Redacción El País
Peñarol ganó el sábado un partido contra Liverpool que le aseguró su participación en la final del Campeonato Uruguayo. Lo hizo con un gol de uno de sus centrodelanteros estrellas: Abel Hernández. Y lo consiguió en el último minuto del alargue, lo que provocó la euforia de los hinchas.
La euforia no fue solo en el Estadio Centenario. En el bar Arocena, del barrio Carrasco, tres amigos se habían juntado a ver el partido y, tras el gol, estallaron. Entre ellos estaba el abogado Gumer Pérez.
En otra mesa había un conocido cirujano junto a otras personas. Según se desprende del relato que hicieron llegar fuentes al tanto del caso a El País, el cirujano y compañía no estaban demasiado interesados en el partido y, tras la euforia por el gol, pidieron al mozo que cambiara de canal y pusiera un partido del fútbol argentino.
En efecto, a esa hora ya había comenzado a jugarse River - Rosario Central, por la semifinal del campeonato de la vecina orilla.
Los hinchas de Peñarol reclamaron para que no se cambiara de canal porque se estaba en el momento cúlmine del partido, y pidieron el control remoto. Esto motivó un intercambio de insultos entre las partes y finalmente, según el denunciante, el cirujano golpeó en la cara a Pérez, provocándole lesiones.
El abogado presentó una denuncia penal ante una Fiscalía de Flagrancia y el caso recayó en el escritorio de la magistrada Eliana Travers.
Al mediodía de este lunes, según contó a El País el abogado de Pérez, Jorge Barrera, el denunciante tuvo una audiencia con un médico forense que hizo el informe sobre la entidad de las lesiones para incorporar a la carpeta de investigación fiscal. De todas formas, previamente "ya se presentaron las certificaciones médicas privadas", dijo Barrera.
El abogado de Pérez estimó que "con todo este material probatorio, sumado a la declaración de testigos que ya fuera diligenciada en sede policial, la fiscal tendrá los elementos para formalizar las investigaciones".
Para Barrera, "así como existieron sanciones a jugadores" y "espectadores en espectáculos públicos", con respecto al cirujano, "el hecho de que el agresor tenga un nivel cultural y de responsabilidad con la sociedad importante, no puede eximirlo ni que tenga un tratamiento penal diferencial".
El País intentó contactarse con el cirujano denunciado, que por ahora no ha dado una respuesta.