THE NEW YORK TIMES
El universo determina su propio tiempo. No hay nadie externo que lo determine. El espacio y el tiempo son parte del universo, y no al revés, de acuerdo con lo que han enseñado pensadores desde San Agustín. Es una de las lecciones centrales e inquietantes de la teoría general de la relatividad de Albert Einstein.
Al explicar la gravedad como el "curvado" de la geometría espacio-tiempo, la teoría de Einstein predijo la expansión del universo, que fue el dato primario de la astronomía del siglo XX. Al imaginar la expansión en regresión, como una película que se rebobina, los cosmólogos han rastreado la historia del universo de modo creíble hasta una millonésima de segundo después del Big Bang, el gran estallido con el que comenzó todo.
Pero, preguntar qué ocurrió antes del Big Bang es un poco como preguntar quién tenía la pelota antes de que empezara el partido. Entonces no había ningún "entonces". De cualquier manera, eso no impidió a algunos teóricos que tienen el infinito entre ceja y ceja intentar imaginar cómo dio el universo su "salto cuántico de la eternidad al tiempo", como dijo una vez el Dr. Sidney Coleman, físico de la Universidad de Harvard.
FANTASIAS. Algunos físicos especulan que al otro lado del espejo del Tiempo Cero hay otro universo que se extiende hacia atrás en el tiempo. Otros sugieren que la creación como la conocemos está puntuada por una danza eterna de universos-isla que entran en colisión entre sí.
En su llamada cosmología cuántica, Stephen Hawking, físico y escritor de la Universidad de Cambridge y sus colaboradores, visualizan al universo como un ente autocontenido, una fundición cristalina de toda las posibilidades que existen en "tiempo imaginario".
Todas estas seguirán siendo ideas fantasiosas mientras los físicos no logren casar la gravedad de Eisntein con las paradójicas leyes cuánticas que describen el comportamiento de las partículas subatómicas. Los científicos concuerdan que se necesita una teoría de esas características sobre la gravedad cuántica para describir el universo cuando es tan pequeño y denso que incluso el espacio y el tiempo se vuelven indefinidos y discontinuos. "Nuestros relojes y nuestras reglas se rompen", gusta decir el Dr. Andrei Linde, cosmólogo de la Universidad de Stanford.
En este momento hay dos pretendientes al trono de la teoría última. Una es la teoría de cuerdas, la putativa "teoría de todo", que plantea que los componentes últimos de la naturaleza son diminutas cuerdas vibratorias en vez de puntos. Los teóricos cordelianos han tenido algunos éxitos impactantes en el estudio de los agujeros negros, en los cuales la materia está comprimida a densidades catastróficas asimilares a las del Big Bang, pero no han avanzado mucho con el Big Bang propiamente dicho.
HACIA ATRAS. La rival de la teoría de las cuerdas, aunque menos conocida, es la llamada "gravedad cuántica del bucle" y es resultado de aplicar directamente las normas cuánticas estrictas a las ecuaciones de Einstein. Esta teoría no pretende explicar otra cosa que la gravedad y el espacio-tiempo. Recientemente, el Dr. Martin Bojowald, del Instituto Max Planck de Física Gravitacional, con sede en Golm, Alemania, descubrió que, utilizando la teoría podía seguir la evolución del universo hacia atrás, más allá del supuesto punto inicial. En lugar de tener un "momento cero" de densidad infinita —la así llamada singularidad— el universo se comportó como si se estuviera contrayendo de una fase anterior, según la teoría. Como si el Big Bang fuera un gran rebote.
En sus sueños, los teóricos de ambas vertientes tienen la esperanza de que llegarán a descubrir que estuvieron explorando las caras de Jano de una sola idea, hasta ahora desconocida, pero que podría explicar cómo el tiempo, el espacio y todo lo demás se pueden construir a partir de nada. Es una receta para "una ley sin ley", como señala el físico Dr. John Archibald Wheeler, de la Universidad de Princeton.
El propio Dr. Wheeler, preeminante poeta-aventurero de la física, ha planteado su propuesta. Según el famoso principio de incertidumbre de la teórica cuántica, las propiedades de una partícula subatómica, como su momento o su posición, se mantienen en suspenso en una especie de niebla de posibilidades hasta que algo mide o golpea a dicha partícula.