La vuelta del almacén de la esquina

| Las ventas aumentaron casi un 15% desde el último trimestre de 2002 a la fecha. Muchos locales volvieron a abrir

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La misma crisis que terminó por sofocar a algunos de los más antiguos almaceneros de Montevideo y les obligó a bajar la cortina es la que, paradojalmente, parece haber abonado el terreno para que el comercio minorista, que durante la última década parecía destinado a sucumbir frente a la moda de las grandes superficies comerciales, resurgiera de entre sus cenizas a finales de 2002 y comenzara a exhibir este año algunos síntomas de franco crecimiento.

Los minoristas creen que el fenómeno, aunque aparentemente complejo, tiene una explicación relativamente sencilla. "De la mano de la crisis llegaron el desempleo y la rebaja compulsiva de salarios. Los ingresos familiares bajaron dramáticamente y muchos de quienes se habían acostumbrado a realizar un surtido quincenal o incluso mensual en el supermercado modificaron sus hábitos de compra y volvieron a la compra puntual y diaria, que es la que se realiza en el almacén o autoservicio del barrio", señala el vicepresidente del Centro de Almaceneros Minoristas Baristas y Afines del Uruguay (Cambadu), Daniel Fernández.

LA LIBRETA. Pero ese no fue el único cambio de hábitos de consumo que benefició al comercio minorista. De hecho, en la periferia de la ciudad reaparecieron las tradicionales "libretas" que, fundamentalmente durante los años noventa, parecían haber quedado sepultadas para el furor de las tarjetas de crédito.

"Yo tengo clientes, que además son vecinos, que antes pagaban con tarjeta de crédito. Pero después se quedaron sin trabajo y ahora, que empiezan a aparecer algunas ‘changas’ o la posibilidad de ganarse algún jornal, vienen y compran los alimentos para algunos días y la leche para los chiquilines, y me piden que se los anote en la libreta", explica a El País un minorista que atiende una provisión ubicada sobre la avenida Carlos María Ramírez. Las ventajas de este sistema son evidentes.

"Si le prometieron que le pagarían el sábado y resulta que le pagan el martes de la otra semana, yo espero. La tarjeta, no", asegura el comerciante.

De todos modos, los relevamientos efectuados por Cambadu permiten establecer que, en su regreso, la vieja "libreta" se ha adaptado a los tiempos que corren. "Antes la libreta se cerraba mensualmente. Ahora, una semana o diez días es lo máximo que financian los comercios, porque no hay margen para más", asegura Fernández.

Como sea, la libreta no volvió sola. La gremial que agrupa a los almaceneros minoristas tiene informes que revelan que en las zonas más carenciadas de Montevideo el fraccionamiento se ha transformado en una constante y que hay productos como el azúcar, la yerba, los fideos, el arroz y los cigarrillos que, en algunos barrios, se comercializan mayo-ritariamente a través de este sis-tema.

"Hay gente que no tiene plata para comprar un kilo de yerba, o un kilo de azúcar. ¿Y qué quiere que le diga a esa gente? ¿Que no puedo vender fraccionado? Si yo les digo eso, cruzan la calle, caminan dos cuadras, y aquella provisión les vende fraccionado. ¿A usted le parece que voy a perder una venta?", se justifica un almacenero de la zona de Belvedere que pide no ser identificado.

LAS VENTAS. De acuerdo a los indicadores que maneja Cambadu, el comercio minorista dejó de perder clientes en el tercer trimestre de 2002, precisamente en medio de la crisis financiera, y comenzó a recuperar una pequeña parte del terreno perdido hacia finales del año pasado.

"El año 2002 cerró en rojo, pero el último trimestre marcó un cambio de tendencia que hemos visto afirmarse en lo que va de este año", indica Fernández. Aunque todavía no hay cifras oficiales, la gremial que agrupa al comercio minorista afirma que las almacenes y autoservicios de Montevideo incrementaron entre un 10% y un 15% sus ventas en el último año. Y otro dato no menor es que Cambadu aumentó el último año un 10% su caudal social, algo impensado a finales de los años noventa, cuando el sector parecía condenado al ostracismo.

El vicepresidente de Cambadu cree sin embargo que pese a que la crisis modificó los hábitos de consumo y llevó a los uruguayos a mirar nuevamente hacia el comercio minorista, el resurgimiento del sector no hubiera sido posible de no haberse producido la reconversión que tuvo lugar en el último lustro y que permitió capacitar a dos mil almaceneros en cuatro años a partir de un programa financiado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y especialmente impulsado por su presidente, el uruguayo Enrique Iglesias, un hijo de almaceneros.

"Ese programa nos permitió cambiar el concepto tradicional de almacén y hacerle entender a mucha gente, aunque no a todos, que el mercado había cambiado y que el consumidor requería de otras cosas. Ya no bastaba con poner un pizarrón en la puerta para que la gente entrara al negocio. Había que salir a anunciar las ofertas por el barrio, había que realizar promociones como las que hacen los supermercados, había que admitir el pago con tarjeta de crédito y con cheques, y había que animarse a competir con el servicio de ’delivery’. Y eso se entendió, se hizo y es también una de las claves que le ha permitido al comercio minorista comenzar a recuperar parte del terreno perdido y crecer en ventas", advierte el vicepresidente de Cambadu.

El programa de fortalecimiento que emprende la gremial incluye cursos que van desde nociones de marketing, manipulación de productos alimenticios, relacionamiento con el público, entre una extensa lista de materias propuestas a los comerciantes.

DELIVERY. Fernández considera que el sector se vio "fuertemente beneficiado" por el ingreso al mismo de nuevos operadores que provenían de otros sectores de actividad y a los que la propia crisis empujó a lanzar emprendimientos comerciales minoristas. "Vino gente nueva, con mentalidad nueva y ganas de competir. Y esa gente se dio cuenta de que había que cerrar más tarde, porque el uruguayo llega cada vez más tarde a su casa, y que había que cubrir todos los flancos que los supermercados dejaban libres", agrega el directivo.

Asimismo, la incursión del comercio minorista en la moda del ‘delivery’ ha permitido generar un número importante, aunque todavía no precisado, de nuevos puestos de trabajos para jóvenes dispuestos a subirse a un ciclomotor para llevar los pedidos a domicilio.

"Es sacrificado, pero no me quejo. Gano un sueldo que no da para mucho, pero las propinas tienen lo suyo", dice Christian, uno de los varios dependientes de un autoservicio de Pocitos que atiende los siete días de la semana hasta bien entrada la noche, y recibe pedidos de hasta diez cuadras a la redonda.

La tecnología llega a los almacenes

Cambadu suscribió ayer con el Banco República y Antel dos convenios que apuntan a facilitar la incorporación de cajas registradoras de última tecnología por parte de alrededor de 400 establecimientos que integran la gremial, informó a El País su vicepresidente, Daniel Fernández.

El convenio con el BROU también posibilita la realización de pagos en los comercios con la tarjeta RedBrou. El banco financiará, con créditos blandos a pagar en 48 cuotas que no superarán los U$S 65, la incorporación de máquinas que puedan leer códigos de barra.

Por su parte, Antel firmará con Cambadu un convenio para que 100 socios puedan acceder sin cargo a la tecnología ADSL, necesaria para el funcionamiento de estas cajas y para que los comercios cuenten con enlaces digitales con sus proveedores.

Durante todo el día de ayer en el Parque Recreativo y Social de Cambadu (Luis Alberto de Herrera 4196 entre Nelson y Estomba) se realizará la exhibición de las máquinas y demostraciones prácticas de su funcionamiento. Han sido invitados 400 propietarios de autoservicios.

"Nuestra intención es que estos comercios tengan la misma tecnología que las grandes superficies", dijo el presidente en ejercicio de la gremial de comerciantes.

La venta fraccionada plantea un problema

Aunque la normativa bromatológica lo prohíbe y Cambadu lo desaconseja expresamente, el fraccionamiento de productos como el azúcar, la yerba, la harina, los fideos, el arroz, la yerba y los cigarrillos se ha transformado en moneda corriente en la periferia de Montevideo. Esta modalidad de consumo ha crecido de manera inevitable e incluso es la que permite que algunos negocios ubicados en las zonas más empobrecidas de la ciudad consigan mantenerse a flote.

"La gente no tiene plata para comprar un paquete, y pide un cuarto kilo de esto o doscientos gramos de aquello otro. Y después todos somos un poco cómplices. La gente de Bromatología es cómplice porque sabe lo que pasa, pero no va a esas zonas o hace la vista gorda. Y nosotros porque sabemos que lo mejor es que eso no pase y de hecho le advertimos al comerciante los riesgos de esa conducta, pero no sancionamos porque tampoco podemos ir contra la realidad ni el poder de compra de la gente. Por eso lo que no debe suceder, sucede", dice el vicepresidente de Cambadu, Daniel Fernández, que en su actividad particular es propietario del tradicional Bar Hispano, de San José y Paraguay.

Fernández señala que especialmente en las zonas más carenciadas se observa una marcada tendencia de los minoristas a comprar bolsas de cinco kilogramos de determinados productos, en especial de yerba. "Después el comerciante fracciona y fija su precio", agrega.

Más que el fraccionamiento, a Cambadu le preocupa la competencia desleal del contrabando y, en particular, la de la informalidad. "Es muy difícil competir si el minorista ve que frente a su negocio se instala una feria donde un señor vende mayonesa de contrabando, o productos con fecha adulterada de vencimiento, o refrescos marca ’Pirulo’ que se elaboran con agua del baño, y se venden baratos, y nadie sabe cuáles son sus ingredientes ni dónde se fabrican. Allí sí que las autoridades deberían hacer algo para proteger a los comerciantes y a los consumidores, porque es la salud de la gente la que está en juego, pero por ahora no vemos demasiada acción", añade el vicepresidente de Cambadu.

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