A Claudia Perugorría, propietaria de 47 hectáreas en la zona de Valentines donde la minera Aratirí está haciendo exploraciones, le dicen "La Bin Laden" de los productores rurales. Su actitud tenaz en contra del proyecto la llevó a iniciar un juicio por los daños ocasionados por la minera en su campo.
Hace diez años compró su campo para poder irse a vivir algún día y en donde actualmente cría "algunas vacas". Cuando la empresa llegó a la zona, acordó, sin pedir nada a cambio, asegura, el ingreso a su predio para las primeras exploraciones y perforaciones.
Pero con el correr de los meses vio que lo que se había acordado jamás se cumplió. "Me entraron y me destrozaron el predio. Cuando quise ver, ya no era una camioneta, eran 20, que entraban y salían todo el día". Dijo que hubo un momento en que ya no podía ingresar a su propio terreno y empecé a colgar carteles alrededor para denunciar la situación. En ese momento la empresa quiso comprar esas 47 hectáreas por el triple de su valor. Le ofrecieron US$ 103.000, pero se negó. "Sentí que ya me habían estafado", señaló. Ahora dice que no vende el campo ni que le ofrezcan un millón de dólares y además le inició un juicio a la empresa por los daños que le hicieron en el terreno. El viernes fue la última audiencia y el peritaje técnico fue favorable al reclamo de la productora.
La demanda fue por US$ 22.000.
Recursos. Hay otros 250 productores que ya presentaron recursos en contra del ingreso a la minera.
Julio Gómez, escribano de Cerro Chato, ha llevado algunos de esos casos y expuso las razones por las cuales hay gente en contra del emprendimiento.
"El volumen del proyecto en un país como Uruguay es desmesurado. Se pidieron 120.000 hectáreas, lo dicen ellos mismos. En estas tierras hay 2.400 familias de productores instaladas, con sus peones, su entretejido social. En algún determinado momento van a tener que trasladarse, salir, esa responsabilidad la tiene que asumir alguien", explicó.
Dijo que hoy la economía de la zona está funcionando sobre un recurso, como la ganadería, que se ha demostrado sustentable desde hace 400 años. Y que ahora se va a cambiar a un recurso finito como el hierro.
"Cuando se complete ese período de extracción, ¿qué me va a quedar de las 120.000 hectáreas? Un agujero", reflexionó. "En este tema se ha hablado del capital económico, no se ha hablado ni del capital social, ni del capital natural. Los países en serio están abandonando la minería a cielo abierto. Nosotros lo aceptamos de brazos abiertos", concluyó el escribano.