B.M es un sociólogo de 28 años que está terminando una maestría en Sociología del Desarrollo. Empezó a fumar los 18 años, y hoy consume un promedio de un porro por día. Su adicción no le impidió desarrollarse en los estudios aunque reconoce que como cualquier sustancia de "uso cotidiano genera cierta dependencia negativa, más allá de que no me afecta para tener novia, ni para estudiar y laburar".
B.M considera que la relación con la sustancia depende del contexto y de uno mismo: "Si te das cuenta que recurrís a eso para olvidarte un poco de tus rollos tratás de achicar. Si es sólo para desenchufarte es otra cosa".
B. tiene 42 años es psicóloga. Divorciada y con dos hijos (de 15 y 18 años) conoció la marihuana a los 14 años. Dice que nunca se enganchó y hoy se describe como una "fumadora social" que puede pasar ocho meses sin pitar. Considera que hay mucho mitos en torno a la droga: "no creo que la marihuana genere adicción psicológica, cuando dejé no tuve síndrome de abstinencia para nada. Tampoco es cierto que sea la puerta de entrada a otras drogas, es más, considero que si la marihuana fuera legal no se consumirían otras drogas". Sus dos hijos fuman, y ambos debutaron con su madre en ronda. "Que fumaran en casa y conmigo me dio mucha tranquilidad", dice. "Me preocupa más el consumo de alcohol en los jóvenes"