Familia de víctima de la bomba de Buceo habla del caso

"Pasó mucho tiempo, pero no perdemos la fe"

La Policía retomó la investigación en torno al atentado que cinco años y medio atrás terminó con la vida de Miriam Mazzeo (49). La víctima, una funcionaria del Instituto Superior de Educación Física (ISEF), recibió a su nombre una bomba en un paquete de encomienda y murió en el acto en el living de su casa, en la calle Plutarco, Buceo, el 3 de octubre de 2009.

El eterno femenino de una imaginativa pintora
Carlos y Andrés Díaz, viudo e hijo de Mazzeo, exigen saber quién la mató y por qué. Foto: D.Borrelli.

El País publicó este domingo que una unidad policial especializada en esclarecer delitos complejos volvió a tomar declaración a todos los involucrados en el caso, incluidos su viudo Carlos Díaz y su hijo Andrés, de 19 años. La indagatoria, que ya concluyó, fue registrada y analizada por una perito semióloga que elevó un informe a la jueza penal Graciela Eustachio.

El subcomisario Raúl Pírez, que integra la unidad, dijo a El País que en los próximos días se reunirán Eustachio, la fiscal y los policías a cargo de la investigación para analizar las conclusiones de la semióloga. Se espera que de allí surjan indicios de posibles culpables. Luego volverán a citar para tomar declaraciones.

"Ahora sabemos que se indagó a muchísima gente y que se va a seguir indagando. Sabemos que el expediente no está quieto, que no estamos a foja cero. Pasó mucho tiempo, pero la confianza no la perdés. Nosotros nunca perdimos la fe de que esto se va a resolver", expresó ayer Díaz a El País.

Antes de conocer esta información, la familia de Mazzeo estaba muy descreída de la Policía. Decían que desde que el caso había cambiado de manos no habían sabido más nada, pese a que varias veces han querido comunicarse con los investigadores por teléfono y mensajes de texto. Sospechaban que estaban ocultando algo o a "alguien grande". "Si no, ¿por qué no me atienden y me dicen que sigue todo igual?", se preguntaba Andrés.

Ahora siguen teniendo la amarga sensación de que la Policía le contestó a la prensa las preguntas que ellos también hacían, pero sin suerte. "No dejamos de sentir que algo nos esconden, porque no sabemos si dicen todo, ni tampoco por qué a nosotros nos ignoraron y a ustedes no", planteó Díaz.

El viudo de Mazzeo manifestó el deseo de que el trabajo de la perito semióloga "sirva para algo". También reconoció que en un inicio, cuando su esposa recién había fallecido, pensó que el caso se resolvería rápidamente porque todos le decían que se trataba de algo sin antecedentes en la historia criminológica de Uruguay. Lo cierto es que pasaron cinco años y medio y hasta ahora no hay motivos claros ni pruebas que incriminen a nadie.

Pírez aseguró que actualmente Policía Técnica tiene herramientas que no tenía en 2009 y que se aplicarán.

Antes el caso lo había manejado la división Homicidios. El personal entregó el caso a la unidad de delitos no aclarados a mediados de 2014.

Homicidios manejó dos hipótesis principales. Primero, que Mazzeo había sido asesinada por un conflicto familiar vinculado a una herencia, pero más tarde lo descartó.

La otra línea de investigación se orientó al entorno laboral de la víctima. Algunos meses antes de morir, Mazzeo había ascendido por concurso a la dirección de Recursos Humanos del instituto. Eso motivó el "roce", según su marido, con un funcionario que estaba "celoso" y que la había amenazado. Se dijo que el hombre era retirado militar, lo que podía explicar que tuviera los conocimientos para armar una bomba.

Desde Homicidios le dijeron a Díaz que esa persona —cuyo nombre desconoce— era el principal sospechoso, pero que la jueza no tenía suficientes pruebas como para declararlo culpable. Y eso fue lo último que supo, hace años ya.

Vendieron casa y se demolerá.

La casa de la calle Plutarco quedó en ruinas tras la explosión. Además, le fueron robando los muebles, las rejas y hasta los marcos de las puertas. Carlos Díaz se fue con su hijo a vivir a lo de su hermana hasta que logró alquilar un apartamento sencillo cerca del zoológico de Villa Dolores. Cuando supo que la casa era guarida de ladrones y refugio de indigentes, decidió tapiarla. Nunca pudo volver a pisarla. Después de años logró venderla a menos de la mitad de lo que valía. Sabe que los compradores la demolerán, pero todavía no lo hacen hecho. Hoy es puro pastizal.

Reportar error
Enviado
Error
Reportar error
Temas relacionados