Los dueños del reino de la basura

Reciclaje. La dependencia que se genera entre "depositeros" y clasificadores es un obstáculo para regular el sistema Quiénes ganan y quiénes pierden en el circuito de los residuos

2008-05-23 00:00:00 300x300

XIMENA AGUIAR

Un conjunto de depósitos clandestinos media entre los clasificadores y las empresas recicladoras, y se lleva las principales ganancias de una materia prima que se cosecha en los contenedores de la ciudad.

Entre las tres flechitas verdes que simbolizan el circuito de reciclaje, hay en Uruguay una caja negra, de la que se conoce siempre demasiado poco. Miles de clasificadores recorren la ciudad buscando cartón, plástico y metal, y unas pocas empresas en cada rubro venden y exportan ese material procesado. En el medio, depósitos de varias escalas acumulan y venden el material, aumentando su precio hasta cuatro veces, según un informe del programa Uruguay Clasifica del Mides.

Quienes conocen esta intermediación, hablan de una cadena "oligopólica" de negocios "en negro", sostenida por relaciones de "dependencia", con "márgenes de ganancia excesivos" y "actores pesados". El Estado recién empieza a acercarse a ella (ver recuadro).

Balanza. Es mediodía, y el dueño de un depósito barrial en Carrasco Norte para a descansar tras pasar la mañana separando materiales junto a su hermano y su tío. Tiene una balanza y un fajo de billetes en el bolsillo, capital de giro para comprar grandes volúmenes de materiales reciclables y venderlos después. Entre las bolsas llenas de envases hay ropa colgada, y el cochecito de una niña que llora adentro de la casa.

La primera escala de depósitos suele estar dentro de los asentamientos, y son gestionados por lo general por ex clasificadores que lo ven como su posibilidad de ascenso social: ganan más y tienen más poder en la zona, aunque siguen viviendo entre residuos, y en situación de exclusión, dijo el director de Uruguay Clasifica, Nicolás Minetti.

En este caso, el dueño trabajaba como transportista en Rotondaro (empresa que procesa papel y cartón) y vio el negocio. De oficio es chapista de autos, pero gana mucho más con esto.

Como la diferencia entre compra y venta es de centésimos, la gracia está en manejar grandes volúmenes. Él le compra a unos 60 carritos, y llega a vender unos 3.000 o 4.000 kilos de plástico y 10.000 de cartón por mes, afirmó.

En otro depósito mayor, en la zona de Euskal Erría, cuatro o cinco personas atienden a los que llegan. El dueño vive a una cuadra de allí, en una casa de material que ocupa un cuarto de manzana. A ninguno le gusta la llegada de gente desconocida, con cámara de fotos.

Los depósitos medianos "controlan las bocas de entrada de los residuos clasificados". "En general es gente vinculada a los depósitos grandes que en acuerdo con ellos abre un intermediario mediano. Tienen un nivel de educación mayor, no viven en asentamientos, son más como comerciantes. Incluso hay algún depósito abierto por funcionarios de las divisiones de limpieza de las intendencias, que ven el negocio" contó Minetti.

A este nivel también se suele trabajar en la informalidad. "Las condiciones en las que realiza el trabajo son de un profundo impacto ambiental, porque los residuos están amontonados, no se cumple ninguna condición", dijo Minetti.

Este tipo de acopiadores vende a empresas formales, como Werba, Rotondaro, o Pedernal, que compactan o pican el material y lo venden, a su vez, a quienes producen a partir de esa materia prima.

Códigos. El dueño del depósito barrial es amado y odiado: el clasificador depende de él y no puede negociar al precio de su mercancía porque vive "al día", explicó Eduardo Pérez, de la Unión de Clasificadores (Ucrus). Por eso el sindicato habla de "explotación social" de parte de los intermediarios.

Pero cuando al clasificador se le rompe el carro o necesita dinero de urgencia, es el depositero quien lo ayuda. Luego habrá que devolverle la "solidaridad" en especies: más material reciclable. Así se va creando una situación de dependencia, explicó Minetti.

La relación también está marcada por la desconfianza mutua, por prácticas como el pesaje "a ojo" o con balanzas falseadas de parte del depositero y el humedecimiento del material para que pese más, de parte del clasificador.

