No todo es tan malo en un año electoral

DIEGO FISCHER

Los años electorales tienen sus ventajas. Y si no fíjese en las cantidad de obras que se están inaugurando en todo el país. Es un recurso viejo, tan viejo como la política al que han echado mano los gobiernos de todos los partidos. Y el actual no podía ser la excepción. Pero veamos el vaso medio lleno. Desde esta semana sabemos que el Hotel Carrasco -en un plazo no mayor a dos años- dará nuevamente la bienvenida a todos los que lleguen a Montevideo por el Este. Y si nos guiamos por lo que se ha visto en planos, dibujos y maquetas del proyecto del grupo ganador de la licitación, el majestuoso edificio volverá a ser la mejor postal de Montevideo. ¡Enhorabuena! Por una vez en tantos años , la Intendencia de Montevideo da un motivo para que le reconozcamos una decisión acertada. Creo que la ocasión anterior fue cuando el entonces intendente Mariano Arana reinauguró el Teatro Solís, un mes antes de las elecciones del 2004.

Ya que hablamos de teatros, parece que ahora sí le llegó la hora al auditorio del Sodre. Tiene fecha de inauguración para dentro de siete días. Nada si tenemos en cuenta que para llegar a esta instancia transcurrieron 38 años, en los que tuvimos desde un gobierno democrático jaqueado por la guerrilla, una dictadura militar que se prolongó durante doce años y cinco administraciones democráticas sucesivas, incluyendo a la que está feneciendo. También en ese mismo lapso contamos con cuatro Casas de Gobierno (Edificio Independencia, Edificio Libertad, Residencia de Suárez convertida en oficinas del presidente y la flamante Torre Ejecutiva) ¿Cuántos Sodres se podrían haber construido con el dinero que se gastó en tantas sedes gubernamentales y sus respectivas mudanzas? En fin. Pero quedamos en ver la mitad del vaso llena y es por eso que también vaya desde aquí el reconocimiento a los que han hecho posible que el sábado próximo se levante el telón del gigantesco edificio de la calle Mercedes y Andes.

Por las dudas que a los organizadores de la fiesta no se les ocurra invitar a Moria Casán, ni a Graciela Alfano y mucho menos a Marcelo Tinelli y a Jorge Rial. Que por mucho que haya cambiado el Uruguay, el público del Sodre es otro. Tal vez si no hubiera tardado casi cuatro décadas en reinaugurarse las vedettes mencionadas y los conductores televisivos de marras, no serían tan famosos en nuestro país.

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