Horror

Mató a su padre, tiró el cuerpo en el aljibe de una escuela y lo atraparon porque lo contó en un boliche

Un hombre lo escuchó e hizo la denuncia policial; fueron condenados él y su cómplice

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Escuela 4 de Los Cerrillos.
Foto: Fernando Ponzetto.

Por Pablo Méndez

El 13 de diciembre de 2021 la seccional 3ª de Los Cerrillos (Canelones) recibió una denuncia que daba cuenta de una truculenta historia. Un hombre aseguraba conocer el sitio donde yacía el cuerpo de un hombre que había desaparecido hacía varios meses. La persona, incluso, decía conocer el apodo del muerto: “Suruguay”.

La información la había escuchado en un boliche de la zona. El cadáver, contaba, lo habían tirado dentro de un aljibe de una escuela. Hasta la escuela N° 4 de Parador Tajes, entonces, fue que se trasladaron los equipos de la seccional, para ver si lo que aquel hombre había escuchado era cierto. Llegaron y lo primero que hicieron fue pedirles a las maestras y al demás personal del centro educativo que lo desalojaran. Luego se aprestaron a revisar el aljibe.

A simple vista no se podía ver nada adentro, pero al remover la tapa del fondo del pozo fue que se confirmó que la historia de la que el denunciante se había enterado en el boliche era cierta.

El cuerpo estaba en avanzado estado de descomposición. Vestía prendas de invierno, por lo que se podía inferir que hacía varios meses que él o sus homicidas lo habían dejado allí.

Luego de constatar que se trataba del hombre desaparecido se inició una investigación. Los principales sospechosos fueron cuatro y uno de ellos era el hijo de la víctima. Este último sería luego condenado como el autor del homicidio.

Investigación

Policía Científica fue la que logró los primeros hallazgos sobre el caso. Pudo determinar que se trataba de una muerte violenta, por causas desconocidas y que el cuerpo había permanecido dentro del aljibe durante más de un año. Restaba en ese momento conocer las causas de la muerte y quién había llevado allí el cuerpo.

La declaración del hijo de la víctima fue crucial para responder estas interrogantes. Según consta en la sentencia, a la que accedió El País, el joven dijo haber tenido una buena relación con su padre, pero reconoció que momentos antes de su muerte, en una medianoche fría, se habían enfrentado en una fuerte discusión. No pudo determinar la fecha exacta en que esto ocurrió, pero mencionó que había sido un domingo de abril de 2020.

Aquel día el hijo fue a encontrarse con su padre en la casa de un amigo de ambos. El progenitor estaba en la barbacoa, fuera de la vista de la hermana del dueño de casa con quien no tenía una buena relación. La mujer no lo quería allí porque sabía que vendía drogas. Cuando el joven ingresó a la barbacoa quedó a solas con su padre.

Ambos habían bebido y la discusión empezó porque el joven quería que le diera dinero. Según declaró el condenado, el enojo lo llevó a propinarle un golpe, su padre perdió el equilibrio y cayó al suelo. Su cabeza golpeó sobre una mesa de hormigón que había en el lugar y esto generó su muerte instantánea. El hecho dejó atónito al homicida, que luego llamó al dueño de la vivienda para que lo ayudara.

El joven aseguró que no tenía intención de matar a su padre y sostuvo que en realidad todo pasó porque él se defendió.

Los dos hombres, el hijo del muerto y el dueño de casa, decidieron ocultar lo sucedido, según declaró el primero “para proteger a las familias”. Tomaron el cuerpo y lo trasladaron. Lo llevaron en una moto hasta la casa del condenado, quien lo tiró en un sillón y lo tapó con una frazada.

Allí permaneció por algunos días, hasta que el homicida recordó un aljibe inutilizado en la escuela a la que acudía de niño. Una vez más tomó el cuerpo, lo subió a su moto y lo trasladó hasta donde permaneció por casi dos años.

El secreto no perduró por mucho tiempo, ya que el asesino relató a algunos amigos los hechos. Lo hizo, una vez más, esclavo del alcohol y en un bar que frecuentaba.

Condena

El pasado 18 de abril, la Fiscalía de 2° Turno en Canelones expuso las pruebas y solicitó para el acusado, a través de un proceso simplificado, una pena de siete años de prisión efectiva.

El juez Humberto Verri imputó al hombre un homicidio ultraintencional en calidad de autor, determinado por la ausencia de intencionalidad del joven al quitar la vida de su padre. De todas formas, y según figura en la sentencia a la que accedió El País, aunque el imputado no quiso dar muerte a su progenitor “pudo representárselo (o) prever ese resultado”.

La Fiscalía había solicitado la misma imputación. En caso de que se le hubiera tipificado dolo o culpa al hombre, con la agravante de parricidio, hubiera enfrentando una pena entre los 10 y los 24 años.

Por otra parte, fue condenado el amigo del fallecido y del homicida, como responsable de un delito de encubrimiento, hasta diciembre de 2024. El implicado supo lo sucedido dentro de su vivienda y eligió ocultarlo a las autoridades.

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