La vereda se extiende en la esquina de Ejido y Gonzalo Ramírez para dar espacio a la ochava que amplía sus transparencias hacia el interior de "Le Petit Jardín", donde las plantas permiten internarse en una selva que, fresca, se renueva cada día; donde las flores cumplen su cuota de color y aroma hasta penetrar, por los sentidos, el espíritu.
Si bien la tradición de belleza y servicio se remonta en esta florería a ochenta años atrás, la empresa familiar que Sully y Hugo llevan adelante comenzó cuando Sully entró a trabajar, porque Le Petit Jardín necesitaba cadete en 1986. Cuando la dueña de la florería se jubiló, la familia Borges Santos decidió comprarla y cuota sobre cuota la fueron pagando con su trabajo de cada día, con la garantía de la firma. Hoy, bien pueden asombrarse de los riesgos afrontados, de su espíritu de lucha para afirmar una empresa que se ha modernizado y da entrada a los aún más jóvenes: Andrea, una sobrina veinteañera; María Noel, una hija de once años y no falta Melisa, la más pequeña, quien lo mejor que hace a los tres años es jugar entre las flores.
Todos los dias. Belleza y servicio; artesanía y disciplina; responsabilidad personal y cooperación para el trabajo en equipo, son ingredientes que se aprecian desde los primeros contactos cuando se comparten algunos minutos con la familia, mientras se eligen plantas y se observa el ir y venir de los arreglos florales encargados, o se escuchan las respuestas al teléfono, que llama repetidamente con nuevos pedidos. Por el número 900.32.89, Sully y Hugo atienden las 24 horas de los 365 días del año. Porque como dice Hugo "no hay hora para encargar las flores de un entierro y la gente angustiada llama sin pensar si son las 3 o las 4 de la madrugada. También la alegría hace que se olvide el reloj y los casamientos, los festejos, llevan a pedir flores en cualquier momento libre de quienes están felices y necesitan organizar con tiempo lo que dará marco y luz a su celebración.
Le Petit Jardín estuvo siempre en la calle Yaguarón, formando con otras florerías el camino que baja hacia el cementerio. Cuando, hace algunos meses, llegó la oportunidad de mudarse a un local con más espacio, en Ejido y Gonzalo Ramírez, Hugo y Sully experimentaron al poco tiempo los buenos resultados de una vidriera que se convierte en enorme pantalla para mostrar toda la oferta de una casa donde se aplica la formación artesanal para fabricar tanto coronas como todo tipo de arreglos para casamientos en iglesias y salones; una vidriera y una puerta bien grande por la que entran los clientes. Grande sí, porque son bien recibidos y grande también, porque por ella sale la producción de una empresa que multiplica su rendimiento en la medida en que diversifica sus posibilidades de atención al público.
Sully Santos nació en una familia de trece hermanos en la ciudad de Guichón; también de Guichón es su marido, Hugo Borges. La familia Santos es muy respetada y querida en su comunidad, pero Sully quería otro destino que le permitiera progresar en una empresa propia y de cadete en Le Petit Jardin, la vida la fue llevando paso a paso, "por la academia del trabajo cotidiano" como bien la llama Hugo, a resolver juntos los problemas de una empresa que crece y crece, como sus hijas, como los lazos familiares que al igual que las coronas y los ramos se tejen firmes, sin descuidar cabos sueltos, amarrando los afectos y dejando volar los sueños del corazón, prendidos de la fe en Dios.
En Le Petit Jardín se respira la confianza natural del paraíso perdido que todos añoramos, sin saber que está ahí nomás, en esa esquina de Ejido y Gonzalo Ramírez o en el pequeño jardín interior de cada uno.