UN ATLETA DEL NORTE PROFUNDO

El minero que gana medallas a puro músculo y constancia

Reside en un pueblo de 4.000 habitantes en donde no hay gimnasio.

Trabaja doce horas al día perforando rocas que guardan oro. Foto: Gentileza Jorge González
Trabaja doce horas al día perforando rocas que guardan oro. Foto: Gentileza Jorge González

Durante cuatro días seguidos trabaja 12 horas por jornada, bajo tierra, casi sepultado en una mina de oro; después el regimen laboral le permite descansar otros cuatro días. Pero trabaje o no, de lunes a lunes, ya liberado del mameluco obrero, anaranjado, en su casa se manda para una piecita en donde armó un gimnasio y allí permanece entrenando algo más de una hora. Todo lo que sabe de gimnasia y de nutrición lo aprendió mirando videos por internet y, como él dice, tratando de comprender su cuerpo.

Se llama Jorge González, de chiquilín hacía sus propias pesas de portland, tiene 24 años, vive en Minas de Corrales, a 105 kilómetros de la ciudad de Rivera, y se dedica al fisicoculturismo, más específicamente a la especialidad mens physique, en la cual no se requiere alcanzar un bestial volumen muscular sino "ravioles" definidos y simétricos.

González estuvo estos días en Montevideo aprovechando que su sector de la mina estaba parado por mantenimiento. Hace 6 años que entrena en esta modalidad y 3 que compite a nivel nacional e internacional. En sus licencias viaja también a concursar en la capital o en el exterior y, en su breve trayectoria, ya obtuvo 5 medallas de oro, 2 de plata y una de bronce.

A nivel internacional compitió en dos Arnold Classic, en San Pablo (2016) y en Río de Janeiro (2017). En septiembre del año pasado llegó a la final en el Sudamericano que se realizó en Buenos Aires. Por todos estos logros, la Junta departamental de Rivera le dedicó un reconocimiento especial, pero todavía no se han visto señales de respaldo y estímulo a nivel nacional, ni desde el sector público ni de sponsors privados.

Schwarzenegger under.

Los explotadores de la minera San Gregorio, hoy canadienses, ya estaban en Minas de Corrales cuando González comenzó a trabajar, pero la extracción se realiza desde hace más tiempo.

Minas de Corrales se fundó en 1878 al instalarse en la zona la Compañía Francesa de Minas de Oro del Uruguay, atraída por la fiebre del oro que imperaba en el país. En 1916 la explotación ya se había vuelto poco rentable, la mina cerró y el pueblo se fue a pique, retirándose residentes que provenían de Alemania, Francia, Italia, Inglaterra, Argentina, Chile y Brasil.

Pero en 1996 una multinacional canadiense, estadounidense y australiana volvió a explorar la zona. Después hubo una sucesión de cambios de empresas hasta que en 2003 la canadiense Orosur Mining inició la extracción. En aquel tiempo se exportaba por dos millones de dólares mensuales lingotes que contenían un 70% de oro, más plata y cobre.

"El diámetro del túnel de la mina es grande, cuatro por cuatro, entramos a pie, en camioneta, tenemos las máquinas de producción como la que perfora, camiones para sacar el material; igual el riesgo existe. estamos trabajando a 400 metros de profundidad y unos tres kilómetros para adentro", cuenta Jorge González.

"Antes era una cantera a cielo abierto, quedó un agujero grande de 250 metros, se baja en caracol por la cantera y ahí en el piso está la boca, después vienen otros doscientos metros de profundidad. Usamos varios métodos de fortificación, según cómo está la piedra, porque hay rocas que están más quebradas que otras. Hay geomécanicos, chilenos, peruanos, canadienses, brasileños, de todo, y nosotros los uruguayos estamos aprendiendo".

González se desempeña como perforista, a bordo de un vehículo; aprendió con un guatemalteco. Muchas veces, sin embargo, enmascarado para protegerse del polvo, y con el oxígeno para dos horas a mano, como prevención, debe caminar o cargar las barras que hacen los agujeros de hasta 20 metros. Esas barras o mechas llegan a tener 2.50 metros y pesan de 15 a 20 kilos. "Yo que trabajo en producción veo, no el oro puro porque hay que hacer todo un proceso, pero sí la pepita, como se dice; el oro ahí, entreverado en la piedra, brilla alrededor de nosotros".

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