Las acrobacias del ministro-portavoz

Antonio Mercader

Dura carga la del ministro Brovetto cuando funge de portavoz presidencial. En vez de actuar como el típico vocero que aparece en las buenas y en las malas, se lo reserva para las crisis. Es él quien sale a interpretar y enmendar en nombre del gobierno cuando las papas queman, rol ingrato si los hay, en especial si se trata del ministro de Educación y Cultura, gobernante cuya imagen convendría preservar en honor a las tareas que la ley sí le asigna. Enfrentarlo a periodistas y exponerlo a practicar piruetas oratorias mella la credibilidad de quien capitanea, entre otras cosas, la reforma educativa en ciernes.

Si es llamativo verlo de portavoz, asombra que le pidan imposibles como el que marcó su debut en tan arduo rol. Fue en setiembre cuando Brovetto quiso desmentir la renuncia de Astori por diferencias sobre el presupuesto. Como se sabe, hubo crisis de verdad y -a Dios gracias- fue superada. Pese a todo, Brovetto no se amilanó y desde allí, no sin un aire de fatiga, resurge en trances cruciales para dar la cara, por otros, ante la ciudadanía.

Así, debe extremar su dialéctica en temas gruesos como el de las papeleras. Su hora estelar llegó cuando el presidente Vázquez anunció junto a Kirchner en Santiago lo que pintaba como un acuerdo en regla: se levantaban los piquetes en los puentes y se suspendían las obras en Botnia. Ante la ola de protestas, Brovetto, salvavidas en mano, salió a decir que se malinterpretó a Vázquez, que no hubo acuerdo sino "diálogo". Y en plena acrobacia añadió un incunable, algo así como que los presidentes "acordaron que iban a acordar".

Entonces, como otras veces, la culpa recayó en los periodistas, esa mala hierba que crece por doquier y que el portavoz, como otras figuras de gobierno, usa cada vez más de chivo expiatorio. Un caso emblemático es el de Nelson Fernández, el periodista que habló con el presidente en Washington hace un par de semanas y anunció que Uruguay podía rebajar su status en el Mercosur pasando a la categoría de asociado. Brovetto, yendo de nuevo al sacrificio, desmintió a Fernández. Su trajín persiste en estos días en que intenta justificar marchas y contramarchas sobre fecha y sede del próximo Consejo de Ministros.

Si bien la función del portavoz presidencial es común en las democracias, no es normal ponerla a cargo del Ministro de Educación que entre nosotros debe ocuparse de la buena marcha de 18 unidades ejecutoras. Y más raro aún es que a ese ministro se le endilgue la desgastante misión de comparecer ante la opinión pública para explicar lo inexplicable.

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