Los estadounidenses Robert Lefkowitz y Brian Kobilka recibieron ayer el premio Nobel de Química 2012 por sus estudios sobre receptores que permiten a las células comprender su entorno, adelanto esencial para la industria farmacéutica.
Es posible que hasta hoy muy pocos no científicos hayan oído hablar de los "receptores acoplados a proteínas G" (GPCR por sus siglas en inglés), pero su influencia sobre la vida es inmensa. Casi todas las funciones del cuerpo humano, desde la vista hasta el olfato o la comunicación entre las neuronas dependen de estos receptores.
Su relevancia en el funcionamiento del cuerpo es tal que aproximadamente la mitad de los fármacos que tomamos están dirigidos a los GPCR. Ahora, gracias a los estudios de Lefkowitz y Kobilka, será posible manipular estos receptores con mayor precisión para obtener mejores efectos de los fármacos sin sufrir los daños producidos por sustancias de las que, en el fondo, se desconocía qué mecanismos las hacían funcionar.
Como una especie de sensores de la célula, los GPCR están colocados en las membranas que las rodean. Desde allí detectan hormonas, olores o señales químicas enviadas por neurotransmisores desde fuera de la célula, para después transmitir los mensajes al interior mediante la activación de la proteína G adecuada.
"Durante mucho tiempo, la forma en que las células sentían su entorno fue un misterio", recordó la Real Academia de las Ciencias de Suecia. "Gracias a los estudios de Robert y Brian sabemos cómo son los receptores", agregaron.
Robert Lefkowitz, profesor de Medicina y Bioquímica de 69 años, trabaja en el Instituto médico Howard Hughes de Chevy Chase, a las afueras de Washington, y en la universidad de Duke (Carolina del Norte). "Dormía profundamente cuando sonó el teléfono", comentó. Fue contactado por la madrugada en la costa Este de Estados Unidos y aseguró que "fue una sorpresa".
Brian Kobilka nació en 1955 y es profesor de Medicina y Fisiología Molecular y celular en la Universidad de Stanford (California). "No estoy acostumbrado a que mi investigación tenga tanta atención (...) Todavía estoy completamente asombrado y comienzo lentamente a asimilar que fui premiado", declaró a la agencia de prensa sueca TT. El Nobel fue otorgado a una investigación que realizaron en conjunto.
EL HALLAZGO. Durante años la ciencia internacional supo que hormonas como la adrenalina tenían un efecto potente aumentando la presión sanguínea y acelerando el ritmo cardíaco. Sospechaban que en la superficie de las células habría algún tipo de "recipiente" para las hormonas, pero en qué consistía y cómo funcionaba fue un misterio por gran parte del siglo XX.
Hacia fines de los años 60 fue que apareció Lefkowitz, quien tras marcar varias hormonas logró rastrear su funcionamiento hasta uno de esos "recipientes" en la célula, un receptor de la pared celular.
Sobre los años 80 fue incorporado a su laboratorio Kobilka, quien logró aislar un gen que contiene información específica para crear un determinado receptor. Cuando lo analizaron juntos descubrieron que era similar a otro presente en el ojo e implicado en capturar la luz. Descubrieron así que había toda una familia de receptores similares que funcionaban de la misma manera.
"Esa familia se denomina `receptores acoplados a proteínas G` y cerca de 1.000 genes codifican para estos receptores, por ejemplo para la luz, el sabor, el olor, la adrenalina, la histamina, la dopamina y la serotonina. Aproximadamente la mitad de todos los medicamentos tiene efecto a través de ellos", señaló la Real Academia de Ciencias Sueca.
VIDA PERSONAL. Lefkowitz es nieto de inmigrantes polacos e hijo único. Creció en un pequeño apartamento en el Bronx (Nueva York). Lector asiduo, devoró los libros de la biblioteca de sus padres y desde que estaba en la escuela primaria decidió hacerse médico.
Asistió a la facultad de Medicina de la Universidad de Columbia y, con una beca de los Institutos nacionales de Salud de Estados Unidos estudió la Biología de los receptores, entonces un campo novedoso.
Kobilka nació en Little Falls, una pequeña comunidad rural del centro de Minnesota, donde su abuelo y su padre fueron panaderos. Estudió Biología y Química en la Universidad de Minnesota.
Un artículo publicado en Nature lo describió como alguien extremadamente tímido e incapaz de poner de relieve sus méritos, lo cual casi le cuesta un empleo en la Universidad de California, en San Francisco. (FUENTES: AFP, EL COMERCIO/GDA Y EL PAÍS DE MADRID)
LOS GANADORES DEL NOBEL
Abuelos inmigrantes y padres panaderos
Robert Lefkowitz (abajo) creció en una familia de inmigrantes polacos. Llegó al Instituto de Salud de Estados Unidos gracias a una beca. Fue pionero en su área de estudio y su experiencia le hizo cosechar más de 60 premios durante su carrera, entre ellos la medalla nacional de las ciencias. Brian Lobilka, (arriba) se integró a su laboratorio en 1980. Es hijo y abuelo de panaderos y nació en una zona rural de Minnesota; se lo conoce especialmente por su timidez.