Masomenismo

A veces me pregunto cuándo fue que paso. Si fue de un día para el otro, o si por el contrario fue sucediendo gradualmente y es por eso que no nos dimos cuenta. Si nos pusimos de acuerdo para que pasara (lo que no sería poco en un país en el que nunca logramos ponernos de acuerdo en nada) o si simplemente pasó.

¿Cuándo fue que los uruguayos perdimos el gusto por el trabajo bien hecho? ¿Cuándo fue que nos empezó a dar lo mismo hacer las cosas bien que hacerlas mal?

¿Cuándo nos dejamos ganar por la cultura del "más o menos"? ¿Cuándo comenzamos a conformarnos con "sacar el trabajo", con "cumplir", con hacer "el mínimo indispensable"?

¿Cuándo fue que empezamos a transitar este camino de la mediocridad y la medianía? ¿Qué fue lo que nos llevó, como sociedad, a pensar que un país puede funcionar con un pequeño puñado de personas que dan el 120% mientras la enorme mayoría trabaja al 30% o menos de sus capacidades?

¿Cuándo nos olvidamos que este pequeño país se hizo grande con el trabajo a destajo de tanos y gallegos que, de sol a sol, dieron su vida para que sus hijos y nietos se labraran la suya? ¿Cuándo fue que dejamos de honrarlos y decidimos, sin su permiso, comenzar a rendir culto al "masomenismo" que, poco a poco, nos está matando sin que siquiera nos demos cuenta?

¿Cuándo dejamos de advertir que si todos producimos más el producto del país va a crecer más y todos nosotros creceremos con él? ¿Cuándo dejó de interesarnos dejar un país mejor y más próspero para nuestros hijos y nietos, y decidimos poner como prioridad nuestra comodidad?

¿Cuándo dejaremos de quejarnos por el trabajo que tenemos y comenzaremos a agradecer que tenemos un trabajo? ¿Acaso ya nos olvidamos de lo que todos, en mayor o menor medida, pasamos en 2002? ¿Y entonces? ¿Por qué pasamos quejándonos de tener que hacer esto o aquello en lugar de recordar que hace menos de una década el que no se quedó sin empleo vio reducido su sueldo o esfumarse sus ahorros?

¿Nos hemos puesto a pensar qué sucedería si en el Uruguay de hoy todos sumáramos la entrega incondicional de aquellos inmigrantes y de muchísimos criollos que construyeron este país, y a esa voluntad inquebrantable le agregáramos todo lo que el Uruguay tiene para transformarse en un gran país?

¿Dónde podríamos llegar? ¿Cuál sería nuestro techo? ¿No seríamos mucho más atractivos para la inversión y los negocios si nuestra gente volviera a sentir el amor por el trabajo que parece haber perdido? ¿No le iría mejor a los gobernantes, sean del partido que sean, si todos pusiéramos todo lo que tenemos en lugar de esperar que nos lluevan las soluciones que reclamamos?

¿Acaso no podríamos ser, de nuevo, la Suiza de América?

Yo creo que sí. Y siento que no sólo vale la pena intentarlo, sino que los uruguayos no deberíamos conformarnos con menos.

elpepepregunton@gmail.com

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar