"Mal de Alzheimer no se trata en Uruguay"

| Existen tres fármacos que actúan favorablemente si se aplican en las primeras etapas de la enfermedad

Ayer fue el día internacional del Alzheimer. Más que una celebración, la fecha marca una nueva constatación en torno a una enfermedad que afecta a unas 25 millones de personas –aunque el número puede ser superior– y que produce dos millones de muertes, tal como explicó el médico uruguayo Alberto Sosa, especializado en geriatría e integrante del equipo premiado por la Academia Nacional de Medicina en 1999, por el trabajo de investigación realizado sobre esta enfermedad. "Primero muere la mente y luego el cuerpo", dijo el especialista.

El Alzheimer es una enfermedad compleja que afecta al cerebro, una de las varias demencias que producen la pérdida progresiva de neuronas. Si bien es una de las más frecuentes, no fue hasta hace relativamente pocos años cuando se empezó a diagnosticar más frecuentemente.

Tal como señaló Sosa, en Uruguay no hay cifras confiables que den un panorama del mal, pero está claro que, como en el resto del mundo, son cada vez más los casos detectados por una razón sencilla: las personas cada vez viven más y los médicos están muy atentos a la hora de un eventual diagnóstico. En la mayoría de los casos, el Alzheimer afecta a personas mayores, porque a más edad más probabilidad de que se desarrolle este mal.

Para Sosa, uno de los puntos cruciales a la hora de hablar del Alzheimer es la distinción entre esta enfermedad y otros tipos de problemas. "Ser viejo no es enfermedad. Ser viejo no es sinónimo de demencia o de Alzheimer", enfatizó el médico, señalando que los trastornos de la memoria benignos no configuran casos de demencia, como sucede con tantas personas centenarias que no tienen más que un ocasional olvido.

Por todas estas razones el médico uruguayo señaló la importancia del diagnóstico clínico, hasta el momento el único mecanismo que existe para detectar una enfermedad en cuya detección no intermedian exámenes de laboratorio o técnicas que permitan diagnosticarla. "El médico se basa en la historia clínica, en la historia que cuentan los familiares del paciente y en la experiencia del profesional para detectar la enfermedad", explicó Sosa. Por otra parte, es corriente que quienes padecen Alzheimer mantengan durante períodos prolongados una fachada de normalidad.

MAL SOCIAL. En las personas mayores no es infrecuente que se presenten trastornos de la memoria provocados por otras causas muy diferentes a la demencia, tales como la depresión o el consumo de algún tipo de fármaco. Por eso el diagnóstico de Alzheimer se hace clínicamente cuando se reconocen ciertos síntomas característicos, sobre todo cuando la persona presenta una alteración de la armonía histórica y una pérdida de juicio, señaló Sosa. Esto implica, por ejemplo, que el paciente hable de su madre o abuela muerta como si estuviera viva, o de sí mismo como si fuera un niño. "El hecho de que se sustituya el pasado, presente y futuro real por un pasado, presente y futuro imaginario, es una señal clara", explicó Sosa.

Si la enfermedad es detectada en sus etapas iniciales –algo que no siempre se logra porque los pacientes suelen consultar tarde–, existen tres fármacos que se utilizan para frenar el proceso evolutivo de la enfermedad. Todos están disponibles en Uruguay y se recetan con buenos resultados.

Por otra parte, el sistema de salud uruguayo no está ni "remotamente" preparado para responder a las demandas de los pacientes de Alzheimer. "Estos pacientes son una carga pesada para la sociedad porque necesitan tratamiento las 24 horas", explicó Sosa. A pesar de ello no hay lugares específicos donde puedan internarse e inexorablemente terminan viviendo en casas de salud no especializadas o en ámbitos públicos como el Vilardebó, la Colonia Etchepare o el Piñeyro del Campo.

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Unas 25 millones de personas sufren de Alzheimer en todo el mundo. En Estados Unidos se estima que la cifra llega a 4,5 millones, mientras que en Uruguay no hay cifras confiables al respecto, informó el geriatra Alberto Sosa.

Se denomina demencia genéricamente a los síntomas que se relacionan con una pérdida de la capacidad de pensamiento. Los más comunes incluyen una pérdida gradual de la memoria, problemas de razonamiento y de juicio, desorientación, dificultades para el aprendizaje, pérdida de la capacidad del habla y disminución en la habilidad para realizar tareas rutinarias.

La enfermedad puede extenderse entre tres a 20 años, según su progreso. Primeramente se ven afectadas las áreas del cerebro que controlan la memoria y el pensamiento, pero a medida que la enfermedad avanza comienzan a morir células en otras regiones del cerebro. En su etapa final la persona con Alzheimer necesita control permanente y no puede valerse por sí misma.

Detectada a tiempo la evolución de la enfermedad puede enlentecerse y la familia puede prepararse para darle al paciente un sistema de contención.

El Alzheimer es un mal que afecta a la familia y el ámbito social en el que se mueve la persona afectada. Por otra parte, advirtió Sosa, el aspecto legal puede ser problemático, por lo cual temas claves como el tipo de tratamiento e incluso un eventual testamento, deben ser considerados en etapas tempranas, cuando el paciente aún posee el uso de sus capacidades.

La investigación con células madres abre esperanzas muy ciertas de encontrar una cura. Además se investigan las propiedades de fármacos que frenan el depósito de ciertas proteínas que afectan al cerebro...

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