Policlínicas de salud pública: un mundo lleno de contrastes

Atención. En el Cerro hay largas esperas; en Ciudad Vieja, no hay quejas

2007-10-27 00:00:00 300x300

ROSARIO TOURIÑO

La realidad de los centros de Salud Pública es variada. En el Cerro, la Emergencia se satura y hay niños con fiebre que demoran cuatro horas en ser atendidos. En la Ciudad Vieja, hay un local con modernas instalaciones, donde nadie se queja.

Miércoles 24. Son las cuatro de la tarde. Hace mucho calor. Y en los pasillos del Centro de Salud del Cerro la temperatura parece sentirse más. Decenas de madres aguardan junto a la puerta de la Emergencia. Algunas hace cuatro horas que están esperando para entrar.

Es el caso de Carina. Su hijo de dos años dormita sobre su hombro. Tiene los cachetes enrojecidos y el pelo sudado. "Tiene fiebre. Estoy acá desde las 12. Ni siquiera comí", le cuenta a El País.

Fabiana espera desde hace dos horas. Intentó conseguir un número para una de las policlínicas de pediatría, pero ya se habían terminado.

Marisol está muy enojada. Llegó hace menos de una hora. "Acá cuando vean que te estás muriendo, te atenderán. A mí se me cayó la gorda y no sé si no se le salió el bracito del lugar. Y, mirá, hay terrible cola y no hay nadie en la ventanilla (de Admisión)", narra. En efecto, el funcionario en cuestión no está detrás del vidrio. "Debió salir a fumar", acota otra madre.

"Yo de los médicos no puedo decir nada. Son muy buenos tanto los de Emergencia, como los de policlínica. El problema es el personal (administrativo)", aclara Marisol.

Fernanda también está muy conforme con los médicos. "La atención es muy buena. Lo peor es la demora. La Emergencia siempre está saturada", cuenta. Ella espera desde hace tres horas. Cree que Milagros, su nena de un año, tiene una crisis de broncoespasmo.

Silvana matiza. "Acá ahora dan números todos los días para pediatras, y son como diez. Antes daban una vez por mes. Lo que pasa es que a veces no dan abasto los pediatras y mandan a los niños a la Emergencia", opina. Ella tampoco se queja de los médicos: "A él (Alejandro, de dos años), me lo atendieron muy bien. Lo revisaron pila. Pero me dijeron que era de la garganta no más...".

La espera es extenuante. Las mujeres no sólo tienen que intentar consolar al hijo que está enfermo, sino entretener a los múltiples hermanos, que corretean frenéticamente por los pasillos. Yanet y Jacqueline tienen, cada una, siete hijos. Ambas piensan que los pediatras de los consultorios atienden "mucho mejor" que los de Emergencia. "Tengo una nena asmática. Una vez vine dos veces en el mismo día y me hablaron con malos modos. Otra vez no la admitieron con una crisis asmática. El móvil de radio la terminó llevando al Pereira", dice Yanet.

De los doce centros de la Red de Atención Primaria de ASSE, el del Cerro es el que atiende a más población. En conjunto, con las 28 policlínicas dependientes, satisfacen unas 200 mil consultas por año.

Desbordados. La directora adjunta María Seijo admite que hay problemas de saturación en la Emergencia. "El cuello de botella aparece cuando tenemos un herido grave. Acá atendemos accidentes de ruta complejos. O nos llegan dos o tres heridos de bala de una riña. No olvidemos que tenemos zonas rojas cerca. Cuando pasa eso, se paraliza la Emergencia", cuenta.

Uno de los problemas es que la puerta tiene una sola unidad de reanimación. Pero el centro está en pleno proceso de construcción de una nueva Emergencia. "Se van a hacer seis consultorios nuevos. Y van a haber dos unidades de reanimación: una para niños y otra para adultos", cuenta.

Seijo apunta que en el centro hay 13 pediatras por semana, que atienden 200 consultas en policlínica. Pero admite que esta oferta a veces no alcanza, y se deriva a la Emergencia. "Es que tenemos que insistir mucho en lo educativo. Acá hay gente que de repente espera tres horas porque su hijo tiene un grano, cuando tiene a tres cuadras de su casa una policlínica. No saben utilizar todos los recursos disponibles. Las policlínicas dependientes tienen baja productividad", dice.

La médica explica que en la Emergencia "nunca se ve a lo loco". La puerta tiene coordinadores de pediatría que hacen "triage" (una clasificación de los pacientes en función de la gravedad). "Es algo nuevo. Se creó el consultorio 1 para poder ver las consultas que requieren más atención", dice Seijo.

Encantados. Viernes 26. Centro de Salud Ciudad Vieja. Tres de la tarde. El local nada tiene que envidiarle a una policlínica de la mejor mutualista. Pasillos impolutos. Amplia farmacia. Patio interior con plantas floridas. Hay poca gente. Todos dicen que la atención es excelente. Pero este centro atiende a mucha menos gente que el del Cerro: 40 mil por año. Además, no tiene Emergencia.

"Conseguís número de un día para el otro. Hay pediatra de mañana y de tarde. De mañana a veces se llena, pero están los facultativos de la cátedra, que son buenísimos. Los que se quejan más son las personas mayores", dice Ana, que tiene un hijo de 4 años.

Pero Amalia, jubilada, está encantada con el centro. "Acá son todos divinos. Yo cobro menos de $ 2 mil y tengo derecho a mutualista. Pero ni loca me voy", confiesa. El centro fue recientemente reinaugurado, con una inversión de U$S 250 mil.

A diferencia del centro del Cerro, el de Ciudad Vieja tiene sólo las especialidades básicas: pediatría, ginecología y medicina general. Por tradición, también tiene dermatología. El director Carlos Montejo dice que no hay "demanda insatisfecha", porque recibe a una población "estable" y comparte la atención con otras policlínicas.

El centro coordina consultas para otras especialidades en otras unidades. En el caso de oftalmología, urología o neurología, Montejo admite que a veces los pacientes pueden pasar dos o tres meses sin conseguir número. "Pero lo que pasa es que hay pocos especialistas en el país", aduce.

Intrusa

El remozado Centro de Salud de Ciudad Vieja (ex Maciel) luce impecable. Las instalaciones recuerdan a las de las más modernas policlínicas privadas. Sin embargo, no escapa a la realidad de una zona en la que los robos son frecuentes. En la tarde de ayer, se produjo una pequeña conmoción en el local. Una mujer fue divisada en la sala en la que las encargadas de mantenimiento guardan sus pertenencias. Una limpiadora la descubrió y llamó a la oficial 222 que custodia el centro. La "intrusa" fue interceptada. La policía la obligó a abrir el bolso y aparecieron pertenencias de las funcionarias: desde lentes hasta un walkman. La mujer marchó detenida.

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