Dra. Alicia Martínez |
Médica Oftalmóloga de UCM-
La exposición a la radiación solar en forma intensa y prolongada, sin una adecuada protección, es capaz de ocasionar graves compromisos en la calidad de vida debido a alteraciones en la visión que disminuirán gran parte de la información recibida.
La radiación electromagnética ultravioleta, que es la parte no visible del espectro de luz solar, causa cambios en las estructuras fotorreceptoras del ojo.
La percepción visual se produce normalmente por la excitación de estas estructuras, y sus modificaciones son reversibles a través de la regeneración de esos fotorreceptores.
Cuando la radiación es muy intensa o bien demasiado prolongada, debido a un efecto acumulativo que la caracteriza, puede producir lesiones irreversibles o permanentes.
Un ejemplo conocido de esta situación, es la ceguera secundaria a la quemadura de la retina que se produce por la observación no protegida de un eclipse solar. El mismo efecto tiene lugar en el caso de la aplicación de la radiación de rayos láser, que es utilizada por su efecto de fotocoagulación para el tratamiento de la retinopatía diabética.
La radiación ultravioleta (UV) a nivel ocular produce fotoenvejecimiento en forma proporcional, no sólo a la intensidad de la radiación recibida, sino a la prolongación en el tiempo de dicha exposición, por un efecto acumulativo. Es el mismo efecto acumulativo que se advierte en el caso de los cánceres de piel, o para generar inmunosupresión.
El efecto de la radiación UV recibida puede potenciarse por factores que dependen del momento del día, y del lugar en que se recibe, siendo mayor en las horas previas y posteriores al mediodía, y en ambientes en los que el agua o la nieve aumenten y concentren el efecto de la luz a nivel ocular.
Las circunstancias de lugar y horario deben tenerse en cuenta para la prevención de lesiones oculares.
radiación que afecta a los ojos. Las longitudes de onda más largas que las de la luz roja (por encima de 760 nm.) correspondientes a los rayos infrarrojos no son percibibles por el ojo humano, pero están presentes en el espectro de la luz solar, y son responsables de la lesión oftalmológica conocida como "catarata senil" o de vidriero.
Las longitudes de onda cuya mezcla forma el espectro de luz visible (entre los 400 y 750 nm.), pueden causar lesiones de la retina con baja visión nocturna.
Por debajo de los 400 nm de longitud de onda, la radiación no visible UV.
La radiación UV- C, es la que está por debajo de 290 nm, con una mayor frecuencia y concentración de energía, y que es la de mayor potencialidad de lesión. Se utiliza en las lámparas ultravioletas por su poder germicida, pero casi no llega a la superficie terrestre porque es absorbida en su casi totalidad por la capa atmosférica más alta, en particular por la capa de ozono, que es oxígeno en estado inestable.
Los rayos UV-A están por encima de los 320 nm de longitud de onda , y los UV- B entre los 290 y 320 nm.. La radiación UV-B, igual que la UV-C, es absorbida en su casi totalidad por el ozono, a unos 20 Km. de la superficie terrestre. Ambos UV, C y B pueden aumentar en zonas muy elevadas del planeta, o por disminución de la capa de ozono causada por el cloro del compuesto cloro - fluor - carbono (CFC) utilizado principalmente en aerosoles.
La radiación UV-A produce un color bronceado de la piel al estimular la secreción de melanina cutáneo en reacciones de fotosensibilidad.
La radiación UV produce lesiones oculares: la UV-A actúa por absorción a nivel de la córnea y la UV-B, por absorción a nivel de córnea y cristalino.
La exposición crónica de radiación UV-A produce cataratas (opacidad del cristalino) de modo progresivo y en forma casi inadvertida, por efecto acumulativo de la radiación.
