POR R. AGUIRRE
A raíz de un desprendimiento de retina mientras jugaba un partido de básquetbol, a los 18 años, Jorge Llerena perdió la vista. Luego vino la etapa del duelo. Aceptar la ceguera fue muy duro. Hoy reconoce que fue la contención de su familia y de sus amigos lo que, sumado a su temperamento, lo decidieron a seguir adelante.
A los 41 años, Llerena ostenta la medalla de Plata Atlanta 96 en atletismo, y tres de Oro en Australia 97. Trabaja como psicólogo, aprende música, y reconoce que le da alegría despertarse todas las mañanas y "saber que hoy tengo otra revancha".
-¿Como perdió la vista?
-Tuve un desprendimiento de retina lateral jugando al básquetbol, y tuve una alternativa que fue una cirugía que salió bien, pero los médicos me inyectaron mal un remedio, y la perdí estando internado. No se pudo recuperar.
-¿Cómo lo fue asumiendo?
- Ahí empezó ese tránsito bastante dificultoso que era tener que aceptar eso. El duelo. Por suerte, una contención muy buena familiar y de amigos favoreció la toma de decisiones. Empezar la rehabilitación como persona ciega.
-¿Eso llevó mucho tiempo?
-Los tiempos son individuales. Depende de la motivación que se tenga, de la edad a la que se pierde la vista, de cómo estás rodeado.
-¿Cómo fue volver a la vida cotidiana luego de la rehabilitación?
-Todo el horizonte se abre. Tiene que ver con un quehacer de cara a la intuición. Desde lo cotidiano en mi casa, el manejo de técnicas que favorecen la autonomía así como el desplazamiento con el bastón, el sistema braile. Distintas herramientas que posibilitan paulatinamente la reinserción social.
-¿Qué fue lo que más lo motivó para seguir adelante?
-Las ganas de vivir, porque con el primer impacto, no podés. No podés, ni querés. Pero en la medida que empezás a tener herramientas hay como una revitalización y un reposicionamento. Y uno, de la mano de posturas más acertivas rediseña un poco sus metas como joven, como estudiante, como hombre. Creo que fue eso. El demostrarme que sí, que podía.
-¿Qué le demostró que podía?
-Cada peldaño que vas subiendo te muestra que sí, que se puede. Es una retroalimentación. Cada cosa que yo lograba tenía como contrapartida un sí se puede desde el medio estudiantil, social o laboral. Luego, también fue desde lo deportivo. Hay una retroalimentación que cuando querés acordar, va generando un trayecto de vida, y la ceguera pasa a un plano secundario. Ya no está ahí adelante las 24 horas. Dejás de organizarte en función de no ver y te centrás en lo que estás haciendo ya sea el trabajo, el estudio o la vida social.
-¿Siente que la gente lo ve diferente?
-Y sí. Ahí aparece lo mediático. La gente me reconoce, me saluda y es un mimo. ¿A quién no le gusta sentirse querido?. Me inhibe y me agrada porque pienso que la gente tiene avidez de ciertas referencias que tengan que ver con superar obstáculos y eso genera algo positivo.
-¿Se siente un ejemplo?
-No. No me siento ni quiero serlo. Creo que uno hace lo que puede no lo que quiere, y yo he tenido mis errores. Me siento agradecido.
-¿Se ha sentido discriminado?
- Eso ha sido un obstáculo; no la ceguera. Han sido los prejuicios y el desconocimiento que existen frente a una persona ciega. Por ejemplo, que no te crean que hacés atletismo.
-¿Qué cosas le dan tristeza?
- El sufrimiento de la gente por no tener trabajo, por estar marginada me da mucho dolor, y lo percibo. No se precisa ver.
-¿Y alegría?
- Ir de vacaciones a Rocha y despertarme a tomar mate. Presenciar los atardeceres, me encanta. Escuchar la risa de otras personas.
-¿Cuál fue la cualidad que lo sacó adelante?
-El temperamento, la rebeldía, y esa dosis de agresividad que hace que si no te abren, empujes.
Sobre la discriminación
"Si me pregunta cuáles han sido mis obstáculos, no ha sido la ceguera. Han sido los perjuicios y el desconocimiento que existe frente a una persona ciega. Por ejemplo, que no te crean que hacés atletismo. En plena edad estudiantil, que te suspendan una mísera pensión que te pagan porque fue un visitador a tu casa y no te encontró, y cuando vas a reclamar decís que estabas en el liceo y no te creen. Cuando estás con otra persona, se dirigen a ella y no a vos para preguntar algo".
"Es difícil. Se llenan la boca con la igualdad y la solidaridad, pero la accesibilidad está limitada. Hace tantos años que las veredas no se parecen a nada. Son muchas cosas. Hablo de lo que me ha pasado, aunque sé que he sido muy favorecido por lo mediático, porque en muchos lugares me reconocen. Pero hablo por todo el colectivo", apuntó Llerena.