Los 25 paises de la UE ampliada celebran su encuentro en Dublín

| Los gobernantes de esa gran Europa ampliada se dan cita hoy en Dublín, en una ceremonia solemne en el palacio de la Presidencia de Irlanda que marca el "Día de la Bienvenida"

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AP

DUBLIN - Los 25 miembros de la Europa ampliada celebran hoy en Dublín su encuentro, en el primer día de una UE fortalecida con diez nuevos países y que constituye a partir de este momento una de las uniones económicas y de población más importantes del mundo.

La Unión Europea pasó de 15 a 25 Estados desde la pasada medianoche con la histórica ampliación a Polonia, Eslovenia, Eslovaquia, Hungría, República Checa, Estonia, Lituania, Letonia, Malta y Chipre.

La llegada en bloque de los diez nuevos Estados constituye la ampliación más importante desde el inicio de la construcción europea, en 1957.

La población de la UE aumentará en unos 75 millones de habitantes, 39 millones de ellos correspondientes a Polonia, el más grande de los nuevos miembros.

Tras esta ampliación, la UE tendrá 450 millones de habitantes, desde los Estados bálticos a las islas mediterráneas de Malta y Chipre.

Este reencuentro con la Europa occidental para ocho países que pertenecían el ex bloque comunista entierra definitivamente la Guerra Fría en el Viejo Continente, al término de un largo proceso nacido de los escombros del Muro de Berlín, caído en noviembre de 1989.

"Bienvenido a la nueva Europa", declaró el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, en un mensaje difundido la noche del viernes en Bruselas.

Prodi tenía previsto reunirse hoy con el primer ministro irlandés Bertie Ahern, cuyo país preside actualmente la Unión Europea, y el presidente del Parlamento Europeo Pat Cox, para la primera conferencia de prensa en Dublín de los "tres presidentes" de la UE.

Ahern recibirá luego a sus 24 colegas jefes de Estado y de gobierno de la UE ampliada, para una ceremonia en la que se izarán las banderas de los 25 miembros de la Unión. Un coro de 500 niños entonará al mismo tiempo a la Oda a la Alegría de Ludwig van Beethoven, el himno europeo.

Esta ceremonia tendrá lugar en la residencia de la presidenta irlandesa Mary MacAleese, en el centro del Phoenix Park de Dublín, cuyo acceso quedó bloqueado por un importante dispositivo policial.

Con música, discursos y gestos simbólicos, los nuevos miembros de la UE no esperaron hasta hoy para celebrar su entrada en la Unión, que constituirá el tercer grupo de población más grande después de China y la India.

Responsables austriacos, italianos y eslovenos se reunieron a 1.509 metros de altitud ayer por la mañana, en la llamada cumbre de las Tres Fronteras de los Alpes, que comparten sus tres países. "Conservemos este nombre como un recuerdo para la posteridad, cuando la gente ya no sepa qué son las fronteras", declaró el primer ministro esloveno Anton Rop.

Lech Walesa, el sindicalista polaco que contribuyó en los años 80 al desplome del comunismo en Europa del Este antes de llegar a la presidencia de su país, declaró simplemente: "El sueño de mi vida se cumplió. Ahora, mi lucha ha terminado".

El presidente checo, Vaclav Klaus, conocido por su euroescepticismo, tuvo el papel de aguafiestas y advirtió a sus conciudadanos que pueden tener "desilusiones" con la UE.

En la "vieja UE", el entusiasmo no era muy grande. El primer ministro belga, Guy Verhostadt, pidió a los europeos que no "cedan al discurso populista del miedo".

En Berlín, una fiesta popular con cerveza y especialidades de los países miembros en los alrededores de la Puerta de Brandemburgo, símbolo de la división del Viejo Continente durante 40 años, saludó el acontecimiento, pero la asistencia fue escasa.

"Para mí, la ampliación es la obra maestra política de la Unión. De Talin a La Valeta, nuestros nuevos conciudadanos supieron construir una economía de mercado y una sociedad abierta y democrática. Todos los nuevos Estados miembros merecen nuestros aplausos y nuestra admiración", agregó Prodi.

Más de medio siglo después de las conferencias de Yalta y Potsdam (1945), que abrieron la vía a la división política de Europa en dos zonas enfrentadas (al Este los regímenes comunistas satélites de la Unión Soviética y al Oeste las democracias capitalistas aliadas de EEUU), el continente vuelve a reunirse en torno a instituciones, valores y objetivos comunes.

En la Europa de los Veinticinco que nace formalmente el centro de gravedad político se trasladará hacia el Este, la frontera de la Unión alcanzará a Rusia y la correlación de fuerzas será tal vez menos federalista y más pro estadounidense.

Esta ampliación, la quinta desde que echó a andar la construcción europea en 1952 con el Tratado de la CECA (Comunidad Europea del Carbón y del Acero), tiene en efecto una razón moral que trasciende los cálculos políticos.

Para la mayoría de los observadores, la foto de familia del sábado en Dublín es la prueba de una deuda histórica por fin saldada.

Desde que se hizo irreversible el desmoronamiento del poder soviético en Europa oriental, con la caída en 1989 del Muro de Berlín, los occidentales sintieron la obligación de acoger en su seno a los europeos del Este, que fueron en gran medida abandonados a su suerte hace medio siglo.

Las primeras solicitudes formales de adhesión a la Unión desde el otro lado del antiguo Telón de Acero llegaron de Hungría y Polonia en 1994, y entre 1995 y 1996 se presentarían todas las demás.

La última del grupo, fue la de la república de Eslovenia.

El 31 de marzo de 1998 los Quince abrieron las negociaciones de adhesión con Hungría, Polonia, Estonia, República Checa, Eslovenia y Chipre; año y medio después la CE daba el visto bueno también al comienzo de las negociaciones con Rumanía, Eslovaquia, Letonia, Lituania, Bulgaria y Malta.

En diciembre de 2002, en la cumbre de Copenhague, los líderes de la UE cerrarían las negociaciones con todos ellos salvo con Rumanía y Bulgaria, las más atrasadas económicamente.

A lo largo de todo ese proceso de negociación técnica las razones políticas a favor de la ampliación de la Unión prevalecieron sobre los miedos que una operación tan ambiciosa y arriesgada suscitaba, sobre todo en el orden financiero.

Los nuevos estados miembros tienen una renta per cápita inferior a la mitad de la media de los actuales Quince, situada entre los 6.600 dólares de Lituania y Letonia y los 18.500 de Chipre, frente a una media comunitaria de 22.500.

Sus enormes necesidades en infraestructuras y su esquema productivo predominantemente agrario amenazaban con hacer explotar el presupuesto de la Unión.

Antes de la adhesión de los Diez, los Quince tuvieron que acometer la reforma de las dos políticas comunitarias más costosas, la agrícola y la regional. También fue necesario reformar las instituciones, un proceso aún sin concluir.

En términos absolutos, el gasto total de la UE para la ampliación entre 1990 y 2006 será de 69.500 millones de euros.

En términos relativos, este coste es "muy pequeño", según la CE, ya que los gastos para la ampliación en 17 años apenas llegarán al 1% del PIB de la UE en 1999 (0,05% anual).

Además, el Tratado de Adhesión de los diez nuevos socios, que entró en vigor, incluye disposiciones para el pago escalonado de las ayudas agrícolas y numerosas medidas transitorias que harán más digerible para los nuevos socios y para los antiguos la plena aplicación de la legislación europea en el Este.

EFE y AFP

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