Las lesiones producidas por la radiación UV-B a nivel ocular suelen ser de tipo agudo, no acumulativo, luego de una exposición prolongada de alta intensidad, que suele ir acompañada de quemadura con ampollas en la piel. A nivel ocular se traduce por fotoqueratitis como daño ocasionado sobre la córnea. Se observa fundamentalmente en la exposición prolongada y no protegida, en horas de máxima intensidad de radiación (entre las 10 am y las 16 pm), y en un ambiente físico de alta reflectividad de la radiación como por ejemplo el agua.
Las lesiones oculares. Pueden observarse alteraciones a nivel de diferentes estructuras oftalmológicas, y cabe distinguir las que se producen en los párpados, las conjuntivas, la córnea, el cristalino y la retina.
A nivel de los párpados, su delicada piel sufre quemaduras y lesiones degenerativas en forma de manchas grisáceas amarillentas, o de una lesión que por su forma se llama "en palmera" que al crecer llega a la conjuntiva.
A nivel de la conjuntiva se describe un engrosamiento que se llama pterigion, y que se ve con mayor frecuencia en países de clima tropical, y también en Australia, y está relacionado con el mayor número de horas de exposición solar que tiene lugar en dichas latitudes.
A nivel de la córnea, la fotoqueratitis aparece aproximadamente a las seis horas de sufrir una exposición intensa, y tiene un significado biológico que es similar al de una soldadura autógena. Se efecto clínico es la ceguera transitoria. Se observa con frecuencia en exposiciones no protegidas en la nieve, debido a su alta reflectividad. El epitelio se regenera entre las 12 y las 24 horas.
A nivel del cristalino, todos los estudios señalan a la radiación UV como responsable del aumento en la incidencia de cataratas, por opacificación de esta estructura. Se estima que la radiación UV-B aumentaría hasta un 60% las cataratas corticales.
A nivel de la retina, las lesiones se observan en exposiciones breves e intensas, como por ejemplo durante la observación de un eclipse solar sin la debida protección ocular. También se ve en pacientes con maculopatía senil, sobre todo si fue operado de cataratas. Ello se debe a que la falta de cristalino (que absorbe gran parte de los rayos UV) deja expuesta a la retina, a pesar de que la lentilla sustituta tiene cierto efecto protector contra la radiación. Por este motivo, los operados de catarata deben de realizar una prevención especial de radiación UV.
Lentes para enfrentar los días del verano
Del mismo modo que se utilizan cremas y lociones como filtros de radiación para proteger la piel, se utilizan lentes con igual finalidad, para interponer un filtro entre la radiación y el órgano blanco. Así como a nivel dermatológico existen diversidad de calidad y eficacia en los filtros utilizados, igual ocurre a nivel ocular.
Debe tenerse en cuenta que un lente oscuro, sin la adecuada capacidad de filtro, puede producir un efecto contraproducente ya que al disminuir la cantidad de luz, causa una dilatación de la pupila que permite una mayor penetración de radiación UV.
Los lentes con protección específica para UV consiguen reducir su impacto hasta en un 95%, en caso de estar dotados de protección lateral. El uso de sombrero con visera aumenta el efecto protector.
Se ha estudiado en forma comparativa el beneficio de diferentes materiales, llegándose a la conclusión que la mejor absorción de UV se conseguía con el plástico, que supera al vidrio en su función de filtro.
Con relación al color de los lentes, también se realizaron estudios comparativos cuyos resultados fueron los siguientes:
Color ámbar - marrón es el que posee más tolerancia sin alterar los colores naturales.
Color verde en cambio, aunque tampoco altera los colores naturales, puede modificar los contrastes.
Color amarillo aunque consigue una buena absorción de UV-B, absorbe pequeñas cantidades del espectro visible, y puede bloquear la longitud de onda correspondiente al azul.
Puede ser una característica útil a la actividad deportiva.
Los lentes de luz polarizada reducen el deslumbramiento y demostraron ser muy útiles para su utilización en ambientes en los que existen superficies altamente reflectantes, como por ejemplo el agua, la nieve o el hielo.
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