Hace unos días rociaron con nafta la camioneta del dueño del depósito en Carrasco Norte. El ambiente es peligroso. "Se sabe que es un mercado que se maneja con códigos complicados. Ha habido incendios de depósitos. No es que cualquiera arma su depósito: está quitándole mercado a otro. Por eso hablamos de oligopolio", dijo Minetti. Los depósitos chicos son protegidos por los mayores. "Yo le vendo a quien no compre al depósito más cercano. Es como una jugada de ajedrez", dijo el depositero. Los medianos le garantizan a las empresas un suministro. "Empieza a haber un régimen de entrega de una cantidad de material", dijo Pérez. Para Minetti, son prácticamente como "sucursales".

Las intendencias de Montevideo y de Paysandú comenzaron a conocer esta lógica que domina un circuito en el que se quiere incidir. Pero transformar este sistema es tarea difícil.

Porque, aunque todos los actores se quejan de algunos de sus aspectos, ha articulado durante años las necesidades de ciudadanos que quieren deshacerse de su basura, empresas que necesitan materia prima, y de aquellos que están dispuestos a hacer el trabajo sucio.

Intervenir en el circuito de depósitos

FORMALIZAR El año pasado se relevó la ciudad de Paysandú, se detectaron lugares de acopio y se les intimó a que se registraran y cumplieran condiciones como trabajar en un lugar cerrado, contratar una empresa para control de plagas, y que quienes trabajen allí tengan carnet de salud. Hay una veintena de acopiadores medianos de distintos rubros, que venden fundamentalmente a empresarios de Montevideo, dijo Eduardo Américo, director de Higiene de la Intendencia de Paysandú.

ELIMINAR El programa Uruguay Clasifica del Mides propone un modelo con centros de acopios sin fines de lucro, gestionados por cooperativas de clasificadores, en los que los intermediarios que no agreguen valor no tienen razón de ser.

CONOCER La intendencia de Montevideo está acercándose al tema desde dos puntas: los clasificadores y las empresas, informó Néstor Campal, director de Desarrollo Ambiental. Se pidió a Centros Comunales Zonales y al Programa de Integración de Asentamientos Irregulares (PIAI) que recabaran información. Por otro lado, se definió un plan de acción con la DGI de análisis de la situación. También se encontró un interés común con la Cámara de Industria, que participa de la financiación de una futura planta de disposición final y por lo tanto quiere evitar el pasaje de los residuos por un circuito negro.

¿REPRIMIR? La movilidad de los depósitos, la ausencia de responsables y la imposibilidad de penalizar a alguien por acumular cartón o envases hace que se desestime una acción por vía judicial.

La cifra

75% Es la parte del precio final de los reciclables que se llevan los intermediarios, aumentando 4 veces el precio que pagan al clasificador.

Acopiando residuos en la carne de los cerdos

Los criaderos clandestinos de cerdos son también otra manera de acumular residuos y transformarlos en un producto vendible, señaló Néstor Campal, director de Desarrollo Ambiental de la Intendencia. Se destinan al consumo personal, pero hay también una importante escala comercial. "Hay un conjunto de empresas, no pequeñas, que dan los cerdos chicos a los asentamientos para que los engorden, después los recuperan y les pagan", dijo Campal. "Algunos números indican que un porcentaje importante de la producción de cerdo de Uruguay se hace por esa vía. Estamos hablando del orden de un 20%", señaló.

Para incidir en este problema "endémico" de la ciudad (que ya se mencionaba en escritos de fines del siglo XIX), se coordinó con el Programa de Integración de Asentamientos Irregulares que la cría de cerdos debe ser transformada al hacer un reasentamiento: debe eliminarse o hacerse en otras condiciones, dijo Campal.

Un cambio desde las empresas formales

En las conversaciones entre Intendencia y clasificadores o entre DINAMA y las industrias que producen residuos, suele faltar un actor: las empresas que compran y transforman esos residuos.

Esa fue una de las razones por la que creó la Cámara de Empresas Gestoras de Residuos del Uruguay, que el 9 de mayo firmó su acta fundacional, con 17 integrantes. La mayoría trabaja con residuos industriales, pero también la integran empresas formales que compran lo recogido por clasificadores, como el depósito Pedernal.

Ana Luisa Arocena, presidenta de la Cámara, dijo que sabe que el rubro es visto con desconfianza. También señaló que la situación actual es "reflejo de la madurez del país en su gestión ambiental", y que la asociación busca incidir en su mejora.

"La autoridad tiene que regular al generador y al gestor de residuos. Una de las ideas de que exista esta cámara es empujar al país a que madure esa relación", dijo Arocena. Para ello, dijo, las exigencias para los gestores deben ser mayores, en lo ambiental y en lo laboral.

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