Lacalle "rindió cuentas" a Saravia, en último esfuerzo

| Volvió a reivindicar la unidad partidaria, dijo que las heridas "sanaron", y que las urnas "premiarán" a su equipo

General, aquí estamos, venimos a rendir cuentas, acabamos de recorrer 16.000 kilómetros, hemos levantado nuestra voz 350 veces (...), lo hemos hecho así, para que quedara, como ha quedado, la imagen de un país entero", proclamó el candidato herrerista Luis Alberto Lacalle, apenas comenzó su último discurso de campaña, al pie del monumento a Aparicio Saravia.

En una oratoria cargada por la emoción y el recuerdo, con repetidas apelaciones a la unidad partidaria y a la tradición nacionalista, con la garganta cansada por el trajín proselitista y la voz quebrada hasta las lágrimas en algunos tramos del discurso, Lacalle, con toda la dirigencia de su sector en el estrado, desgranó sus palabras en un diálogo imaginario con Saravia, a manera de balance del esfuerzo realizado.

"No hemos querido dejar de visitar los más recónditos lugares, donde cinco, doce, quince nacionalistas estaban esperando el mensaje (...). Vimos los niños desnutridos de Artigas, paisanos que cobran 50 pesos por día por trabajar en las condiciones más duras; poco piden, pero de lo poco que piden es que estemos cerca de ellos porque en el país no hay votos, hay gente que vota".

"Queremos decirle General —agregó— cómo está nuestro Partido. Queremos decirle que estamos con un Partido fuerte, que crece, unido, orgulloso de sí mismo; hoy caminamos por la calle con la frente levantada porque no tenemos dentro de filas discordia, ni adversario ni enemigo, tenemos simplemente rivales. No ha sido una tarea simple, pero desde julio del 99, desde el Directorio (...) pusimos todo lo que pudimos para que se sanaran heridas, para que se retornaran los pasos de los caminos equivocados".

"No fue fácil, General, pero si había que poner algo de nuestra parte como sacrificio, lo pusimos, poniendo un manto de olvido, en donde podíamos haber tejido memoria", subrayó.

"Saludamos a Jorge Larrañaga y a Cristina Maeso nuestros ocasionales competidores, porque este Partido suyo hoy ha comprendido que es tan grande la tarea que le espera, que no puede darse el lujo de tener la discrepancia mayor".

De inmediato, elogió la adhesión de agrupaciones coloradas a su sector, de listas vinculadas a la policía y las Fuerzas Armadas, y saludó la presencia de los intendentes y de los dirigentes que vienen del wilsonismo.

LEGADOS. Presentó a Herrera como el abanderado de la herencia saravista, y a Wilson Ferreira Aldunate como la figura que recoge el legado herrerista.

"Nosotros no tuvimos, General, el honor de votarlo —dijo en alusión a Wilson— pero hacemos hincapié en haber sido fieles depositarios del mandato de ‘cuando yo no esté no se peleen’. Si algo hemos cumplido, es eso", remarcó.

"Hemos sido sí, fieros en el combate. Y lo vamos a ser porque queremos tener la preferencia del Partido para llevar adelante la candidatura y porque sentimos que ya la estamos teniendo".

Lacalle —que no se detuvo esta vez en las propuestas que componen su programa de gobierno— dijo que el pueblo nacionalista "va a premiar a su equipo".

"General, hoy algunos intentan utilizar su nombre, pero usted ya lo dijo: con postes podridos no se construyen mangas. Y por si tiene que quedar más claro: la cáscara se va, pero el cerno queda", reivindicó, levantando nuevamente el aplauso de la asamblea.

"Estuvimos en el lugar que teníamos que estar desde los comunicados 4 y 7 en adelante, no hicimos la vista gorda (...) no estuvimos esperando si el golpe era bueno o malo, para nosotros era violatorio de la Constitución", relató, hablando de 1973.

Recordó las internas del 82, el pacto del Club Naval y la Ley de Caducidad. "Wilson no pudo estar después a la hora de cruzar la banda presidencial, en su pecho, como hubiera correspondido", dijo, refiriéndose a los comicios de 1989.

"Venimos de pasar revista y decimos: General, sin novedad, el Partido está a las órdenes", dijo.

Cajetillas y delincuentes

En un tramo de su alocusión, Lacalle fustigó a la izquierda, y en particular a los tupamaros. "No hace mucho tiempo, hubo quienes se levantaron con bombas y terror contra los gobiernos elegidos y especialmente contra el gobierno blanco". Ya en el 63, acotó, "la subversión intentó destruir las instituciones democráticas, y nosotros lo queremos recordar para repudiar el levantamiento anticonstitucional e ilegítimo".

"Fue el atentado, la tortura, el secuestro y el robo", dijo, "no la revolución; no manchemos la palabra revolución para mencionar a los que fueron delincuentes".

Seguidamente, recordó que Saravia, "en la barbarie de aquella época", impidió "que llevara algunas vidas", entre ellas, "la de Tomás Berreta, apresado en Fray Marcos".

"Qué diferencia con Pascasio Báez, al que mataron simplemente porque había descubierto a unos cajetillas metidos a revolucionarios y que hicieron uso de la ciencia médica para ultimar a un pobre paisano, que cumpliendo con su tarea de recorrer un campo, había descubierto un refugio del terrorismo".

Lacalle dijo que los tupamaros fueron la causa directa "de otra soberbia minoritaria, contra la cual también resistimos", sostuvo, en alusión al período dictatorial.

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