Masividad y nostalgia en un pueblo de pescadores

Punta del Diablo. Hay unas 5.000 camas en casas, cabañas, posadas y hostels Cambio de terminal de ómnibus trajo quejas de visitantes y comerciantes, así como otras deficiencias en servicios

 20120114 500x317

PUNTA DEL DIABLO | ANDRÉS ROIZEN

Punta del Diablo crece sin pausa, pero no sin dolores de cabeza. El boom del balneario y la expansión de la demanda impactan de frente con la falta de servicios y la forma de vida a la que los primeros pobladores estaban acostumbrados.

La llegada de miles de turistas y otras tantas personas que acuden para instalarse definitivamente le cambia la cara día a día a Punta del Diablo, aquel pueblo de pescadores donde la vida no era tan alocada ni placentera como puede ser ahora.

Hay casas nuevas y algunos edificios. Muchos autos, ómnibus y camiones transitan por las calles del balneario ubicado a 298 kilómetros de Montevideo. Gastan el suelo de tanto andar y llegan a conquistar las playas más desoladas, algo que antes sólo hacía el viento.

La búsqueda de un equilibrio entre mejorar el marco meramente turístico del lugar choca con la forma de vida de quienes fundaron el balneario. Los cambios cuestan y pesan cuando se mira hacia atrás.

"Uno es medio nostálgico, el lugar se masificó y no creció parejo... se amontonó mucho", dice Claudia, que tiene 45 años y hace 20 que vive y trabaja ahí.

Hay otros que llegan para investigar el misterio del pueblo y sin tener muy claro qué van a encontrar. "Es un pueblo lleno de barcitos, lleno de gente, es un mar de personas, nada que ver con lo que pensamos antes de venir", cuenta un turista argentino que habla con algún pariente por teléfono.

Mientras, el viento sopla parejo desde el mar, pero sin interrumpir la vida en Punta del Diablo. Algunos pasean, otros miran las pequeñas tiendas, unos 15 artesanos exponen de manera improvisada y uno de ellos se anima con la guitarra y prueba una versión reggae de Amor profundo.

Buñuelos de algas, rabas, bocatas grilladas, frutos del mar y también chorizo y milanesas se anuncian en los carteles de distintos bares.

NO HAY LUGAR. En Punta del Diablo hay unas 1.000 casas de las cuales sólo un porcentaje se alquila y en donde se calcula al menos cuatro plazas por hogar. Se estima que además de esa base, si se contabilizan los hostales, los hostels y las cabañas de alquiler se llega a las 5.000 camas en el balneario.

En la zona hay tres campings, pero se calcula que en el más grande de ellos, que tiene 150 parcelas, no entran más de 700 personas los días de mayor afluencia, como el 6 de enero.

En la Corporación Rochense de Turismo se tienen contabilizados 12 blocks de apartamentos, 107 complejos de cabañas, 3 apart hotel, 27 casas de alquiler, 9 hostales y 13 albergues o hostels en Punta del Diablo.

Además, cuando se recorre las calles del balneario se observa que la construcción de nuevos lugares avanza de forma pareja en distintas zonas.

ÓMNIBUS. Hasta el 31 de diciembre los ómnibus que llegaban a Punta del Diablo frenaban en pleno centro, en la calle principal, y según relatan "era un caos". Ahora, desde el 1º de enero se implementó una terminal a casi 4 kilómetros de la calle central del balneario.

Ahí descienden los pasajeros y para llegar al corazón de Punta del Diablo cuentan con unas 7 u 8 camionetas que por $ 25 realizan el traslado. De todos modos, esa medida, que descomprimió el tránsito en el balneario, no fue bien recibida por gran parte de los pobladores y comerciantes de la zona.

"La terminal es un atraso, aunque antes fuera un caos el centro, la gente está molesta con la medida", señaló un habitante sobre el reciente cambio.

Una comerciante de la zona próxima a la playa de los Pescadores dice que hay "mala locomoción" y que "para la mayoría el tema de la terminal es un trastorno y una complicación".

En el terreno que oficia de terminal se observa en cualquier momento del día a cientos de personas que, sentadas en el pasto, aguardan su turno para abordar. Los locales de las compañías de transporte están instalados en un edificio que se satura de viajeros y por donde resulta difícil moverse.

SERVICIOS. Las quejas por la mala calidad o la falta total de algunos servicios que pueden ser básicos, se repite entre los pobladores. En Punta del Diablo no hay policlínica, no hay estación de servicio, no hay oficinas públicas, hay un solo cajero automático y una comisaría con un patrullero.

La semana pasada a un turista se le trancó la tarjeta cuando intentó retirar en el cajero y el servicio quedó inhabilitado hasta la llegada del service.

Algunos sostienen que esa es la vida de un pueblo chico, de pescadores, pero otros se preocupan porque dicen que si se congrega tanta gente es fundamental, por ejemplo, contar con un centro de salud.

Claudia, que atiende un puesto de artesanías cerca de la playa, entiende que la visita masiva de turistas significa la generación de trabajo y la consecuente entrada de dinero, pero también opina que deja al descubierto la falta de servicios.

Para Raquel, que tiene 50 años y nació en Punta del Diablo, la forma de progreso que está teniendo el balneario atenta contra los pescadores que fueron los fundadores del lugar. "El crecimiento nos desplaza", relata la mujer que se crió en una familia que vivía del mar.

En tanto, Graciela, que hace cuatro años decidió abrir una heladería en el lugar, dijo que entre los comerciantes está la sensación de que a veces "se toman medidas muy a la ligera". A su entender, ese tipo de actitudes y cambios terminan afectando al comercio y al turismo.

"Parece que se quiere perjudicar a Punta del Diablo; hay recelo", señala la dueña de la heladería y cuenta que el 22 de diciembre tuvo la primera inspección de la DGI que ya le calculó lo que podría llegar a facturar en la temporada.

La Policía siente falta de apoyo; la energía no resiste el alto consumo

En la Comisaría de Punta del Diablo, que tiene un solo patrullero, se mostraron bastante disconformes con la forma en la que el balneario funciona. Si bien dicen que reciben apoyo de motos y caballos desde Montevideo, entienden que no cuentan con suficiente apoyo de la Intendencia.

Dijeron, por ejemplo, que ellos llaman la atención a los jóvenes que orinan en la vía pública o que cometen infracciones de tránsito (alta velocidad o viajan sobre el techo de los autos), pero que no hay baños públicos suficientes ni inspectores de la comuna monitoreando como contrapartida.

Los efectivos destacaron la buena iluminación del balneario y entendieron que en materia de seguridad se logró una tranquilidad que hace varios veranos no había.

Hasta el 10 de enero llevaban tres procesados con prisión, dos por hurto y uno por droga, y las principales denuncias eran por ruidos molestos o desorden en la calle.

ENERGÍA. En un paseo por las calles de Punta del Diablo se puede apreciar cómo los cables y algunos extremos del tendido eléctrico lanzan chispas casi constantes. Además, los cortes de luz son frecuentes. En el centro dicen que una vez por semana se pierde la energía por unos minutos porque se saturó la estación.

Un funcionario de UTE señaló que hace cuatro años que se vienen superando las previsiones que se hacen. "Se sobrecarga la línea", explicó.

Según relató, en invierno se habían hecho modificaciones en base al cálculo de lo que podía ser el consumo en verano, pero igual no fue suficiente. Sobre las chispas en los cables, afirma que influye el salitre que llega desde el mar, pero que lo que se ve no supone ningún tipo de peligro o riesgo alguno para la gente.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar