanto plástico", según supo El País.
La postura fue aceptada por la presidenta del Senado, Beatriz Argimón, que "aprovechó la coyuntura" y aplicó una medida que, dijo, ya estaba definida de antemano para la jornada. En diálogo con El País, la vicepresidenta de la República adelantó que lo de este miércoles es un primer paso, que se repetirá. Por lo pronto, la presencia de envases de plástico desaparecerá de las sesiones del plenario, aunque todavía no será implementada a nivel de comisiones. Argimón admitió allí ciertas "resistencias" que, por ahora, hacen inviable generalizar la medida.
Con todo, la mayoría de los senadores optó por llegar hasta allí este miércoles con el gesto. Salvo en un caso, el contenido de las jarras era el mismo que el de la botella de plástico: agua mineral Salus. La excepción la constituyó el senador nacionalista Juan Straneo.
En diálogo con El País, el suplente de Juan Sartori dijo que desde hace días venía pensando en una presentación para demostrar que el agua que suministra OSE es apta para el consumo humano a pesar del incremento en los niveles de sodio y cloruro. Su intención, dijo, de hacer la demostración a través de TikTok "fracasó con total éxito". Pero un desafío fortuito le permitió cumplir su intención en vivo y en directo.
Durante la sesión, algunos integrantes del sindicato de OSE desafiaron desde las barras a la bancada de coalición a tomar el agua que suministra el ente. Straneo entonces aprovechó una de las tantas pausas en la interpelación para ir a "recargar" su jarra en la canilla de uno de los baños. "Tengo a los funcionarios como testigos", aseguró.
Cuando le tocó el turno de intervenir, Straneo desarrolló la presentación que tenía más o menos armada, agarró la jarra, se sirvió y bebió frente a todos para demostrar a su propio riesgo de que el agua de la canilla era perfectamente bebible. Y, además, bastante diferente a la que tomaba en su Durazno natal en sus días de futbolista, varios años atrás. Según recordó, después de las prácticas él y sus compañeros tenían que recurrir a bidones previamente cargados con agua de la canilla. "Muchas veces no la podíamos tomar por el gusto a cloro que tenía, y la terminábamos escupiendo", dijo a El País. De todas formas, apuntó, nadie en esa época generaba allí una alarma semejante a la que se ve ahora por el "exceso de sodio" en el área metropolitana.
Este jueves Straneo redobló la apuesta y en su cuenta de Twitter hizo una propuesta. El senador quiere que en la zona metropolitana, el cuestionario del Censo Nacional que se viene realizando incluya una pregunta más: cuánta agua compraron sus habitantes en el último mes en comparación a épocas normales. Así, apuntó, podría medirse la "solidaridad y la empatía real" de la población del sur del país.
Habría que ampliar el interrogatorio del censo en la capital y zona metropolitana, incluyendo la preg de cuánta agua compró en el último mes frente a meses normales, y así medir la solidaridad y empatía real de la población al sur del país. pic.twitter.com/0WbOxQTmVS
— Juan Straneo Abreu (@AbreuStraneo) May 18, 2023
Marcha atrás
Uno de los grandes problemas en las cámaras es la magnitud de los desperdicios que se generán a través de este tipo de compras, que no están cuantificados. Es que cuando algún legislador, funcionario o secretario pide una botella y luego la abandona a medio tomar, el agua que quedó allí no vuelve a ser aprovechada.
A fines del año pasado la Dirección General del Senado emitió una resolución que reducía en forma paulatina el uso de estos plásticos, reservándolos a la esfera protocolar. Funcionarios y ayudantes quedaban obligados a partir de allí a servirse agua de alguno de los dispensadores ubicados en diferentes partes de la cámara. Para servirse café o té, debían ir a las cantinas con sus respectivas tazas. Se trató de una batalla perdida antes de librarla, y la vigencia de la resolución duró apenas tres días.
El director general del Senado, Juan Pedro Lista, contó ante la Comisión de Ambiente de la cámara alta que "hubo protestas por parte de algunos senadores". Lista aventuró que los legisladores lo hicieron a "instancias de sus colaboradores".
En diciembre el Senado adjudicó una licitación abreviada para la compra de 30 mil litros de agua mineral con gas y otros 40 mil litros de agua sin gas. La ganadora resultó ser Malatic SA, distribuidor de Salus, que debió competir con otras dos empresas, entre ellas Sirte. La licitación incluía la entrega a la cámara, en comodato, de cuatro refrigeradores botelleros. El monto total adjudicado fue por $ 2 millones.