Policías custodiando esquinas, recorriendo sectores donde la gente se amontona y circula en un macizo y levemente descontrolado bloque; monstruos de piel verde y ojos saltones, desorbitados, engendros con cicatrices en el rostro y clavos en la frente; figuras deformes, con cabezas desproporcionadas; bocinas y barullo; gritos y niños corriendo. Esto recién empieza.
Podría ser una imagen poco alegre, y sin embargo es parte —solo una parte— de una de las escenas más coloridas que se viven anualmente en Uruguay, esa que en este país y en todo el mundo es conocida como Carnaval, y que ayer, a las nueve de las noche, vivió su desfile inaugural.
GRAN DESFILE. Pasadas las diez de las noche la avenida 18 de Julio estaba tapizada de espuma plast, versiones en miniatura de Batman y Hulk zigzagueban entre las plumas y la brillantina, entre los trajes de gasa y seda que conforman la peregrinación anual que en Uruguay se vive como la mayor y más larga fiesta popular. Y esto que se llama Carnaval, recien empezaba. Recien había pasado poco más de una hora del comienzo del desfile, que desde plaza Independencia hasta la calle Carlos Roxlo, se extendió hasta la madrugada.
Siguiendo la tradición, la apertura estuvo a cargo del Marqués de las Cabriolas y las Reinas de Carnaval y Llamadas, con sus respectivos séquitos. La gente, en un volumen cada vez mayor, desbordó las veredas, al son de las comparsas, del bombo y el redoblante, de las gargantas murgueras. No fue tarea sencilla transitar por las veredas.
Detrás de la muralla de gente, en un cybercafé del Centro, un hombre apuntaba con su webcam hacia 18 de Julio y enviaba imágenes del desfile a Punta del Este; más tarde, cerca de la medianoche, el local estaba lleno de silencio; en tanto, en una pizzería cercana, un grupo de turistas degustaba espumosos capuchinos junto a una generosa porción de papas fritas, para después, poco después, mezclarse entre la gente y la emoción.
REALEZA. Primero las reinas. Ese fue el comienzo, el nacimiento. Frente a las carrozas, antes de la salida de la realeza, alguien aseguraba que "no están tan buenas". "A las carrozas —dijo un joven—; les falta volumen". Las ventanas del Palacio Salvo disparaban flashes de cámaras automáticas, mientras María José Alvarez, Reina del Carnaval, y Varbara Peña, Reina de las Llamadas, se mostraban tan contentas como ansiosas por el comienzo de su reinado. "¿Nervios? No, nada de nervios", dijeron. Las vicerreinas que las acompañaban compartían emociones de idéntica naturaleza. Una vez encendidos los aplausos, cuando las luces de 18 de Julio retrasaban la llegada de la noche, alguien comentaba que Alvarez fue, desde un primer momento, la verdadera soberana. "La noche de la elección, en el Teatro de Verano, la gente la veía pesar y decía que ella iba a ser seguro la reina; era sólo verla y darse cuenta"; comentó un joven, el mismo que no vio con buenos ojos a las carrozas, y que evidentemente sabe más de carnaval que lo que la modestia le permite reconocer.
Tras la aparición de las reinas, fueron celebrados Triniboa, Nazarenos y Diablos Verdes. Y luego llegó el turno de Éxtasis, un remolino rojo y negro que combina elementos de la estética dark, el punk, con ciertos toques vampirezcos, alguna pincelada gay, y hasta alguna que otra perla de sadomaso, todo licuado con el estilo Harley Davidson y... el Carnaval.
Tras ellos, los Jockers, cuando todavía el desfile mantenía la puntualidad en las largadas. Con atuendos estilo budista, los Jokers presentaron su parodia al Hare Krishna.
Con el paso de las horas, en el desfile se vieron escenas que parecían salidas de un sueño alucinado de Federico Klemm o de alguna fantasía animada de Terry Gilliam; es que el ritmo, no sólo musical, también de luces, también de colores, excede su campo de acción, la avenida, y se expande hacia las veredas, transformando a esa zona de la ciudad en una obra de arte viviente. Una obra que recién empieza.
Datos
SEGURIDAD
La seguridad del desfile estuvo a cargo del Cuerpo de Policía Turística, tanto en el palco, como en el control del público. Asimismo funcionarios de Inspección General de la IMM prestaron apoyo. Efectivos de las comisarías completaron el cuadro, distribuidos en cinco grupos de 20 a 30 hombres que recorrieron el desfile.
CARETAS
Hubo para todos los gustos. Power Rangers, Hule, Chicas Superpoderosas, Spiderman, en dos versiones: azul y rojo; el monstruo de Frankentein en diferentes estados de descomposición y furia, Thundercats, Wonderwoman, Batman y Batichica. De Robin, ni rastros. Según uno de los vendedores callejeros, la careta más pedida es la de Spiderman ("Y pensar que en mis tiempos le decíamos El Hombre Araña").
CABEZUDOS
En uno de los puestos de venta de caretas estaban Ricardo y Daisy, que vienen desde hace 15 años para el Carnaval desde San José. Este año le dieron forma y color a los cabezudos que salieron en el dsefile.