Llevan operativo Impacto a todo el país para bajar las rapiñas a un 30%

El presidente Tabaré Vázquez prometió bajar 30% las rapiñas en el quinquenio. En Maldonado, en un mes, el jefe de Policía, Erode Ruiz, ya puede decir que cumplió: este delito cayó 29%. La meta la alcanzó gracias a los operativos "Impacto", una directiva del Ministerio del Interior que ahora se llevará a todas las jefaturas de Policía del país.

Es que las rapiñas han sido un permanente dolor de cabeza para los gobiernos del Frente Amplio. Este delito que implica violencia, no ha dejado de crecen año a año: en el primer semestre de 2014, último dato oficial, se denunciaron 10.287 rapiñas (57 por día), un 10% más que igual período del año 2013.

¿Qué hicieron en Maldonado para combatir este flagelo y que bajara? Tanto el arrebato como la rapiña tienen un denominador común: la moto convertida en arma por los delincuentes que circulan buscando el mejor momento para atacar.

Apenas asumió, el inspector Ruiz ordenó la ejecución del operativo "Impacto". Consiste en férreos controles en las entradas y salidas de cada localidad. Al 31 de marzo, la Policía de Maldonado había detectado 286 motos "flojas de papeles" o denunciadas como robadas. Todas salieron de circulación.

La incautación de semejante cantidad de vehículos impactó en la reducción de las rapiñas y le dio un respiro al Frente Amplio en Maldonado, que en medio de la campaña electoral para las departamentales del 10 de mayo ve cómo la inseguridad le está restando votos y corre riesgo de no retener por tercera vez la Intendencia.

Duro entre duros.

Muchos de los oficiales superiores que hoy ocupan cargos importantes en las estructuras policiales, se foguearon en el combate a una delincuencia inusualmente dura. Un perfil de maleantes que el país, y en particular Montevideo, no veía desde hacía décadas. Muchos de los curtidos asaltantes que comandaban bandas cada vez más numerosas, hacían recordar a los personajes que escribieron la historia del hampa montevideana en los albores de la década de 1960: Varelita, el rey de las fugas, Hidalgo, el pistolero audaz; los porteños del Liberaij, la Monjita, o el ambiguo Chueco Maciel. Solo que la camada de delincuentes que comenzó a pisar fuerte en la década de 1990 era más pragmático, y estaba más preocupado por la plata dulce que por forjarse una leyenda.

En esa época, entonces, se foguearon oficiales como el actual jefe de Policía de Maldonado. Con el rango de subcomisario, Erode Ruiz sirvió en la base de Radio Patrulla que años después comandaría. Los patrulleros fueron durante mucho tiempo la "primera línea de fuego". Un precio que los agentes muchas veces pagaban con su propio pellejo. "Nosotros bancamos todas, pateamos puertas, y cazamos pichis cuando están tratando de rajar", comentaba con orgullo un aguerrido agente que hizo buena parte de su carrera entre la base y en la Dirección de Investigaciones. La Dirección, el antiguo enclave de la Policía de Investigaciones, tenía seis departamentos. El más numeroso era el de Hurtos y Rapiñas, que contaba con el mayor poder de fuego entre los policías no uniformados y la más extendida red de informantes en el bajo mundo. Allí revistó un buen tiempo Ruiz y llegó a comandar el departamento en los momentos más críticos.

El departamento era de tal carácter estratégico que, mientras bajo la luz del sol se celebraban las ceremonias de asunción en los altos cargos, por lo bajo todos se preguntaban: ¿y ahora quién agarra en Hurtos? Los duros entre los duros.

Las llamadas "superbandas" que asolaron con fuerza en toda el área metropolitana entre mediados de la década de 1990 y principios de la de 2000, se conformaron con delincuentes que venían de distintas vertientes y experiencias. Curtidos y agresivos "pesados" argentinos, uruguayos tan "pesados" como aquellos que habían quemado plomo en Buenos Aires, policías o expolicías, extupamaros, delincuentes que habían hecho carrera y contactos en Milán y Barcelona, traficando drogas o explotando meretrices. Un elenco grande y surtido. Habían aprendido la modalidad de los grupos comando, a operar con logística y a hacer "inteligencia de campo", a usar armas largas y calibres altos, inusitados para la escuálida rapiña vernácula.

En el combate a un lado y otro, muchas veces se cruzaron líneas, como aquel extraño tiroteo en Sayago que parió la llamada "polibanda".

Lo cierto es que en esa zona gris — adonde algunos fueron y volvieron— y luego de varios cambios de mando, estrategias, medidas urgentes y severos llamados al orden desde las alturas, la guerra contra esas formas de incipiente crimen organizado terminó victoriosa. Hoy muchos oficiales de aquella época dicen: "terminaron todos adentro, o bajo tierra".

Erode Ruiz habla con afabilidad, pero como la mayoría de sus colegas se vuelve parco cuando hay que hablar de aquellos momentos. Es un policía de los que le gusta pisar el barro. Ha negado una y otra vez su vinculación con los incidentes del Filtro. Ninguna investigación, interna o judicial, ha probado nunca tal nexo.

Lo cierto es que, aún hoy, entre los policías es de uso la tajante categorización: los de "sangre azul", para aquellos oficiales que, por una u otra razón, terminan haciendo una gran carrera administrativa en el instituto. Y los que simplemente se llaman policías. Unos ganan batallas desde los laberintos burocráticos o políticos. Otros lo hacen en la calle, donde las victorias son grises como las baldosas.

maldonado llegó a la metaM. GALLARDO / R. ROSSELLO

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